27-08-2026, 05:35 PM
La oscuridad arropaba el entorno de forma aterradora, podría tener frente a mí el abismo y no me daría cuenta. ¿El propósito? Poder ver a Enji, pero sin llegar a verlo, un concepto extraño cuanto menos. Mi capitán, en un intento de guiarme, me dijo que iba de contramano, término que no entendía en absoluto. —¡¿Cómo voy a ir de contramano si solo tengo una?! —le respondí en uno de mis arrebatos de intelecto. Con las manos bien extendidas hacia delante para evitar un accidente, continué mi marcha. No estaba seguro de si me estaba acercando a Enji y a Kibai o si, por el contrario, estaba cada vez más lejos de mi sensei y mi compañero. —Creo que le estoy cogiendo el tranquillo a esto. —pensé mientras iba en dirección completamente opuesta.
Mi recorrido fue detenido por el grito de Enji. Eso era lo que parecía, pero más que el grito en sí mismo, lo que me detuvo fue una enorme presión que venía desde mi espalda. No sabía lo que era, no sabía como lo hacía, pero lo recordaba perfectamente, era lo mismo que pasó cuando estuvimos peleando contra aquellos criminales en Kyodaina. —¡¿C-Cómo que no voy en dirección correcta?! —pregunté sobresaltado y algo sorprendido por aquella presión. —Yo estaba seguro de que… —susurré justo después. Yo pensaba que esa habilidad de la que hablaba mi capitán estaba relacionada con la intuición, pero por lo visto no parecía tener nada que ver.
—¡Voy para allá! —grité girando mi cuerpo hacia el lugar de donde emanaba aquella presencia. Esta vez, confiado al estar bastante seguro de la posición en la que estaban mis dos camaradas, me dirigí hacia ellos corriendo. No era el corredor más elegante, esto estaba claro, tampoco estaba logrando comprender a qué se refería Enji con lo de “ver sin ver”, pero si había algo que me sobraba, era confianza en mí mismo y una voluntad de acero.
A medida que sus voces se hacían más y más claras para mí, acabé escuchando a Enji decir, ”Busquen otra cosa”. Desde su posición era fácil decirlo, ¿qué se supone que iba a buscar, almejas? Ignorando esas órdenes abstractas, continué mi carrera hasta que, de repente, choqué contra quienes parecían ser Kibai y Enji, provocando la caída conjunta de los tres marines. No fue una deducción aleatoria, al caer al suelo junto a ellos pude sentir el suave pelo del mink felino. Que la otra persona con la que había impactado era Enji ya era simple deducción. —Auch… —dije mientras me incorporaba para sentarme. —Tenéis que intentar tener cuidado para no chocarnos chicos… —les dije a ambos mientras me rascaba la cabeza con mi mano izquierda. —¿Tú cómo lo llevas Kibai? Yo no veo un centollo… —Mientras hablaba, pensaba que estaba mirando directo a mi compañero de clases, pero la realidad era que estaba mirando al punto completamente opuesto.
Mi recorrido fue detenido por el grito de Enji. Eso era lo que parecía, pero más que el grito en sí mismo, lo que me detuvo fue una enorme presión que venía desde mi espalda. No sabía lo que era, no sabía como lo hacía, pero lo recordaba perfectamente, era lo mismo que pasó cuando estuvimos peleando contra aquellos criminales en Kyodaina. —¡¿C-Cómo que no voy en dirección correcta?! —pregunté sobresaltado y algo sorprendido por aquella presión. —Yo estaba seguro de que… —susurré justo después. Yo pensaba que esa habilidad de la que hablaba mi capitán estaba relacionada con la intuición, pero por lo visto no parecía tener nada que ver.
—¡Voy para allá! —grité girando mi cuerpo hacia el lugar de donde emanaba aquella presencia. Esta vez, confiado al estar bastante seguro de la posición en la que estaban mis dos camaradas, me dirigí hacia ellos corriendo. No era el corredor más elegante, esto estaba claro, tampoco estaba logrando comprender a qué se refería Enji con lo de “ver sin ver”, pero si había algo que me sobraba, era confianza en mí mismo y una voluntad de acero.
A medida que sus voces se hacían más y más claras para mí, acabé escuchando a Enji decir, ”Busquen otra cosa”. Desde su posición era fácil decirlo, ¿qué se supone que iba a buscar, almejas? Ignorando esas órdenes abstractas, continué mi carrera hasta que, de repente, choqué contra quienes parecían ser Kibai y Enji, provocando la caída conjunta de los tres marines. No fue una deducción aleatoria, al caer al suelo junto a ellos pude sentir el suave pelo del mink felino. Que la otra persona con la que había impactado era Enji ya era simple deducción. —Auch… —dije mientras me incorporaba para sentarme. —Tenéis que intentar tener cuidado para no chocarnos chicos… —les dije a ambos mientras me rascaba la cabeza con mi mano izquierda. —¿Tú cómo lo llevas Kibai? Yo no veo un centollo… —Mientras hablaba, pensaba que estaba mirando directo a mi compañero de clases, pero la realidad era que estaba mirando al punto completamente opuesto.
Cajita de tortuga

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