12-12-2023, 01:40 AM
(Última modificación: 12-12-2023, 01:40 AM por Max D. Bambú.)
Cuando Don Bambú inició la marcha hacia los grandes cráneos de aquella maldita isla, no se esperaba que su estancia allí se fuera a prolongar más de un par de días. No sabía entonces cuánto iba a tardar el log pose en recargarse para poder marcharse de aquí, pero el cacharro parecía tener dificultades severas para adaptarse al magnetismo de la isla, como si algo estuviera interfiriendo o como si sencillamente estuviese roto. Los días se convirtieron en semanas y las semanas en un mes entero. La habilidad del panda para crear túneles y guaridas en el subsuelo resultó muy útil para esconderse y desplazarse sin ser vistos. Esto fue muy necesario, porque a los pocos días de refugiarse en los cráneos el grupo descubrió la presencia de gigantes. ¡Gigantes como en las leyendas! Al principio Don Bambú se emocionó. Había leído muchas veces sobre aquellos seres mitológicos, pero jamás se habría imaginado poder encontrarse cara a cara con ninguno. Tuvo suerte de que Kovashi le detuvo y le devolvió a la realidad al momento. Si Don Bambú se acercaba a uno de esos bichos terminaría siendo aplastado, o algo mucho peor. Al principio no se lo tomó en serio. Imaginó que los gigantes sabrían hablar y que podían entablar amistad si eran lo suficientemente cautelosos, pero esta expectativa no fue longeva. Los gigantes eran criaturas brutales y muy beligerantes. Se peleaban entre sí constantemente, y cuando no lo hacían se emborrachaban con el zumo de alguna especie de bayas de la isla y cantaban canciones sobre la guerra, la comida y la bebida. Al poco tiempo Don Bambú interiorizó que no podría interactuar con ninguno de ellos normalmente y se conformó con el privilegio de haber visto gigantes desde una distancia segura.
Como decía, pasó un mes entero en aquella isla. Un mes en el que el grupo dependía mucho del panda para sobrevivir, porque aunque Kovashi y Nadja ayudaban en lo que podían, sin la habilidad del panda era casi imposible hacer túneles de manera consistente. Desde la mañana hasta la noche el panda empleaba todas sus fuerzas en llevar al grupo al siguiente punto. Enma requería de atenciones también. Desde que llegaron a la isla estaba siendo completamente incapaz de controlar sus poderes y se desvanecía en ceniza tan pronto entraba en contacto directo con alguna persona. Khruner seguía durmiendo, pero como no podían llevárselo a todas partes, lo habían dejado en el barco y habían escondido el barco en una oscura cueva prácticamente oculta por la enorme densidad vegetal de la isla. El barco estaría a salvo allí, o eso pensaban, y Khruner con él. De vez en cuando el panda iba a revisar que todo seguía en orden y que el barco no había sufrido ningún daño, porque con se fue hundiese sin estar ellos atentos, el oso se ahogaría irremediablemente. Sin embargo, era mejor que cargar con una criatura de 3 metros a cuestas allí a donde fueran.
La caza le resultaba más fácil al peliblanco que al oso. No es que Don Bambú no fuera ágil, pero no medía muy bien cuándo era el momento de saltar a por la presa y tras un par de intentos fallidos por su cuenta, había decidido hacer de mula de carga de las presas capturadas por los demás. Cada día, entre excavar, cazar y otras tareas, el panda terminaba completamente exhausto y tenía que dormir nueve horas si quería rendir igual al día siguiente. Sin embargo, en todo este tiempo, ni una palabra de protesta salió de sus labios. La situación era jodida y lo sabía, pero si un día no se levantaba, el grupo sufriría las consecuencias. Así que cada día reunía las fuerzas que había podido recuperar, mantenía los túneles y hacía otros nuevos para el grupo. No eran muy complejos y no duraban para siempre, pero estaba siendo capaz de mantenerlos el tiempo necesario para guarecerse en ellos.
