Leyenda
- Ugh, sí que es feo, sí. - pensé, ocultando lo mejor que podía la incomodidad que me generaba la sonrisa del gyojin. - Dame un momentito, que por ahí viene mi cena, y cuando estemos en la mesa nos presentamos bien. - propuse al ver al camarero dirigirse hacia donde yo me encontraba con un plato con comida.
Tras pagar y agradecer al hombre, cogí la comida y la copa y me levanté del taburete. Le hice un gesto a Peteiro y comencé a seguir a la joven hacia una de las mesas del fondo. Continué detrás de esta, hasta que eligió donde sentarse. La mesa estaba al final de la cantina, semi oculta gracias a una estrecha columna. A pesar de ello, desde allí parecían verse perfectamente ambas entradas, tanto la que daba directamente a la calle como el acceso desde la recepción del hostal.
- Vaya, sí que querías intimidad, ¿no? - le dije con cierto tono de burla, mientras una ligera sonrisa se dibujaba en mi rostro. Cogí entonces una de las sillas que había junto a la mesa, la más grande para asegurarme de que esta no cedería bajo mi peso, de hecho. La coloqué, posiblemente más cerca de la mujer de lo que a esta le gustaría, pero en aquel momento lo único que me interesaba era asegurarme de que nadie me vendría por detrás.
- Siento ponerme tan cerca. Esque me alivia tener una pared a la espalda. - suspiré, estirando las piernas y relajándome finalmente. - Ya sabes, algo menos de lo que preocuparse. - Cerré los ojos brevemente hasta que Mandarina comenzó a maullar incitado por el olor de la comida. - Sí, sí. No te preocupes pequeñín. - le abrí un poco el abrigo para que sacara la cabeza, y tras desmenuzar un poco de la carne se la di.
Una vez me asenté en la mesa, me sorprendió no ver a aquel Gyojin barracuda, puesto que había salido de la barra justo detrás de mí. Tras mirar un poco al camino por el que había venido, vi que estaba hablando con alguien. Le hice entonces un gesto con el brazo, indicándole dónde estábamos. Posiblemente asusté a más de un borracho con el movimiento antes de que aquel hombre que decía estar acompañado de su amigo me viera.
- ¿Peteiro era, no? - pregunté al Gyojin una vez llegó a la mesa.
- Yo soy Eaa - di un pequeño sorbo del vino, a lo que el pequeño gato maulló - Y este es Mandarina, encantados. - sonreí a ambos.
- Bueno, ahora solo faltas tú, la joven con ojos bonitos y pelo brillante. - dije, dando otro sorbo al vino antes de comenzar a comer.
Me quedé un rato pensativa, intentando identificar el rostro de la mujer por debajo de la capucha. - A decir verdad, me recuerdas un poco a un panda - pensé en voz alta, sin darme cuenta. - No, no lo decía a malas. Es solo que me ha parecido mono - traté de rectificar, algo avergonzada por ello
Resumen
Karmas
