T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos?
#53

Por fin. Al fin había conseguido conectar sus ataques. Y no solo eso, habían sido lo suficientemente poderosos como para lograr el objetivo que Kisuke había visualizado: la muerte sin paliativos de aquel degenerado mink. Tras caer al suelo, soltó una suerte de amenazas, que el antiguo pescador no era capaz de escuchar, estaba agotado y notaba un zumbido en los oídos conforme la adrenalina del combate iba bajando, lo que hizo que la contusión que tenía en la cabeza, de la que seguía manando un fino hilo de sangre por el golpe recibido con el escudo, así como los demás impactos que había recibido, comenzaran a chillar con un dolor sordo. No obstante, cuando el mink definitivamente murió con la cabeza desprendiéndose de su tronco debido al ataque mortal del revolucionario, Kisuke esbozó una sonrisa siniestra y, tras escupir a un lado, envainó sus katanas, desactivo sus hakis y el manto de hollín, dejando solo la percepción al nivel más bajo aumentando el rango a 60 metros, y le dijo al purulento cadáver del león:

-Violador muerto, abono pa mi huerto...

Sin poder evitarlo, su percepción le alertó de que el reloj estaba de vuelta, y, de manera absurda e incomprensible, se pegó un tiro, igual que había hecho anteriormente el hombre candado. Fue en ese momento, cuando una multitud de gente ataviada con estrafalarios disfraces, emergió de todas las partes del castillo celebrando la muerte del mink que los tenía aterrorizados y subyugados. Pudo sentir la débil presencia de Charlotte y se dispuso a dirigirse a ella, pero Panda fue más rápido (como siempre). El úrsido había revisado el cadáver del mink en lo que Kisuke recuperaba el aliento, y había encontrado lo que parecía ser un hospital de campaña, aunque no pudo contar todo lo que llevaba encima el bastardo.

-Peluchito... te apuesto 20 mil berries a que este cabrón tiene alguna cosa útil por ahí... voy a ver si encuentro algo o a alguien...

Así que aprovechando el jolgorio y la algarabía que había traído consigo la caída del león, Kisuke se puso a explorar el castillo para ver si había alguna cosa interesante que pudiese llevarse, ya fuese para él o para su escuadrón, o para las mismas gentes de Mogaro, o quizá algún rehén que pudiese haber escapado a su percepción, lo cual no creía, pero era mejor asegurarse.

"A ver que más tenía este cabrón..."

Estuvo en torno a veinte minutos deambulando por el castillo hasta que llegó al despacho del asqueroso mink. No había mucho que destacar salvo un escritorio de caoba sobre el que había un periódico abierto por una página donde se encontraba la Comandante Suprema Elizabeth. Al mirar hacia las estanterías pudo ver que una estaba desplazada dejando al descubierto una pequeña cámara con argollas y rastros de sangre en la pared. Kisuke frunció el ceño y estuvo a punto de volver al vestíbulo y acuchillar el cadáver de Adam hasta quedarse a gusto, puesto que supuso que ahí es donde tenía retenida a la pobre Charlotte. Se volteó con asco ante esa escena y reparó que en la pared de enfrente había un cuadro precioso de unos cerezos en flor. Pero lo que captó su atención fue que debajo de aquel cuadro, en la pared, había colgadas dos preciosas katanas una de guarda cuadrada semi abierta, y otra de guarda en cruz con tres borlas de madera unidas al pomo con fino hilo rojo. Se acercó a ambas y vio que tenían unos caracteres con el nombre de cada una en la vaina, cerca de la guarda. La de guarda cuadrada tenía una vaina negra con pétalos de cerezo rosados dispersos por toda la longitud de la misma, mientras que la otra tenía una vaina roja laqueada con adornos dorados en espiral a lo largo de toda la longitud de la vaina.

"Sembonsakura... Benisakura... vosotras os venís conmigo..."

Cogió ambas katanas y se las puso debajo de su musculoso brazo, como si fuesen dos barras de pan y vieniese de la panadería y salió del despacho para regresar a la entrada, donde podía percibir que el aura de Charlotte parecía haberse estabilizado, ya no estaba temblorosa aunque seguía muy débil. Llegó a la escalera y la bajó observando como Panda trataba de terminar los primeros auxilios a la joven. Miró con orgullo a su compañero, contento de tener a alguien tan capaz y diligente con él; realmente le hacía la vida mucho más fácil al Comandante.

-Buen trabajo Panda, sin duda eres el mejor, Peluchito... kuhahahaha...

El humor de Kisuke había cambiado, puesto que habían logrado solucionar aquel problema, y encima había conseguido un par de valiosas katanas. Ahora restaba devolver a aquella joven con su hermano, que estaría muy nervioso esperando su regreso, con la incertidumbre de si todo habría salido bien.

-Movamos el culo, Pandita... ¿Puedes llevar tú a Charlotte? Tenemos que llevarla a su casa y yo tengo las manos ocupadas... kuhahaha...

Se giró a las gentes que aún quedaban allí y seguían celebrando la muerte del depredador sexual, que había atemorizado sus vidas, haciéndolas un infierno. Estaba convencido, además por lo que percibía por su kenbunshoku, que aquella gente estaba aliviada, feliz y dispuesta a vivir sus vidas al máximo ahora que por fin eran libres.

-Escuchadme todos un momento por favor... Sé que habéis vivido un infierno con este cabrón, pero ya ha terminado, sois libres... Volved a vuestras vidas y si tenéis necesidades, acudid a nosotros, que haremos todo lo posible por ayudaros, no confiéis en gente así, por favor... La Revolución está para servir al pueblo así que salid de aquí, regresad a vuestras casas y celebrad vuestra libertad... ¡¡SALUD Y REVOLUCIÓN!!

Con esto último hizo el saludo oficial de la Armada Revolucionaria y se encaminaron de vuelta a la casa de Gregory y Charlotte, sin prisa, pero sin pausa. Kisuke estaba molido, pero más que por las heridas, que no habían sido excesivamente graves, por el cansancio, puesto que el mink le había hecho llegar al límite de sus fuerzas, obligándolo a ir con todo y más. Encendió un cigarro para relajar su mente, mientras caminaban hacia la casa que ya asomaba a lo lejos. Habían cumplido, habían rescatado a las chicas y, especialmente, a Charlotte, para mantener la promesa a aquel joven decidido que había acudido a ellos buscando ayuda; ahora por fin podían darle buenas noticias, seguramente, las mejores.

información
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6341 + 0 = 6341
Energia: 220 + 80 = 300
Espiritu: 2084 + 60 = 2144


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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - por Kisuke Kageyama - 10-09-2026, 05:38 PM

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