Bajo el abrasador sol de la playa, la brisa marina jugaba con las ondulaciones de mi vestido vaporoso negro mientras me presentaba. El hombre de barba, de pie frente a mí, avanzó con pasos decididos y extendió su mano robusta, que estreché con firmeza y confianza. Se presentó como Joe, el comandante, su voz traicionando una leve inseguridad que no supe si atribuir a timidez o a un misterio más profundo.
—Un placer conocerle, Comandante,— respondí, manteniendo un tono de voz equilibrado y respetuoso, mientras nuestras manos se separaban. Joe expresó con sinceridad que era un honor tenerme con ellos, felicitándome por mis méritos. —Yo… Gracias, señor, pero el honor es mío, al poder estar con un grupo tan distinguido como el vuestro. Espero cumplir con las expectativas. — repliqué, adornando mis palabras con una sonrisa amplia y radiante que reflejaba mi entusiasmo.
A continuación, para mi sorpresa, Joe se dirigió hacia los marines que me habían acompañado hasta aquella playa soleada y tomó mis pertenencias él mismo. Esperaba que un hombre de su rango delegara esa tarea en sus subordinados, pero su gesto reveló una amabilidad inesperada. Invitándome a conocer al resto del equipo, observé cómo se acercaba el coloso de más de diez metros de altura, inclinándose hacia mí con una sonrisa afable. A pesar de su delicadeza, la imponente cercanía de tal gigante me sobresaltó ligeramente, haciendo que casi tropezara con la falda de mi vestido. "Tendré que acostumbrarme a esto" pensé, mientras el gigante se presentaba como Daisen.
—¡Uy! Perdón, Daisen. Es un placer conocerte.— dije, sintiendo un leve rubor por mi reacción —No estoy acostumbrada a ver a personas tan... grandiosas. Shshshsh— reí ligeramente, con una risa que parecía un suave siseo. Su presencia era verdaderamente impresionante.
Daisen, con un gesto de cortesía, se ofreció a Joe para llevar mis cosas. La calidez y amabilidad del grupo me sorprendieron gratamente; había temido que fueran personas duras o que me juzgaran por ser mujer o por mi apariencia recatada, pero me recibieron con una amabilidad que me llenó de alegría, como una niña en su primer día de escuela.
Mi mirada se desvió hacia los demás miembros del equipo. La mujer de estatura imponente se acercó, pero detrás de ella, un hombre de pelo rojo capturó mi atención. Parecía absorto, con la boca entreabierta, como si estuviera embelesado por mi presencia. Su reacción, encontrándola encantadora, me llevó a dedicarle una sonrisa antes de dirigirme a la mujer.
Ella, con una energía que recordaba a un volcán en erupción, se presentó como Karlglass. Habló de los compañeros, aunque parecía confundir el nombre de Daisen, lo cual me hizo preguntarme si había entendido mal antes, cosa que podría ser, puesto que este tenía una voz fuerte y profunda. Karlglass continuó con comentarios algo despectivos, pero claramente sin malicia, provocando que una risa se escapara de mis labios. No paró un momento, elogiando mi belleza y pidiéndome consejos de moda, antes de indagar sobre mi uniforme, preguntando si era una "niña rica" o si pretendíamos ir de incógnito.
Su comentario me tomó por sorpresa. "Una niña rica..." pensé, recordando brevemente mi pasado. Casi llegué a pensar que lo había dicho para atacarme, pero la inocencia de sus palabras me recordó más bien a un niño que dice lo que piensa sin malicia alguna. Me pareció adorable.
Fue entonces cuando el hombre pelirrojo salió de su trance, interrumpiendo a Karl por su brusquedad y se acercó para presentarse. Incluso hizo una ligera reverencia la cual respondí con una mía propia. Levanté ligeramente los lados de mi vestido e incliné la cabeza con sutileza, manteniendo la mirada fija en él. Era un gesto sencillo, pero llevado a cabo con la elegancia de alguien acostumbrado a la cortesía y la etiqueta, sazonado con un toque de picardía.
—Me alegro mucho de conoceros, Karlglass y Sephiroth. Espero que nos llevemos bien.— dije, dando un paso hacia Karlglass y mirándola con una mezcla de admiración y curiosidad. —Y en cuanto a ti, Karlglass, no creo que necesites muchos trucos. Tienes una belleza natural que brilla por sí sola. Pero estaré encantada de ayudarte en lo que necesites.— Mi sonrisa era sincera, y crucé los brazos, apoyando una mano en mi mentón mientras evaluaba su estilo. —Y sobre la moda, estaré encantada de compartir contigo mis conocimientos. Es por eso que no suelo llevar el uniforme a menos que sea absolutamente necesario, la moda siempre ha sido una de mis pasiones.
Todavía quedaba uno de ellos por presentarse, así que aguardé para ver que decía. Pero antes de eso, una pregunta surgió en mi interior.
—Por cierto, ¿cuál es nuestra misión ahora? ¿Nos quedaremos en esta isla o vamos a ir a la siguiente? —eché una ojeada alrededor, oteando en busca de otro barco— ¿Y vuestro barco dónde está?
Mientras giraba a mi alrededor, observando la playa, el destino quiso que el vestido se enredase por el viento entre mis piernas, haciéndome tropezar con un cúmulo de arena y cayendo de cara soltando un pequeño gritito de sorpresa.
