12-12-2023, 03:57 PM
Pues pensando que esto iba a ser una operación de infiltración, al final ha sido una operación de atracción, tengo que decir que pasar desapercibido y callado en ciertas circunstancias es la mejor opción, ahora bien me sorprendió que Erika no pegara ni un grito ni un escupitajo ni nada por el estilo simplemente jugando con las hormonas del adolescente. Le contó una burda y básica mentira y se lo creyó. De todos modos tendré que seguir la historia del hermanito y nuestra familia en Toroa para moverme libremente por el barco. Al subir abordo noté a Erika algo distanciada y con cierto hermetismo. - En un rato nos vemos, no te escondas mucho... - La dije mientras iba dirección a la popa del barco con unos andares tranquilos, no sabría distinguir si estaba feliz o con cierta morriña por dejar la isla.
Por mi parte y mi necesidad de descubrir cosas, necesitaba saber donde se ubicaba la cafetería en este barco de tamaño mediano, no debería ser una tarea muy complicada. Mientras iba buscando a lo largo de los pasillos, iba reflexionando sobre que íbamos a hacer en un futuro próximo, no podemos estar toda la vida siendo polizones, que no sería nada raro, ya que la compañía que maneja las rutas comerciales en el West Blue está acostumbrada a estas situaciones. De hecho, a día de hoy es muy complicado moverse libremente por el West Blue, ya que a no ser tengas un buen navegante y algún tipo de barco que tenga flotabilidad es casi imposible si no es mediante lo que estamos haciendo nosotros.
Una vez llegue a la cafetería vi el panorama, la verdad que allí había gente de todo tipo, marinos, otras razas que parecían de islas más allá de este mar e incluso podía percibir gente como nosotros. Me acerqué tranquilamente a la barra para pedir dos cafés solos, ya que bueno, en cierta manera quería hablar con Erika. ¡Buenas! ¿Qué tal? ¿Me podría poner un par de cafés para llevar, luego le acerco las tazas, no se preocupe? - Si hombre como no, ¿Qué hace un tipo tan raro como tú en un barco de este tipo? Es la primera vez que ve a alguien con unas alas tan pequeñas. - Me dijo mientras preparaba los cafés de una forma rudimentaria. - Pues mi hermana y yo vamos a Toroa, nunca hemos ido y no sabemos que nos podremos encontrar allí... - JAJAJA, Toroa esa isla te va a robar literalmente las ganas de vivir, está lloviendo todo el puto día, te vas as poner de barro hasta arriba. - Mierda, no he traído paraguas, bueno es igual, me despeinaré un poco - Le dije en una actitud jocosa. - JAJA, también tiene una ciudad y una especie de museo en la ciudad, la mayor parte de cosas que traemos desde allí es obras de arte, desde cuadros hasta esculturas hechas a mano por los artesanos locales. También tienen muy buen vino. - No se preocupe la verdad que el vino no me gusta mucho. - Bueno chaval, me has caído bien, aquí tienes los cafés, serían 10 Berries 5 por cada uno. - Tome y muchas gracias por la información.
Tras coger las tazas salí de la cafetería y me fui dirección a la parte de atrás del barco, esta vez fui pegado a la zona más externa del por los pasajes que daban al mar y efectivamente tras un rato caminando mientras esquivaba al resto de tripulantes y con mis manos llenas de café por el bamboleo del barco contra las olas allí la encontré. Apoyada con sus dos brazos en la barandilla, mirando a la nada, pensativa, esta vez no la iba a dar un susto que no quiero que el café acabe en el suelo o en el mar o me intente volar la cabeza como antes. Al llegar la saludé, la acerqué la taza y simplemente la dije - Toma, no digas nada y disfruta de este ratito de felicidad antes de que lleguemos al puerto de Toroa. -Mientras tomábamos el café, opte por copiarla la postura, ya que parecía cómoda y me quede mirando al horizonte mientras pensaba que íbamos a hacer allí.
Por mi parte y mi necesidad de descubrir cosas, necesitaba saber donde se ubicaba la cafetería en este barco de tamaño mediano, no debería ser una tarea muy complicada. Mientras iba buscando a lo largo de los pasillos, iba reflexionando sobre que íbamos a hacer en un futuro próximo, no podemos estar toda la vida siendo polizones, que no sería nada raro, ya que la compañía que maneja las rutas comerciales en el West Blue está acostumbrada a estas situaciones. De hecho, a día de hoy es muy complicado moverse libremente por el West Blue, ya que a no ser tengas un buen navegante y algún tipo de barco que tenga flotabilidad es casi imposible si no es mediante lo que estamos haciendo nosotros.
Una vez llegue a la cafetería vi el panorama, la verdad que allí había gente de todo tipo, marinos, otras razas que parecían de islas más allá de este mar e incluso podía percibir gente como nosotros. Me acerqué tranquilamente a la barra para pedir dos cafés solos, ya que bueno, en cierta manera quería hablar con Erika. ¡Buenas! ¿Qué tal? ¿Me podría poner un par de cafés para llevar, luego le acerco las tazas, no se preocupe? - Si hombre como no, ¿Qué hace un tipo tan raro como tú en un barco de este tipo? Es la primera vez que ve a alguien con unas alas tan pequeñas. - Me dijo mientras preparaba los cafés de una forma rudimentaria. - Pues mi hermana y yo vamos a Toroa, nunca hemos ido y no sabemos que nos podremos encontrar allí... - JAJAJA, Toroa esa isla te va a robar literalmente las ganas de vivir, está lloviendo todo el puto día, te vas as poner de barro hasta arriba. - Mierda, no he traído paraguas, bueno es igual, me despeinaré un poco - Le dije en una actitud jocosa. - JAJA, también tiene una ciudad y una especie de museo en la ciudad, la mayor parte de cosas que traemos desde allí es obras de arte, desde cuadros hasta esculturas hechas a mano por los artesanos locales. También tienen muy buen vino. - No se preocupe la verdad que el vino no me gusta mucho. - Bueno chaval, me has caído bien, aquí tienes los cafés, serían 10 Berries 5 por cada uno. - Tome y muchas gracias por la información.
Tras coger las tazas salí de la cafetería y me fui dirección a la parte de atrás del barco, esta vez fui pegado a la zona más externa del por los pasajes que daban al mar y efectivamente tras un rato caminando mientras esquivaba al resto de tripulantes y con mis manos llenas de café por el bamboleo del barco contra las olas allí la encontré. Apoyada con sus dos brazos en la barandilla, mirando a la nada, pensativa, esta vez no la iba a dar un susto que no quiero que el café acabe en el suelo o en el mar o me intente volar la cabeza como antes. Al llegar la saludé, la acerqué la taza y simplemente la dije - Toma, no digas nada y disfruta de este ratito de felicidad antes de que lleguemos al puerto de Toroa. -Mientras tomábamos el café, opte por copiarla la postura, ya que parecía cómoda y me quede mirando al horizonte mientras pensaba que íbamos a hacer allí.
