[PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras
#5
El sol castigaba con fuerza, brillante en un cielo azul completamente despejado. Los pájaros trinaban, el suave vaivén de las olas nos mecía suavemente, y los piratas… bueno, los piratas hacían lo que mejor se les da: sembrar el caos.

Una daga surcó el aire a milímetros de mi oreja izquierda, clavándose con un chasquido sordo en una pared de madera a mi espalda. Sin inmutarme, bajé lentamente el panel reflectante que sujetaba con sendas manos para descubrir mi bronceado rostro. Me encontraba tirado encima de una mullida tumbona en plena cubierta; los pésimos modales de la chusma no iban a impedir que mantuviese mi atractivo bronceado. Con ademán perezoso, deslicé la mirada por encima de mis enormes gafas de sol rojas con montura de ojo de gato hacia el grupo del que había salido el cuchillo, mostrando un absoluto desinterés por el alboroto de los prisioneros liberados y sus absurdas trifulcas.

El asalto a Impel Dawn había sido todo un éxito. No solo habíamos liberado a Yojimbo de su cruento destino en el infierno submarino junto a decenas de prisioneros, sino que habíamos sacudido la prisión hasta sus cimientos y dejado en ridículo tanto a la Marina como al Gobierno Mundial, al haber impedido sus intentos de asfixiar la insurrección. Aquella hazaña no tardaría en resonar como un trueno en cada rincón de este vasto océano. ¿Que qué nos deparaba el futuro? Regresaríamos con los Alas Negras para reunir a la banda y volver a surcar los mares en busca de nuestros sueños de libertad.

— ¡Salud! —eché mano a una copa de cristal apoyada en el suelo, cerca de la tumbona, y la alcé hacia Yojimbo para brindar.

Odiaba el alcohol, pero nos encontrábamos en una situación demasiado especial como para hacer remilgos con la bebida. Por eso, Yojimbo se había tomado la molestia de rescatar un par de hojas de hierbabuena —de aspecto y frescura bastante dudosas— para prepararme un refrescante mojito cargado con ron de bodega y todo el azúcar que quedaba en las reservas.

— ¡Por el capitán más atractivo de todos los mares! Tal vez haya bajado al mismísimo infierno para salvarte, pero que no se te suba a la cabeza.

Me incorporé con elegancia en la tumbona y deslicé las gafas hasta la punta de la nariz para mirarlo fijamente. Con una sonrisa burlona, contemplé al capitán, notablemente alcoholizado y sentimental. Aquella estruendosa normalidad, impregnada de barbarie, sudor y suciedad por doquier, no tenía nada que ver con los años que había pasado entre algodones, sedas y perfumes en el reino de las okamas. Y sin embargo, me sentía más en casa que nunca.

—Ay, mi querido marichocho, si yo te contase…

…

Tras varios días en los que había aborrecido por completo los mojitos y la compañía masculina, avistamos por fin la exuberante y misteriosa silueta de Punk Hazard. Durante los días de viaje, Yojimbo y yo nos habíamos puesto al día en las andanzas de los Alas Negras, que no habían perdido el tiempo en nuestra ausencia. Sentía que ahora la banda poseía un gran nombre y que yo, la persona más atractiva de la tripulación, debía estar a la altura.

—Siento que ha pasado toda una vida… y a la vez, que fue ayer mismo cuando estábamos todos juntos —dije con la mirada perdida en la línea del horizonte, mientras Yojimbo posaba su enorme y pesada mano sobre mi hombro.

Eché mano al bolsillo de mi chaqueta para extraer un diminuto Den Den Mushi altavoz, cuya concha resplandecía bajo el sol cubierta de purpurina rosa. Lo acerqué a mis labios, tomé aire y…

¡¡HEMOS VUELTO, ZORRAS!!

Mi voz, amplificada por el caracol, resonó con fuerza por encima del estruendo de las olas y el griterío de la costa, haciendo que bandadas enteras de pájaros salieran despavoridas de la copa de los árboles.

Y allí estaban. Al principio pareció un espejismo, una de tantas visiones que me asaltaban entre sábanas de seda en el Reino Kamabakka. Triana lucía tan imponente como siempre, intentando mantener una compostura militar que se le desmoronaba por momentos (y definitivamente, sus músculos no eran lo único que había crecido en este tiempo). Garnet seguía tan alocado, salvaje y despeinado como recordaba. Solía quejarme a diario de su falta de modales y de su vocabulario grotesco, pero en el fondo tenía que admitir que eché de menos a ese idiota. Y luego estaba ese tipo enorme, hipermusculado y con peinado de pincho… él…

Pestañeé dos veces, bajándome las gafas de sol hasta la barbilla.

—Espera un segundo… ¿Y este quién demonios es?
[Imagen: rvCfBMF.png]

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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RE: [PASADO] Un viaje de ida y vuelta - La gran reunión de los Alas Negras - por Aspros - 23-08-2026, 09:00 PM

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