Aprender a desacelerar // Pasado
#10
Excusas.

Cada una de las palabras del otro hombre le sonaban a excusas o, mejor dicho, a explicaciones que no le había pedido, algo que hizo que el médico alzara una ceja, casi irónico, le parecía que el otro pirata se esforzaba demasiado en explicar sus acciones, casi como si estuviera inseguro de sus propias palabras.

El médico, en otro momento, se habría reído, pero ningún sonido diferente a un bufido pudo abandonar su garganta en ese instante, aunque, eso sí, no se molestó en ocultar la sonrisa de medio lado que esbozaba, campante, en su lozano rostro.

—Jmmmm… ¿Y de verdad crees que llegaste al South por un buen sentido de supervivencia o por simple buena suerte? —No es como que quisiera meter el dedo en la llaga, pero al pelirrosa se le hizo inevitable hacer la pregunta, más que nada porque pasó de ser un simple pensamiento a algo expresado en voz alta sin que si quiera se diera cuenta. —¡Espera! ¿No eres del South Blue? ¿De dónde vienes entonces? Parecías bastante cómodo en esos mares, creí que eras nativo de ese lugar, así que como yo…eres un extranjero —. Lo cierto es que, si el pelinegro le había contado o no algo de su pasado, no podía recordarlo, así que la pregunta fue completamente honesta, algo que se notaba, pues el rostro del médico pasó de la burla a la sorpresa en cuanto analizó tanto lo dicho por el pelinegro como lo expresado por él mismo. —¿Y cómo fue que llegaste al South? ¡Ah! No importa, de todos modos, se me va a olvidar —. Tuvo que estirar sus brazos hacia el techo, como si intentara ejercitarse, para así distraerse y no ahondar en una historia que terminaría dentro de los rincones más alejados de su memoria; sin embargo, no podía negar que tenía curiosidad sobre el cocinero, a fin de cuentas, aún no entendía que circunstancias lo llevaron a obsesionarse con un objetivo tan problemático.

—¿Por qué te preocupas si eres o no el más buscado? Pfff…aunque no lo fueras, un rey marino podría devorarte en tu próximo viaje, así viajaras en un crucero con muchos civiles o bien, alguien podría dispararte por accidente o un dinosaurio podría devorarte en esta isla —. El doctor se encogió de hombros, siendo lo más realista posible, pero quitándose de encima el peso que sabía tenían sus palabras, luego, como acto reflejo, volteó a ver al pequeño dinosaurio solo para darse cuenta de que, en medio de todo el diálogo, el animal se había curado por completo y ahora solo dormía como si nada hubiera ocurrido.

—Mira, ya no está herido, la sabia de la planta ha eliminado por completo su quemadura —. Señaló al interior de la jaula, claro, sin atreverse a meter la mano, pues sabía que en pocos minutos más la anestesia dejaría de hacer efecto. —¿Quieres acercarte para verlo mejor? Parece que nunca lo cortamos ni lo quemamos, su piel está intacta ¿No te parece maravilloso? —Desvió el tema al animal, más que nada porque en verdad no tenía idea de como responderle a alguien que decía haber perdido a toda su tripulación… ¿Esperaba un consuelo? Él no era el mejor para esas cosas, aunque pudiera fingir muy bien palabras bonitas…Sí, tal vez podría intentarlo.

Desvió su mirada del dinosaurio bebé hacia el cocinero, mientras que sus ojos dorados y su expresión facial, en general, tomaba un tinte más serio, incluso preocupado, aunque no fuera más que una buena actuación, una excelente actuación de hecho. —Y si no puedes zarpar ahora, puedes pasar tu tiempo en este barco, ya veremos que hacer en los días en los que permanezcas en la isla, además, siempre puedes ayudarme a investigar más sobre estas plantas y… ¡Ah, claro! La ubicación de la planta…Eso es…Jmmm…bueno…Había árboles y flores ¿Sabes? —Ladeó su cabeza con un tinte de inocencia y torpeza, porque sí, él mismo sabía que acababa de decir una tremenda estupidez.

—La verdad es que no puedo recordarlo con exactitud, pero…no estaba tan lejos de la playa, quizá es hacia…eh…—Se levantó de su asiento para luego acercarse a una de las escotillas de la habitación y su vista se clavó en el exterior. No…no era un buen punto de referencia, a fin de cuentas, desde ahí solo podía ver el océano y bien, podía no saber como ubicarse, pero tampoco era tan estúpido como para no entender que estaba viendo en dirección contraria.

Antes de seguir hablando, el médico se movió hacia la otra escotilla, una desde donde se podía ver la arena de la playa y el sitio exacto en donde la arena se empezaba a confundir con el bosque; sin embargo, desde su lugar era imposible decir en cuál de todas las direcciones podía encontrar la planta. Suspiró con cansancio y se alejó del pequeño ventanal para dirigirse hacia un mueble en cuya superficie reposaba un cuaderno negro que parecía bastante gastado.

—Toma —. Le lanzó el cuaderno al cocinero, solo esperaba que de verdad lo atrapara. —Y subamos a la cubierta…En el cuaderno anoto direcciones, puntos de referencia e incluso apariencias, puedes mirar todo lo que quieras, pero te puedo asegurar que el sitio en donde encontré las plantas debe estar referenciado en las últimas páginas, después de todo no es un descubrimiento que lleve mucho —. Al terminar de hablar, el pirata dio un último vistazo al dinosaurio que seguía tan dormido como al inicio, por lo que aprovechó de acercarle un cuenco con agua ¿Por lástima? No. Lo hizo porque sabía que debía mantener a su sujeto de experimentos vivo.

—¡Vamos, vamos! Intentaré mostrarte algún sitio cercano de acuerdo con lo que diga el cuaderno, pues lo que si recuerdo es que, aunque me adentré en el bosque, nunca me alejé demasiado como para que la arena pasara a ser del todo tierra ¿Me entiendes? —Se acercó a la salida y abrió la puerta, invitando, con sus acciones, a que el cocinero también lo siguiera. —De todos modos, es tarde, no creo que sea adecuado adentrarse a la selva a estas horas, pero…tsk… ¿Qué más da? No nos pasará nada por observar el borde de la vegetación y… ¡Oh, olvidaba algo! —¿Cuándo no?

Soltó la puerta y se encaminó hacia un mueble, abrió una de las gavetas y del interior sacó un rollo de cinta roja y un par de tijeras. —Esto…es lo que uso para no perderme en la selva y para guiarme de regreso…No suelo dejarlas en el camino una vez las uso porque alguien podría seguirme de regreso al barco, pero te daré una muestra de la tela, porque si alguna se me quedó en el camino, al menos sabrás que estuve ahí y que quizá estés cerca de alguna de estas plantas —. Cortó la cinta, un trozo del tamaño de su antebrazo y también se la entregó al cocinero que en algún momento viajó con él.

—Ahora sí, vamos a cubierta y aprovechemos las últimas luces del día —. Esperó que el otro hombre lo siguiera para poder cerrar la puerta de su “laboratorio” y luego emprendió su caminata hasta el exterior del barco, claro…siguiendo las flechas que le servían de guía para no perderse en su propio “hogar”.
[Imagen: hyakocheja.png]
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Mensajes en este tema
Aprender a desacelerar // Pasado - por Rackham Uker - 30-04-2026, 01:46 AM
RE: Aprender a desacelerar // Pasado - por Hyákinthos - 20-08-2026, 06:47 AM

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