Y esto nos lleva al presente. El grupo se encontraba en un habitáculo bajo tierra. La necesidad de salir a tomar aire fresco se iba consolidando ya que, aunque el panda se aseguraba de hacer agujeros pequeños para que circulase suficiente oxígeno, el cargado aire del subsuelo era veneno para los ánimos de todos. Kovashi fue el que tomó la iniciativa y empezó a excavar con sus manos un túnel hacia el exterior. Un gran temblor les reveló la presencia de un gigante. Nadie se movió, aunque seguramente daba igual que lo hicieran. Los gigantes hacían tanto ruido que era improbable que pudiesen escuchar a cuatro "diminutas" figuras moviéndose a sus pies. Cuando la criatura se alejó lo suficiente, Kovashi dio la señal al grupo para que salieran. Panda salió del túnel con facilidad. Todavía era temprano, el sol acababa de salir hacía poco. Se habían acostumbrado ya a la presencia de avispas de tal modo que el veneno que les inyectaban de vez en cuando con sus picaduras casi se sentía como la normalidad del día a día, solo que con frecuentes dolores de cabeza y algunas somnolencias. Al menos por parte del panda. —Un día más. —Llevaban tanto tiempo allí, que no se le ocurría nada elocuente que decir. El aspecto de Don Bambú daba un poco de pena. Sus playeras vestimentas se habían convertido prácticamente en harapos pegados a su cuerpo por obra y gracia de Dios. El constante trajín de aquella isla selvática le había dejado un aspecto tan salvaje como algunas personas creen que son los mink y cada día se iba pareciendo más y más al aspecto que tenía Khruner habitualmente. Su camisa hawaiana casi no tenía piñas ya. Sus pantalones cortos estaban deshilachados y sus sandalias hace tiempo ya que se habían perdido. Las gafas de sol, como no son nada útiles bajo tierra, permanecían en su bolsa llena de libros. Probablemente rotas debido al peso de los volúmenes que alguna vez había descansado sobre ellas. Le hubiera gustado cambiarse de ropa. Vestirse como lo hacía siempre, pero lo único que conseguiría sería destruir sus únicas ropas buenas en ese momento. Necesitaba conservarlas hasta salir de la isla. Tenía la suerte de que en Little Garden no hacía frío casi nunca, así que el hecho de no tener ropas para protegerse del mismo no era tan importante. Solo un poco descorazonador.
Miró a Kovashi expectante. Se estaban quedando sin agua ya, pero tendrían que cazar pronto. El grupo tenía que mantenerse junto todo el tiempo posible, pero no siempre era viable. En estos casos el peliblanco solía tomar las riendas de la situación y daba instrucciones a los demás. A Don Bambú no le gustaba, pero no era momento de discutirle nada. Además, era el de mayor rango del grupo, así que en honor al Ejército, el panda tenía que hacerle caso.
Como decía, pasó un mes entero en aquella isla. Un mes en el que el grupo dependía mucho del panda para sobrevivir, porque aunque Kovashi y Nadja ayudaban en lo que podían, sin la habilidad del panda era casi imposible hacer túneles de manera consistente. Desde la mañana hasta la noche el panda empleaba todas sus fuerzas en llevar al grupo al siguiente punto. Enma requería de atenciones también. Desde que llegaron a la isla estaba siendo completamente incapaz de controlar sus poderes y se desvanecía en ceniza tan pronto entraba en contacto directo con alguna persona. Khruner seguía durmiendo, pero como no podían llevárselo a todas partes, lo habían dejado en el barco y habían escondido el barco en una oscura cueva prácticamente oculta por la enorme densidad vegetal de la isla. El barco estaría a salvo allí, o eso pensaban, y Khruner con él. De vez en cuando el panda iba a revisar que todo seguía en orden y que el barco no había sufrido ningún daño, porque con se fue hundiese sin estar ellos atentos, el oso se ahogaría irremediablemente. Sin embargo, era mejor que cargar con una criatura de 3 metros a cuestas allí a donde fueran.