"Fantástico, Iki. Menuda primera impresión. Ahora van a pensar que eres una niña rica patosa" pensé, con la cara enterrada en la arena y enrojecida de la verguenza. "Tierra, trágame... O más bien; arena, trágame"
Maldecí la playa. Odiaba la playa. Y la maldita arena.
—Un placer conocerle, Comandante,— respondí, manteniendo un tono de voz equilibrado y respetuoso, mientras nuestras manos se separaban. Joe expresó con sinceridad que era un honor tenerme con ellos, felicitándome por mis méritos. —Yo… Gracias, señor, pero el honor es mío, al poder estar con un grupo tan distinguido como el vuestro. Espero cumplir con las expectativas. — repliqué, adornando mis palabras con una sonrisa amplia y radiante que reflejaba mi entusiasmo.
A continuación, para mi sorpresa, Joe se dirigió hacia los marines que me habían acompañado hasta aquella playa soleada y tomó mis pertenencias él mismo. Esperaba que un hombre de su rango delegara esa tarea en sus subordinados, pero su gesto reveló una amabilidad inesperada. Invitándome a conocer al resto del equipo, observé cómo se acercaba el coloso de más de diez metros de altura, inclinándose hacia mí con una sonrisa afable. A pesar de su delicadeza, la imponente cercanía de tal gigante me sobresaltó ligeramente, haciendo que casi tropezara con la falda de mi vestido. "Tendré que acostumbrarme a esto" pensé, mientras el gigante se presentaba como Daisen.
—¡Uy! Perdón, Daisen. Es un placer conocerte.— dije, sintiendo un leve rubor por mi reacción —No estoy acostumbrada a ver a personas tan... grandiosas. Shshshsh— reí ligeramente, con una risa que parecía un suave siseo. Su presencia era verdaderamente impresionante.
Daisen, con un gesto de cortesía, se ofreció a Joe para llevar mis cosas. La calidez y amabilidad del grupo me sorprendieron gratamente; había temido que fueran personas duras o que me juzgaran por ser mujer o por mi apariencia recatada, pero me recibieron con una amabilidad que me llenó de alegría, como una niña en su primer día de escuela.
Mi mirada se desvió hacia los demás miembros del equipo. La mujer de estatura imponente se acercó, pero detrás de ella, un hombre de pelo rojo capturó mi atención. Parecía absorto, con la boca entreabierta, como si estuviera embelesado por mi presencia. Su reacción, encontrándola encantadora, me llevó a dedicarle una sonrisa antes de dirigirme a la mujer.
Ella, con una energía que recordaba a un volcán en erupción, se presentó como Karlglass. Habló de los compañeros, aunque parecía confundir el nombre de Daisen, lo cual me hizo preguntarme si había entendido mal antes, cosa que podría ser, puesto que este tenía una voz fuerte y profunda. Karlglass continuó con comentarios algo despectivos, pero claramente sin malicia, provocando que una risa se escapara de mis labios. No paró un momento, elogiando mi belleza y pidiéndome consejos de moda, antes de indagar sobre mi uniforme, preguntando si era una "niña rica" o si pretendíamos ir de incógnito.
Su comentario me tomó por sorpresa. "Una niña rica..." pensé, recordando brevemente mi pasado. Casi llegué a pensar que lo había dicho para atacarme, pero la inocencia de sus palabras me recordó más bien a un niño que dice lo que piensa sin malicia alguna. Me pareció adorable.
Fue entonces cuando el hombre pelirrojo salió de su trance, interrumpiendo a Karl por su brusquedad y se acercó para presentarse. Incluso hizo una ligera reverencia la cual respondí con una mía propia. Levanté ligeramente los lados de mi vestido e incliné la cabeza con sutileza, manteniendo la mirada fija en él. Era un gesto sencillo, pero llevado a cabo con la elegancia de alguien acostumbrado a la cortesía y la etiqueta, sazonado con un toque de picardía.
—Me alegro mucho de conoceros, Karlglass y Sephiroth. Espero que nos llevemos bien.— dije, dando un paso hacia Karlglass y mirándola con una mezcla de admiración y curiosidad. —Y en cuanto a ti, Karlglass, no creo que necesites muchos trucos. Tienes una belleza natural que brilla por sí sola. Pero estaré encantada de ayudarte en lo que necesites.— Mi sonrisa era sincera, y crucé los brazos, apoyando una mano en mi mentón mientras evaluaba su estilo. —Y sobre la moda, estaré encantada de compartir contigo mis conocimientos. Es por eso que no suelo llevar el uniforme a menos que sea absolutamente necesario, la moda siempre ha sido una de mis pasiones.
Todavía quedaba uno de ellos por presentarse, así que aguardé para ver que decía. Pero antes de eso, una pregunta surgió en mi interior.
—Por cierto, ¿cuál es nuestra misión ahora? ¿Nos quedaremos en esta isla o vamos a ir a la siguiente? —eché una ojeada alrededor, oteando en busca de otro barco— ¿Y vuestro barco dónde está?
Mientras giraba a mi alrededor, observando la playa, el destino quiso que el vestido se enredase por el viento entre mis piernas, haciéndome tropezar con un cúmulo de arena y cayendo de cara soltando un pequeño gritito de sorpresa.
"Fantástico, Iki. Menuda primera impresión. Ahora van a pensar que eres una niña rica patosa" pensé, con la cara enterrada en la arena y enrojecida de la verguenza. "Tierra, trágame... O más bien; arena, trágame"
Maldecí la playa. Odiaba la playa. Y la maldita arena.
Karmas y extra
