14-12-2023, 09:00 PM
Exhalé un suspiro melancólico mientras me dejaba caer sin entusiasmo sobre la cubierta del barco, mis ojos se perdían en las nubes que avanzaban con total indiferencia sobre el inmaculado manto azul del cielo. Habíamos pasado por unos momentos muy complicados y en muy poco tiempo había visto como muchos se habían ido.
-La vida pirata, supongo… -murmuré con desánimo.
Extendí mis brazos por detrás de la cabeza y recogí mi pierna izquierda, apoyando la planta del pie con suavidad sobre la pulida madera del Tango de la Sultana. Mi gran cuerpo de dimensiones colosales junto con mis alas cubría prácticamente toda la cubierta, que desde una vista cenital daba la sensación de estar envuelta por un majestuoso manto negro.
El Incidente de los Cabos Gemelos había sido demasiado y aún me reconcomía la conciencia. Si tan solo hubiera poseído la misma firmeza que Taka, le habría salvado no solo a él, sino también habría impedido que se llevaran a Peixe. Cerré los ojos con frustración, una mezcla amarga de autocrítica y enojo frunciendo mi ceño sutilmente. Me incorporé, sentándome con las piernas cruzadas mientras observaba el horizonte. Pese a hacer mucho calor, la brisa marina, como un jarro de agua helada, acudía en mi ayuda.
El viento jugueteaba con los mechones de mi cabello blanco y mecía con gracia la llama que brotaba de mi nuca. Miré mi brazo izquierdo y toqué la gran cicatriz rosada que se extendía por mi antebrazo, larga y errática como un rayo. Triana me lo curó como pudo y me recomendó no hacer ningún esfuerzo, pero eso no me impidió seguir entrenando y claro, al no reposar ni dejar curarlo como debía estaba con un aspecto terrible. No parecía estar muy bien cosido y daba la sensación de que aún estaba sin curar del todo, aunque ya no me dolía, pero desde luego no tenía buen aspecto. Miré hacia mi torso, desnudo en aquel instante, y estaba repleto de quemaduras por nuestro enfrentamiento con el enmascarado. Que poder más arrollador y letal, si volvíamos a vernos… no quería ni pensarlo. Volví a suspirar con melancolía y algo apenado, no me veía capaz en ese momento de sentir rabia, estaba realmente cansado y necesitaba algo de tiempo para reordenar mis pensamientos. A fin de cuentas, los piratas nos exponemos a esto, yo lo sabía, Peixe también y aún así decidimos ir adelante con esto. Con mi sueño…
Me puse en pie, vi de reojo a Aspros manejando el barco y entonces escuché la voz de Triana. Me giré, agaché la cabeza y ahí estaba ella, haciéndome una pregunta de lo más extraña.
-Pues tuya… -contesté confundido. -Si siempre vas vestida así, no sé a qué viene la pregunta.
Entonces apareció la que faltaba, Jolyne, vestida con un gusto exquisito y glamuroso, como si fuera una reina el día de su coronación. Eso si me sorprendió, quizá Triana me estaba allanando terreno con su pregunta para que le diga algo a la tiradora comepatatas. La pelirrosa se fijó en un detalle que yo había pasado por alto, en la cara de Triana ponía: “Importante, no olvidar”.
-Siempre ha tenido eso escrito, estoy casi al cien por cierto seguro. -dije con total seguridad. -Por cierto, Jolyne no quiero molestarte con mis comentarios, pero estás francamente hermosa hoy. -contesté con absoluta sinceridad. -Estoy sorprendido… -finalicé, quedando embelesado y con la boca ligeramente abierta del asombro que me provocó ver a Jolyne.
-La vida pirata, supongo… -murmuré con desánimo.
Extendí mis brazos por detrás de la cabeza y recogí mi pierna izquierda, apoyando la planta del pie con suavidad sobre la pulida madera del Tango de la Sultana. Mi gran cuerpo de dimensiones colosales junto con mis alas cubría prácticamente toda la cubierta, que desde una vista cenital daba la sensación de estar envuelta por un majestuoso manto negro.
El Incidente de los Cabos Gemelos había sido demasiado y aún me reconcomía la conciencia. Si tan solo hubiera poseído la misma firmeza que Taka, le habría salvado no solo a él, sino también habría impedido que se llevaran a Peixe. Cerré los ojos con frustración, una mezcla amarga de autocrítica y enojo frunciendo mi ceño sutilmente. Me incorporé, sentándome con las piernas cruzadas mientras observaba el horizonte. Pese a hacer mucho calor, la brisa marina, como un jarro de agua helada, acudía en mi ayuda.
El viento jugueteaba con los mechones de mi cabello blanco y mecía con gracia la llama que brotaba de mi nuca. Miré mi brazo izquierdo y toqué la gran cicatriz rosada que se extendía por mi antebrazo, larga y errática como un rayo. Triana me lo curó como pudo y me recomendó no hacer ningún esfuerzo, pero eso no me impidió seguir entrenando y claro, al no reposar ni dejar curarlo como debía estaba con un aspecto terrible. No parecía estar muy bien cosido y daba la sensación de que aún estaba sin curar del todo, aunque ya no me dolía, pero desde luego no tenía buen aspecto. Miré hacia mi torso, desnudo en aquel instante, y estaba repleto de quemaduras por nuestro enfrentamiento con el enmascarado. Que poder más arrollador y letal, si volvíamos a vernos… no quería ni pensarlo. Volví a suspirar con melancolía y algo apenado, no me veía capaz en ese momento de sentir rabia, estaba realmente cansado y necesitaba algo de tiempo para reordenar mis pensamientos. A fin de cuentas, los piratas nos exponemos a esto, yo lo sabía, Peixe también y aún así decidimos ir adelante con esto. Con mi sueño…
Me puse en pie, vi de reojo a Aspros manejando el barco y entonces escuché la voz de Triana. Me giré, agaché la cabeza y ahí estaba ella, haciéndome una pregunta de lo más extraña.
-Pues tuya… -contesté confundido. -Si siempre vas vestida así, no sé a qué viene la pregunta.
Entonces apareció la que faltaba, Jolyne, vestida con un gusto exquisito y glamuroso, como si fuera una reina el día de su coronación. Eso si me sorprendió, quizá Triana me estaba allanando terreno con su pregunta para que le diga algo a la tiradora comepatatas. La pelirrosa se fijó en un detalle que yo había pasado por alto, en la cara de Triana ponía: “Importante, no olvidar”.
-Siempre ha tenido eso escrito, estoy casi al cien por cierto seguro. -dije con total seguridad. -Por cierto, Jolyne no quiero molestarte con mis comentarios, pero estás francamente hermosa hoy. -contesté con absoluta sinceridad. -Estoy sorprendido… -finalicé, quedando embelesado y con la boca ligeramente abierta del asombro que me provocó ver a Jolyne.
![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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