T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos?
#52
El movimiento de Bambú era prudente, por eso llegó tan tarde a escena. Si las cosas hubieran sido de otra forma, quizás el conde tendría ahora un intenso dolor de pies al mismo tiempo que algunos cortes relativamente profundos. Sin embargo, la potencia inimaginable de los ataques de Kisuke demostró que toda prudencia era innecesaria, así como cualquier acción sucesiva a sus ataques. El Bearquake se realizó, pero no duró más que un par de sacudidas en el suelo porque Bambú pudo sentir a través de su haki de observación las intenciones de su comandante y pudo apreciar sus efectos cuando el Conde apareció de repente tendido en el suelo y a punto de perder literalmente la cabeza. —Veo que se las apañaba usted bien, comandante, honhonhon. —Comentó ante la victoria de Kisuke, aunque el pobre hombre estaba que echaba los pulmones fuera. Sin duda la misión secundaria de Bambú había tardado demasiado, pero había hecho todo lo posible por acortarla. Se acercó tanto al comandante como al conde que ya pronunciaba sus últimas palabras. Anunciaba entre ahogadas risotadas que su horrible legado perviviría aunque él muriese aquí y ahora. Bambú le miró a los ojos sin sentir pena ni remordimiento por el castigo que cayó sobre sus hombros, o mejor dicho, de sus hombros. —Con su muerte el mundo es un lugar mejor. —Concluyó mientras se agachaba para registrar sus pertenencias por si hubiera alguna llave que pudieran necesitar para rescatar a más civiles. Esperaba, por no decir que deseaba con un fervor comparable al de los religiosos, que no tuviera las llaves atadas en los cojones. No podía estar seguro de ello hasta que lo comprobase, pero ante la mera idea de intentarlo decidió contenerse y romper cualquier cerradura con los dientes si fuera necesario. Lo que sí tenía en su haber aquel maquiavélico sujeto era no uno, sino cinco unidades de utensilios de primeros auxilios. Aquel desgraciado se llevaba la farmacia con él, eso desde luego.

Mientras Bambú se hacía con los botiquines y el escudo del conde, aunque luego repartiría con Kisuke este modesto botín, DonDinDin hizo acto de presencia para anunciar la muerte del conde a viva voz... y la suya propia también. Casi no necesitaría el haki para averiguar sus intenciones con la pistola que ahora portaba en sus manos y que acercaba a su sien. En aquel castillo estaban todos completamente tarados como el conde. Aunque con su percepción extrasensorial y su velocidad hubiera sido posible impedir el suicidio de DonDinDin, Bambú ni se molestó en hacerlo. Cuando el cuerpo muerto del hombre reloj llegó al inicio de la escalinata del vestíbulo, una multitud de personas disfrazadas y evidentemente maltratadas salió de todas las estancias del castillo para proclamar a viva voz y con alegría que el conde había muerto. Aquellos debían de ser todos los empleados maltratados del castillo que finalmente eran libres y vitoreaban al Ejército Revolucionario. Bambú le sonrió a Kisuke. —Parece que todo ha salido b... —Pero Bambú se había distraído demasiado y había olvidado que todavía quedaba una pálida presencia en una de las esquinas del vestíbulo que ahora palidecía más que nunca. Había sido un milagro que Bambú la hubiera percibido, aunque quizás podría atribuirlo a su excelente dominio del haki. Sin perder ni un segundo ni en dar explicación alguna, Bambú salió disparado como una centella hacia donde estaba la muchacha. Había recibido una seria contusión en la cabeza. Cuando vio su rostro ensangrentado lo supo al instante: era la viva imagen de la hermana de Gregory, solo que mucho más maltratada y herida que en su bello retrato. —No... ¡no morirás! —Bambú no era un experto en el arte de la medicina, aunque quizás aquella terrible visión fuese el empujón que necesitaba para dedicarse a ello en cuerpo y alma. Después de todo, a veces había vidas que pendían de un hilo y que no podían salvarse con la excelencia en las artes marciales ni en el dominio de los poderes espirituales. A veces había que tener un maldito médico en el barco para que la gente no se muriese.

Mientras desactivaba su electro para evitar calambrazos innecesarios a la pobre Charlotte, dejó los botiquines del conde en el suelo y empezó a aplicar el primero de ellos. Se notaba lo inexperto que era Bambú en la medicina. Tardaba demasiado en encontrar el ungüento necesario, en limpiar las heridas correctamente y en aplicar los vendajes pertinentes. Logró hacer un apaño con la contusión en la cabeza de la muchacha, que era con diferencia la más severa, pero si hubiera sabido más de medicina podría haberle aplicado quizás dos botiquines en el tiempo que él invertía en aplicar uno. El corazón le latía a mil por hora ante la incertidumbre de si aquello sería suficiente o no.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 10030 + 0 = 10030
Energia: 5680 - 150 = 5530
Espiritu: 1808 - 135 = 1673


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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - por Max D. Bambú - 10-09-2026, 10:31 AM

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