18-12-2023, 08:48 PM
(Última modificación: 18-12-2023, 08:49 PM por Maeve Knox.)
Pues sí, quería intimidad, aunque quizá aquel no fuese el término adecuado. Me gustaba más llamarlo "espacio personal", pero dudaba que fuese a tenerlo con la gran muchacha tan próxima a mí. Pareció leerme el pensamiento, porque enseguida excusó su cercanía. Y no podía culparla: yo misma evitaba dar la espalda siempre que podía.
De pronto apareció un gato negro del interior de su abrigo. Se le veía feliz por comer lo que ella le ofrecía. Esto resolvía el misterio de la anterior conversación de la pelirroja con su prenda. A su lado, el gato parecía minúsculo. Me quedé mirándolo un par de segundos.
Y hablando de comportamientos extraños... Así que Peteiro Gor... ¿qué? Al menos había admitido que con el nombre bastaba. No se me había pasado por alto que había hablado de su famoso amigo señalándose el hombro vacío. Había decidido no hacer ningún comentario al respecto, aunque algo me decía que el tema volvería a surgir.
De pronto apareció un gato negro del interior de su abrigo. Se le veía feliz por comer lo que ella le ofrecía. Esto resolvía el misterio de la anterior conversación de la pelirroja con su prenda. A su lado, el gato parecía minúsculo. Me quedé mirándolo un par de segundos.
Y hablando de comportamientos extraños... Así que Peteiro Gor... ¿qué? Al menos había admitido que con el nombre bastaba. No se me había pasado por alto que había hablado de su famoso amigo señalándose el hombro vacío. Había decidido no hacer ningún comentario al respecto, aunque algo me decía que el tema volvería a surgir.
Pronto, el gyojin se incorporó a nuestra recién adquirida mesa. Un par de segundos después, también llegó el camarero con mi cerveza. Extraje unas cuantas monedas de uno de los bolsillos de mi pantalón y las dejé caer en la palma de su mano. El trabajador se mostraba visiblemente nervioso, echándole furtivas miradas al hombre pez.
Bebí.
La pelirroja, entonces, se sumó a la iniciativa de presentarse. Se llamaba Eaa; Mandarina era el felino que la acompañaba. Que yo recordase, las mandarinas no eran negras. Supuse que había una historia interesante detrás de ese nombre. A continuación, nos mostró una bonita sonrisa. Eaa, no el gato, pues Mandarina seguía masticando.
Al igual que Peteiro, la chica también quiso saber cómo me llamaba. De hecho, se dirigió a mí como "joven de ojos bonitos y pelo brillante". ¿Por qué hacía eso? Estaba acostumbrada a agasajos por parte de tiparracos que querían meterme en su cama, así como a miradas de diferentes tipos de personas dado lo peculiar de mi aspecto, pero no solían halagarme de forma tan... ¿bonita?
Hasta que me llamó panda. ¿Panda? ¿En serio, panda? Me habían llamado muchas cosas, pero ¿panda?
Me tembló el párpado izquierdo.
¿Me estaba comparando con un oso?
Luego dijo que le había parecido "mono". Mono de adorable, no de animal. ¿Qué punto de mi aspecto era "mono" exactamente?
Esbocé una sonrisa tirante, antinatural.
—¡No sabía que estábamos jugando a decir a qué nos recuerda el otro! Me toca a mí. Tú me recuerdas a una cabrona. Por los cuernos, claro. —Le guiñé un ojo mientras agradaba mi sonrisa una vez más. Deslicé la lengua por mis dientes.
Volví a beber. Aunque la mitad de mi rostro permanecía en penumbra, me sentí amparada por la jarra. Noté calor en mis mejillas. Que le parece mono, dice, repetí para mis adentros. Calma, has venido aquí a alcoholizarte después de haberte cargado a unos marines hace poco; si pretendes pasar desapercibida montando bronca porque alguien te ha llamado adorable, no estás haciendo muy bien tu trabajo, continué en mi mente para sosegarme. ¡Y no puedes pasar desapercibida contra gente que te saca doscientas cabezas!
