[Presente Relativo]Rencillas antiguas y deudas que saldar
#2
El día de hoy le daba buenas vibras. Amaneció el día con la sensación de que todo iría bien y que lograría todo lo que se propusiera. Cuando se levantó y dio el primer paso, su pie izquierdo, como no, la izquierda siempre tan amable, se topó con una moneda de 500 berries que, al chocar contra la zarpa del úrsido, salió volando y chocó ¡con otra moneda de 500 berries! Luego se dio cuenta de que todo ese dinero era de su cofre, que se había caído de lo desbordado que estaba y dejó de parecerle un suceso afortunado. El desayuno estaba increíble y Bambú tenía ganas de empezar aquel día con tan buenas perspectivas. Tras el desayuno, Bambú llevó a cabo su ritual matutino en el sillón de los lectores, es decir, la silla de su despacho detrás de la cual, en una estantería, podía apreciarse una fotografía de su querido Gol D. Ick. En el hueco en el que podía encontrarse tamaño tesoro cabía, por lo menos, otra fotografía más. La lectura del libro estaba entretenidísima. Se trataba de un viejo cuento —así es, Bambú también leía por ocio de vez en cuando— en el que la protagonista se enfrentaba a unos hombres trajeados que se fumaban el tiempo de los pobres ciudadanos y estos dejaban de tener tiempo libre para descansar, pudiendo dedicarse únicamente a sus respectivos trabajos. Indudablemente, aquella era una novela revolucionaria. Sin esperárselo, un ratoncito de hollín de los que invocaba Kisuke apareció en su mesa. —Ah, ¡un mensaje del comandante! —Y qué alegría invadió a Bambú, cuya mañana no podía mejorar más si no era con un mensaje de su queridísimo superior. Tanta ilusión le hizo que su rostro se le hace a este narrador difícil de describir, así que mejor mostrarlo en una imagen, que vale más que mil palabras, pero lamentablemente no suma 1000 PR.

[Imagen: isiokbq8xm851.jpg]

¿Qué sería esta vez? ¿Una reunión extraordinaria? ¿Necesitaba Kisuke otro informe? O tal vez, y Bambú tenía que admitir que aquí estaba soñando por encima de sus posibilidades, ambas cosas. Pues no, eran los Mushoku, que habían venido de visita. —Oh. —Y por la borda se fue el buen día. Bambú se prendió un cigarro y se echó hacia atrás en la silla. Sin duda debían de venir por lo de la deuda.

[Imagen: HD-wallpaper-gohin-anime-beastars-thumbnail.jpg]

—Bueno, tarde o temprano tenía que pasar. Si no venían ellos, iríamos nosotros... —No hablaba con nadie en particular más que consigo mismo. Bambú se levantó de su mesa y se acercó a su cofre. —Vamos a ver, en Sabaody la rana de los Mushoku me prestó un millón de Berries a cambio de un brazo. —Empezó a hacer memoria de los acontecimientos hace ya más de dos años. Tenía la escena más o menos grabada a fuego, aunque sólo fuera por lo increíblemente intensa que fue. —Se llamaba... Ge... ¿Gero? No, coño, Gaeru. Lo siento muchacho, no conseguí tu brazo. —Se disculpó a la nada. La breve imagen de Gol D. Ick reprendiéndole se le pasó por la cabeza como un rayo. Nunca olvidaría sus palabras.

¡¡¡¡ GOOOOOOLDEEEEEEEEEEEN !!!!

No, espera, sus otras palabras.

—La palabra de un hombre es algo sagrado ¡Pero al hacer una promesa hay que tener los medios para cumplirla! ¡Es irresponsable por tu parte pedir medios a la revolución para sanar el brazo de un pirata perteneciente a los Mushoku, que según vuestras propias palabras, están capitaneados por un hombre peligroso como es ese tal Ashura. —

—El hombre de oro tiene toda la razón, fue irresponsable por mi parte hacer tal promesa y sería doblemente irresponsable no saldar mi deuda con creces. Prometí un brazo o en su defecto que devolvería el dinero. —Todo esto lo decía Bambú mientras rellenaba un saco de tela con varios fajos de billetes de los grandes. Hizo las cuentas rápidamente y calculó que dentro del saco debía de haber exactamente diez millones de berries. —Supongo que se lo llevarán todo los muy bribones, pero al menos estarán contentos. —Supuso Bambú, aunque la verdad era que no entendía muy bien a los piratas en cuanto al dinero. A él no le importaba una mierda si ese cofre acababa vacío o no, pero también entendía que la Revolución podría necesitar ese dinero en el futuro, así que lo almacenaba en aquel sitio y se olvidaba por completo de él hasta momentos como aquel. —Bueno, pues allá vamos. —Se colgó el saco del hombro como si estuviera lleno de plumas en lugar de billetes y salió por la puerta de su casa con algo de dificultad y casi arrancando la puerta de sus goznes.

Minutos más tarde Bambú trotaba apresuradamente por las calles de la ciudad en dirección al puerto. El saco se bamboleaba con cada una de las zancadas que daba Bambú y con el impulso iba rebotando una y otra vez contra la espalda del panda emitiendo un ruido constante pero sordo. —El enano es razonable, espero que siga vivo... —Uno nunca sabía quién podría seguir vivo y quién habría muerto ya en el Nuevo Mundo. Era una incógnita constante a la que tenían que enfrentarse. Lo único que sabía con certeza era que Ashura seguía con vida y que, probablemente, siguiera estando tan tarado como siempre. Encima era un Shichibukai, con el asco que les tenía Bambú.

Por su camino se encontró con varios grupúsculos de gente que huían del puerto a ritmos diferentes. Algunos intentaban parar al panda para pedirle auxilio, pero Bambú no tenía tiempo de detenerse para hablar con cualquier ciudadano preocupado. Después de todo, tenía que encargarse de sus preocupaciones. Al final de la calle que estaba recorriendo ya podía avistar algún que otro navío mercante anclado y, detrás de ellos, el Grand Line. Una vez pisó el puerto como tal, pudo avistar en el horizonte al navío insignia de los Mushoku, el Niebla de Guerra, acercándose a toda velocidad. Extendió su haki de observación más débil una distancia de cien metros y detectó no muy lejos de él el aura de su comandante, que ya había llegado y estaba esperando en la entrada del puerto cual perro guardián. —He llegado, comandante. —Se plantó a tres metros de él a sus espaldas, dejó el saco en el suelo y ejecutó un perfecto saludo revolucionario. Acto seguido recuperó el saco del suelo y volvió a colgárselo del hombro izquierdo. —Traigo diez millones de berries para que nuestros invitados se marchen contentos. Creo que salda con creces nuestra deuda y los intereses que estos corsarios hayan podido inventarse. —Informó.

Datos
  Responder


Mensajes en este tema
RE: [Presente Relativo]Rencillas antiguas y deudas que saldar - por Max D. Bambú - 18-09-2026, 11:38 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)