La caza le resultaba más fácil al peliblanco que al oso. No es que Don Bambú no fuera ágil, pero no medía muy bien cuándo era el momento de saltar a por la presa y tras un par de intentos fallidos por su cuenta, había decidido hacer de mula de carga de las presas capturadas por los demás. Cada día, entre excavar, cazar y otras tareas, el panda terminaba completamente exhausto y tenía que dormir nueve horas si quería rendir igual al día siguiente. Sin embargo, en todo este tiempo, ni una palabra de protesta salió de sus labios. La situación era jodida y lo sabía, pero si un día no se levantaba, el grupo sufriría las consecuencias. Así que cada día reunía las fuerzas que había podido recuperar, mantenía los túneles y hacía otros nuevos para el grupo. No eran muy complejos y no duraban para siempre, pero estaba siendo capaz de mantenerlos el tiempo necesario para guarecerse en ellos.
Y esto nos lleva al presente. El grupo se encontraba en un habitáculo bajo tierra. La necesidad de salir a tomar aire fresco se iba consolidando ya que, aunque el panda se aseguraba de hacer agujeros pequeños para que circulase suficiente oxígeno, el cargado aire del subsuelo era veneno para los ánimos de todos. Kovashi fue el que tomó la iniciativa y empezó a excavar con sus manos un túnel hacia el exterior. Un gran temblor les reveló la presencia de un gigante. Nadie se movió, aunque seguramente daba igual que lo hicieran. Los gigantes hacían tanto ruido que era improbable que pudiesen escuchar a cuatro "diminutas" figuras moviéndose a sus pies. Cuando la criatura se alejó lo suficiente, Kovashi dio la señal al grupo para que salieran. Panda salió del túnel con facilidad. Todavía era temprano, el sol acababa de salir hacía poco. Se habían acostumbrado ya a la presencia de avispas de tal modo que el veneno que les inyectaban de vez en cuando con sus picaduras casi se sentía como la normalidad del día a día, solo que con frecuentes dolores de cabeza y algunas somnolencias. Al menos por parte del panda. —Un día más. —Llevaban tanto tiempo allí, que no se le ocurría nada elocuente que decir. El aspecto de Don Bambú daba un poco de pena. Sus playeras vestimentas se habían convertido prácticamente en harapos pegados a su cuerpo por obra y gracia de Dios. El constante trajín de aquella isla selvática le había dejado un aspecto tan salvaje como algunas personas creen que son los mink y cada día se iba pareciendo más y más al aspecto que tenía Khruner habitualmente. Su camisa hawaiana casi no tenía piñas ya. Sus pantalones cortos estaban deshilachados y sus sandalias hace tiempo ya que se habían perdido. Las gafas de sol, como no son nada útiles bajo tierra, permanecían en su bolsa llena de libros. Probablemente rotas debido al peso de los volúmenes que alguna vez había descansado sobre ellas. Le hubiera gustado cambiarse de ropa. Vestirse como lo hacía siempre, pero lo único que conseguiría sería destruir sus únicas ropas buenas en ese momento. Necesitaba conservarlas hasta salir de la isla. Tenía la suerte de que en Little Garden no hacía frío casi nunca, así que el hecho de no tener ropas para protegerse del mismo no era tan importante. Solo un poco descorazonador.
Miró a Kovashi expectante. Se estaban quedando sin agua ya, pero tendrían que cazar pronto. El grupo tenía que mantenerse junto todo el tiempo posible, pero no siempre era viable. En estos casos el peliblanco solía tomar las riendas de la situación y daba instrucciones a los demás. A Don Bambú no le gustaba, pero no era momento de discutirle nada. Además, era el de mayor rango del grupo, así que en honor al Ejército, el panda tenía que hacerle caso.
Resumen
