15-12-2023, 04:34 PM
Cuando Nadja salió vestida con sus ropajes hechos a partir de tela de gigante le echó un ojo a su log pose y empezó, como hacía a veces, a hacer cálculos mentales al respecto. La conclusión a la que llegó fue que estarían allí un mes más. Esto no le hacía mucha gracia al panda, pero si ya habían sobrevivido un mes, podrían sobrevivir otro. Al menos tenían fecha límite para la estancia en aquella isla tan horrible. Además estaban en día 30... ¿no? Era difícil saberlo. Don Bambú se había cuidado de no mirar la luna llena, aunque en alguna ocasión le preguntó a los del grupo y al parecer estaba casi completa. Nunca les había hablado de la condición de los mink para no preocuparles, pero quizás se acercase el momento de revelarles que igual hay fiesta esta noche. Nadja propuso ir a una cascada cercana para lavarse y reponer agua. No le parecía mala idea. Enma por su lado estaba cada vez más desanimado. Tardó un poco en salir del túnel, pero cuando lo logró ya estaba dispuesto a ir a donde le dijesen. Debía de ser especialmente duro para él el no poder mantener la forma ni dos minutos seguidos, pero qué le podían hacer los demás. Don Bambú ni siquiera podía cargarlo en sus espaldas como si fuera un niño, porque a la mínima que entrase en contacto con su cuerpo el chaval sencillamente se desvanecería y tendrían que esperar a que pudiera recomponerse. Era algo que debía de hacer Enma por su cuenta y ninguno podíamos ayudarle a no ser que le tirásemos barriles de agua a cada rato, lo cual era sencillamente inapropiado.
La decisión de Kovashi le sorprendió. ¿Separar el grupo? Parecía insensato, pero era cierto que los recursos escaseaban de tal forma que tenían que cubrir varios frentes al mismo tiempo. Don Bambú consideró la situación seriamente y valoró las posibilidades de cada grupo por separado. Por orden del peliblanco, Nadja sería la encargada de ir a por agua y a por el mejunje que usaban a veces cuando querían aliviar dolores o relajarse de vez en cuando. Don Bambú iría con Kovashi a por la carne. Dentro de lo que cabía era lo mejor, porque en caso de emergencia podrían huir bajo tierra sin ningún problema. Panda sacó su den den mushi como gesto confirmatorio de su posesión y lo guardó de nuevo en su bolsillo, donde estaba más seguro. El plan era simple. Contactar cada cierto tiempo entre ellos para asegurar la seguridad del grupo. La señal de salida resultó ser el atronador sonido de un golpe en la distancia. La tierra tembló con fuerza , pero Don Bambú logró mantener el equilibrio hincando un brazo en el suelo como si fuera lo más sencillo del mundo. Para cuando los temblores terminaron, Kovashi ya había emprendido la marcha a toda velocidad. —¡Nos vemos, suerte! —Y con aquellas palabras, el oso se lanzó para seguir a su compañero. Era un situación rara. Por un lado estaban en peligro de muerte constante. Un mal movimiento podría resultar fatal, pero Don Bambú se encontró sonriendo ante esa idea. ¿Se había vuelto loco a lo largo de aquel mes? Tendría que meditar sobre ello en el futuro.
El camino a través de la selva fue sencillo. Ya se habían acostumbrado a la acusada presencia de avispas e incluso Kovashi que les tenía pánico ya no se quedaba paralizado ante ellas. No es que no le afectasen, claro, tenía muy mala cara desde que estaban allí, pero se enfrentaba a sus miedos como un campeón. Las picaduras no tardaron en aparecer de nuevo, pero les habían picado ya tantas veces que ya casi ni lo notaban. Al menos el panda. La distancia que había recorrido el gigante en el poco tiempo que estuvieron discutiendo el plan era impresionante. A su paso había hecho un camino de árboles aplastados y pequeños animales muertos, pero debido a su tamaño, Don Bambú evitaba ir por la vía fácil. Iba siempre por un lateral del camino que se hacían los gigantes, donde había más vegetación y era más difícil avanzar, pero más seguro. No tardaron en llegar al lugar del brutal impacto. La tierra estaba levantada, fracturada y removida por todas partes. Las raíces de innumerables árboles, ahora tirados en el suelo, habían sido arrancadas del suelo por la pura fuerza del golpe. No sería muy difícil localizar al gigante en aquel lugar. Se ocultó entre un par de árboles caídos cuya vegetación formaba un delgado techo de hojas y buscó a Kovashi con la mirada, esperando su señal.
La decisión de Kovashi le sorprendió. ¿Separar el grupo? Parecía insensato, pero era cierto que los recursos escaseaban de tal forma que tenían que cubrir varios frentes al mismo tiempo. Don Bambú consideró la situación seriamente y valoró las posibilidades de cada grupo por separado. Por orden del peliblanco, Nadja sería la encargada de ir a por agua y a por el mejunje que usaban a veces cuando querían aliviar dolores o relajarse de vez en cuando. Don Bambú iría con Kovashi a por la carne. Dentro de lo que cabía era lo mejor, porque en caso de emergencia podrían huir bajo tierra sin ningún problema. Panda sacó su den den mushi como gesto confirmatorio de su posesión y lo guardó de nuevo en su bolsillo, donde estaba más seguro. El plan era simple. Contactar cada cierto tiempo entre ellos para asegurar la seguridad del grupo. La señal de salida resultó ser el atronador sonido de un golpe en la distancia. La tierra tembló con fuerza , pero Don Bambú logró mantener el equilibrio hincando un brazo en el suelo como si fuera lo más sencillo del mundo. Para cuando los temblores terminaron, Kovashi ya había emprendido la marcha a toda velocidad. —¡Nos vemos, suerte! —Y con aquellas palabras, el oso se lanzó para seguir a su compañero. Era un situación rara. Por un lado estaban en peligro de muerte constante. Un mal movimiento podría resultar fatal, pero Don Bambú se encontró sonriendo ante esa idea. ¿Se había vuelto loco a lo largo de aquel mes? Tendría que meditar sobre ello en el futuro.
El camino a través de la selva fue sencillo. Ya se habían acostumbrado a la acusada presencia de avispas e incluso Kovashi que les tenía pánico ya no se quedaba paralizado ante ellas. No es que no le afectasen, claro, tenía muy mala cara desde que estaban allí, pero se enfrentaba a sus miedos como un campeón. Las picaduras no tardaron en aparecer de nuevo, pero les habían picado ya tantas veces que ya casi ni lo notaban. Al menos el panda. La distancia que había recorrido el gigante en el poco tiempo que estuvieron discutiendo el plan era impresionante. A su paso había hecho un camino de árboles aplastados y pequeños animales muertos, pero debido a su tamaño, Don Bambú evitaba ir por la vía fácil. Iba siempre por un lateral del camino que se hacían los gigantes, donde había más vegetación y era más difícil avanzar, pero más seguro. No tardaron en llegar al lugar del brutal impacto. La tierra estaba levantada, fracturada y removida por todas partes. Las raíces de innumerables árboles, ahora tirados en el suelo, habían sido arrancadas del suelo por la pura fuerza del golpe. No sería muy difícil localizar al gigante en aquel lugar. Se ocultó entre un par de árboles caídos cuya vegetación formaba un delgado techo de hojas y buscó a Kovashi con la mirada, esperando su señal.
Resumen
