Kibai continuaba pegado a la pared, tratando de pensar en que manera podía tratar de hacer que sus ojos viesen sin ver. Sin embargo, decirlo parecía muchisimo más facil que hacerlo.
Aún por encima, mientras el mink trataba de concentrarse, emepzó a escuchar aleteos a su alrededor, un buen montón de ellos. Antes de que pudiese ubicarlos de todo, un golpe impactó contra su hombro derecho, desequilibrándolo y haciéndole dar un paso adelante. Al poco rato, otro más le desplazó hacia un lado. Con un gruñido sordo, el mink dejó salir las garras de ambas manos con un agudo siseo, girando su cabeza a ambos lados, antes de antender a la voz del capitán, que le advertía que luchaba contra niños.
— Si, contra niños que pueden medir perfectamente un par de metros... — pensó para si mismo Kibai mientras flexionaba los dedos para retraer las garras. — Está bien, capitán seguiré tu juego...
Forzándose a relajarse mientras los golpes seguían impactándole en los hombros y la espalda, el mink localizó la energía interna que había aprendido a manejar con Kaelith, pero en vez de concentrarla en su cuerpo, se centró en proyectarla hacia fuera. Se sentía como si tratase de iluminar una cueva entera con una cerilla. Había algo ahí, pero no conseguía percibirlo con facilidad.
— Es así como se sienten los humanos cuando es de noche? — susurró el mink en voz baja. Había sombras que parecían menos oscuras en la negrura, aunque no podía ubicar a ninguna, aún no.
Sin embargo, algo ocurrió finalmente, notando como lago o alguien estaba a su espalda, y Kibai, agitó rapidamente la cola de lado a lado, escuchando como uno de los niños se quejaba de frustración.
— Espera! Qué ha sido eso?
Había sido un simple acto reflejo, o había sido algo auténtico? Gruñendo de nuevo por la impotencia que llevaba sintiendo desde que el capitán Enji le inutilizase dos de sus sentidos más potentes, el mink se desplazó un par de pasos lejos de dónde calculaba que estaba la pared, centrándose en intentar volver a notar lo mismo que había sentido antes de mover su cola. Tenía que haber alguna clave en todo aquello, al igual que la había habido cuando había aprendido a dominar el Haki de Armadura con el maestro Kaelith, tan solo tenía que seguir concentrándose y la solución acabaría por aparecer...
La Caja de Pandora
