22-08-2026, 11:54 PM
Se dice que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana… Enji saltó por la ventana, acción que observé ciertamente perplejo. Esperaba bajar al piso de abajo, tomar el desayuno, imaginar que leía el periódico porque no tenía ni idea de cómo funcionaba la imprenta local… Cosas tranquilas para hacer durante la mañana… Pero Enji era como era, si tuviera que describirlo de alguna manera, sería como… —¡Dinamita con ron! —dije en la soledad de mi habitación.
Como estaba recién despierto, no tenía el ímpetu ni la energía para hacer espectáculos circenses y acrobacias, por lo que tomé la segunda opción, elegí lo que nadie había pensado antes, el camino oculto, la alternativa inesperada… ¡ELEGÍ LO IMPOSIBLE! Bajar por las escaleras… Con paso lento, calmado más bien, dándole vueltas en la cabeza a lo que me había dicho Enji previamente. —¿Ver sin ver? Será algo parecido a lo del kárate, golpear el aire… O algo así era. —Era evidente que aún me pesaban las sábanas un poco.
Cuando por fin salí del hogar, me encontré a Kibai, que por algún motivo no llevaba camiseta, acompañado de Enji, el salta-ventanas, quien se encontraba degustando unas apetecibles uvas. —No he desayunado… —Pensé mientras veía cómo degustaba ese suculento manjar. —¡Ya voy, ya voy! —dije algo estresado ante el apremio de mi capitán, reparando posteriormente en la presencia del marine felino. —¡Ah, buenos días, Kibai, amigo! ¿Qué tal te va por el cielo?
Enji volvió a sacar el tema ese de “ver sin ver” y ahora, estando más despierto que cuando me asaltó de primeras, podía intentar tratar de entender a lo que se refería. —Ver sin ver parece algo útil… ¿Si te pego un puñetazo y tienes los ojos cerrados puedes esquivarlo? —le pregunté mientras giraba con energía mi brazo izquierdo a modo de broma. Una de las cosas que más me gustaban de tener a Enji como capitán era que no me solía poner pegas a la hora de hacer un poco el tonto.
Cuando dejé de hacer un poco el tonto, miré a Kibai, él era un hombre felino y, por lo poco que pude ver de él durante aquel festival de Skypiea, tenía las habilidades propias de un gato, como en aquel espectacular salto que realizó para cruzar el río. Teniendo sus habilidades en cuenta, me dirigí hacia él y, empleando toda la velocidad que mi pesado cuerpo me permitía, comencé a girar mi brazo una vez más. —¡Seguro que tu también puedes hacer eso, prueba a cerrar los ojos! —Cuando, una vez más, dejé las tonterías, me volví a dirigir a Enji, para tratar un asunto de mucha más importancia. —¿Me dejas un cigarro? —le pregunté con un rostro de seriedad extrema.
Como estaba recién despierto, no tenía el ímpetu ni la energía para hacer espectáculos circenses y acrobacias, por lo que tomé la segunda opción, elegí lo que nadie había pensado antes, el camino oculto, la alternativa inesperada… ¡ELEGÍ LO IMPOSIBLE! Bajar por las escaleras… Con paso lento, calmado más bien, dándole vueltas en la cabeza a lo que me había dicho Enji previamente. —¿Ver sin ver? Será algo parecido a lo del kárate, golpear el aire… O algo así era. —Era evidente que aún me pesaban las sábanas un poco.
Cuando por fin salí del hogar, me encontré a Kibai, que por algún motivo no llevaba camiseta, acompañado de Enji, el salta-ventanas, quien se encontraba degustando unas apetecibles uvas. —No he desayunado… —Pensé mientras veía cómo degustaba ese suculento manjar. —¡Ya voy, ya voy! —dije algo estresado ante el apremio de mi capitán, reparando posteriormente en la presencia del marine felino. —¡Ah, buenos días, Kibai, amigo! ¿Qué tal te va por el cielo?
Enji volvió a sacar el tema ese de “ver sin ver” y ahora, estando más despierto que cuando me asaltó de primeras, podía intentar tratar de entender a lo que se refería. —Ver sin ver parece algo útil… ¿Si te pego un puñetazo y tienes los ojos cerrados puedes esquivarlo? —le pregunté mientras giraba con energía mi brazo izquierdo a modo de broma. Una de las cosas que más me gustaban de tener a Enji como capitán era que no me solía poner pegas a la hora de hacer un poco el tonto.
Cuando dejé de hacer un poco el tonto, miré a Kibai, él era un hombre felino y, por lo poco que pude ver de él durante aquel festival de Skypiea, tenía las habilidades propias de un gato, como en aquel espectacular salto que realizó para cruzar el río. Teniendo sus habilidades en cuenta, me dirigí hacia él y, empleando toda la velocidad que mi pesado cuerpo me permitía, comencé a girar mi brazo una vez más. —¡Seguro que tu también puedes hacer eso, prueba a cerrar los ojos! —Cuando, una vez más, dejé las tonterías, me volví a dirigir a Enji, para tratar un asunto de mucha más importancia. —¿Me dejas un cigarro? —le pregunté con un rostro de seriedad extrema.
Cajita de tortuga

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