18-09-2026, 09:02 PM
(Última modificación: 18-09-2026, 10:53 PM por Nyxara Archeron.)
52 de verano, Año 18 ❥ Roshwan
Cinderella's dead now...casket.
─ ♚ ─
Roshwan los recibía con su encantador paisaje cargado de un blanco invierno eterno ¿le molestaba? Para nada, el viento gélido no la abrumaba, al contrario, era el entorno donde se sentía cómoda, un entorno que no admitía concesiones. Y prefería el aire helado golpeando contra sus mejillas, jugueteando entre sus cabellos de falso azabache, intentando colarse con peligro silencioso sobre la piel desnuda cubierta bajo las capas de abrigo.
Dispuesto a acabar en un pestañeo con el bombeo de cualquier iluso corazón que tuviese la osadía de presentarse mal cubierto ante invierno eterno. Si, lo prefería. Prefería ese entorno que no admitía concesiones. Prefería el invierno eterno antes del calor tropical de Baterrilla, Karate o Samba.
Demasiado calor, le resultaba…empalagoso.
Una debilidad que aflojaba la disciplina.
Una debilidad, que no estaba dispuesta a …
Ni siquiera había querido detenerse a pensar en como la montaña había acabado con su autocontrol en un pestañeo apenas dio un paso afuera de ese barco. En un solo movimiento la tierra firme desaparecía bajo el juicio de la montaña, y ahora estaba sobre el hombro de Alex a una distancia de la que seguramente, no sobreviviría si llegaba a dar un movimiento en falso. Y la idea de que el gigante pudiese moverla como si se tratara de una muñeca de porcelana, era una afrenta que no estaba dispuesta a olvidar.
No era personal.
Ella, sencillamente, estaba costumbrada a tener el control de las situaciones y que un compañero de división decidiera elevarla del piso dejándola sin posibilidad de defensa, sin su permiso, por segunda vez… Sin embargo, no le regalaría el gusto de verse afectada, ni a él, ni a ningún otro.
Una inhalación para centrarse. El pecho amplio subió y bajo en ese uniforme.
Gesto viejo demasiado arraigado para olvidarlo.
Ajusto su postura sobre el hombro del gigante, cruzando una pierna sobre la otra con elegancia, como si el mismo invierno la hubiese estado esperando para sentarla en su trono escarchado. Erguida, sostuvo la barbilla en alto, como si desafiara el rugir de ventisca, aquella que no le arrancaría ni un solo temblor de debilidad. Y la ligera bruma blanca, encargada de delinear ese rostro de líneas finas y pecas dispersas, no solo recordaban su hermosura distante, también, recordaban que ella estaba lejos de cualquier intención de agradar. Y, al recibir el periódico en silencio entre sus manos enguantadas fue como volver hacia atrás en el tiempo, a esas niñas que esperaban esos papeles en casa cuando su padre les contaba las hazañas de los marines y la ciento cinco.
No necesitaba cerrar los ojos para volver atrás, podía percibirlo, en la angustia que acababa de anidar en su garganta como un peso más de esa labor que cargaba a la espalda.
Silenciosa, llevo una de sus manos hacia uno de los aros de perla cultivada.
Como si ese sencillo gesto les permitiera alcanzarlas…
Solo por una vez más…
Hasta que las palabras de su capitana la trajeron de regreso.
– El nuevo mundo – leyó en voz alta y esperó que Kagura le tradujese a Alex – La mejor y más segura prisión del mundo, Imperial Down, se ha visto asaltada, vulnerada y atacada sin compasión … – “¿Habrán llamado a otros marines para reforzar la seguridad?” – Por el infame ejercito revolucionaria, en un atentado liderado por uno de los altos mandos del grupo disidente, Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo, conocido como El Puño … – “Espero que no les haya tocado salir a reforzar la seguridad…no podría…” – El Puño, en este acto innombrable ha revelado lazos con su hijo, el ruin y hasta ahora cumpliendo condena Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero, Capitán de los Alas Negras, quien ayudo al golpe desde el interior. Se sumó a esto el pirata Aspros, considerado La Reina Okama del reino Momoiro y grandes piratas legendarios como Strahd Nanashi y Urutora, quienes han unido fuerzas en la creación de una nueva banda pirata…–
Y, mientras el mar de sus ojos recorría las letras impresas en el papel que iba poco a poco humedeciéndose a causa de la nieve ligera que caía silenciosa, Nyxara Archeron solo espero no encontrar el nombre de su padre ni de sus tíos entre las letras.
– El ataque deja graves daños en la estructura visible y exterior de Imperial Down, mas de dos mil trecientos agentes del gobierno y la marina trágicamente fallecidos en acto de servicio, una fuga de casi dos mil presos…–
El peso de la verdad cayó hacia el fondo y anido ahí, como una enfermedad.
Pero…no podía demostrarlo, Nyssa Vale, quien era ella para Alex y Kagura no tenía a nadie ¿Por qué a Nyssa Vale le importaría lo que pasara con un grupo de marines desconocidos, a parte de un dolor compartido por un uniforme?
No podía…
Sencillamente…
Sus dedos enguantados presionaron el papel y se obligo a sangrar hacia adentro en silencio como estaba acostumbrada a hacerlo. A tomar todas esas emociones y encerrarlas en ese cofre olvidado y oxidado dentro de sí, como hacia con todo lo que le importaba. Enterró ahí los recuerdos de ese estudio cálido, la mirada amorosa de su padre, las sonrisas de esas niñas que juraban nada les haría daño, y la absurda debilidad de haber esperado algo de alguien más.
Había aprendido la lección años atrás.
Lo enterró ahí. Como hacia con todo lo que podía dañarla.
– Desde esta redacción queremos dar un sonoro y triste adiós a todos los hombres y mujeres fallecidos en este incidente, un consuelo a sus familias y un recuerdo especial para el único e inigualable Tucrow, por su impecable expediente y años de excelso servicio. Gracias por todo –
“¿Eso…es todo? ¿Un par de líneas bien redactadas en tinta barata para despachar a más de dos mil vidas masacradas? ¿Una palmada diplomática en la espalda de las viudas y un apretón de manos vació para los huérfanos?”
La Archeron apretó la orilla del periódico hasta que el cuero de sus guantes crujió. Conocía tan bien el valor que le daban las altas esferas a la carne de cañón que el asco invadió su lengua. Estaba agotada de escuchar palabras bonitas en tumbas frías y lo peor, no era el dolor de las muertes sino…la tortura del silencio entregado en tinta y papel barato, donde ese periódico se limitaba a un par de nombres importantes y a contabilizar la muerte de miles en una frase dejando el nombre de sus padres y sus tíos en una cruel incógnita.
Otro eslabón más a esa cadena que se cerraba alrededor de su cuello.
Dejó que las palabras de su capitana traduciéndole a su compañero de división llenaran el silencio, como si esa acción sirviera para seguir mintiéndose a sí misma.
¿Cuántos fantasmas podría cargar a la espalda?
Léeme

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