No solía escucharla mucho, pero la voz de la razón a veces —solo a veces— conseguía calmar mi mala hostia.
Al igual que Peteiro, la chica también quiso saber cómo me llamaba. De hecho, se dirigió a mí como "joven de ojos bonitos y pelo brillante". ¿Por qué hacía eso? Estaba acostumbrada a agasajos por parte de tiparracos que querían meterme en su cama, así como a miradas de diferentes tipos de personas dado lo peculiar de mi aspecto, pero no solían halagarme de forma tan... ¿bonita?
Hasta que me llamó panda. ¿Panda? ¿En serio, panda? Me habían llamado muchas cosas, pero ¿panda?
Me tembló el párpado izquierdo.
¿Me estaba comparando con un oso?
Luego dijo que le había parecido "mono". Mono de adorable, no de animal. ¿Qué punto de mi aspecto era "mono" exactamente?
Esbocé una sonrisa tirante, antinatural.
—¡No sabía que estábamos jugando a decir a qué nos recuerda el otro! Me toca a mí. Tú me recuerdas a una cabrona. Por los cuernos, claro. —Le guiñé un ojo mientras agradaba mi sonrisa una vez más. Deslicé la lengua por mis dientes.
Volví a beber. Aunque la mitad de mi rostro permanecía en penumbra, me sentí amparada por la jarra. Noté calor en mis mejillas. Que le parece mono, dice, repetí para mis adentros. Calma, has venido aquí a alcoholizarte después de haberte cargado a unos marines hace poco; si pretendes pasar desapercibida montando bronca porque alguien te ha llamado adorable, no estás haciendo muy bien tu trabajo, continué en mi mente para sosegarme. ¡Y no puedes pasar desapercibida contra gente que te saca doscientas cabezas!
No solía escucharla mucho, pero la voz de la razón a veces —solo a veces— conseguía calmar mi mala hostia.
Tuve que hacer verdaderos esfuerzos por controlar el temblor que la incipiente furia quería causarme. Fue como meter la mierda bajo la alfombra.
Decidí cambiar de tema:
—Peteiro —señalé al tipo de dientes peligrosos—, Eaa —señalé a la que me contrariaba con sus halagos—, Mandarina —señalé al gatito negro como la noche—. Supongo que es justo que también yo me presente. Soy Maeve.
Sí, es cierto, al principio no quise revelar esta información. Ah, me gusta tan poco hablar sobre mí... Aunque, si alguien tiene que señalarme por mis delitos, lo que reconocerán no será mi nombre, precisamente. De hecho, ¿a qué cojones estaba jugando? ¿Cómo pretendía estar aún más orgullosa de mi cartel de recompensa si era una doña nadie? ¿Y cómo iba a significar algo mi presencia si me dedicaba a esconderme detrás de una capucha? Pues vaya puta mierda de pirata.
Lo sé, soy mi mayor crítica.
No te emociones tampoco, me dije, ni que fueras famosa. Aquí todo el mundo va a sudar de ti.
Bebí una tercera vez. Fue un trago largo, burbujeante en todos los recovecos de mi boca. Después, tiré de la capucha hacia atrás. De inmediato, mi larga melena blanca quedó libre, al igual que la totalidad de mi rostro.
—¡Joder, qué alivio! —exclamé. Luego, alcé la mirada para mirar ambos rostros y proseguí—: Bueno, ¿y qué os ha traído a este lujoso y magnífico paraíso de alcohol?
Decidí cambiar de tema:
—Peteiro —señalé al tipo de dientes peligrosos—, Eaa —señalé a la que me contrariaba con sus halagos—, Mandarina —señalé al gatito negro como la noche—. Supongo que es justo que también yo me presente. Soy Maeve.
Sí, es cierto, al principio no quise revelar esta información. Ah, me gusta tan poco hablar sobre mí... Aunque, si alguien tiene que señalarme por mis delitos, lo que reconocerán no será mi nombre, precisamente. De hecho, ¿a qué cojones estaba jugando? ¿Cómo pretendía estar aún más orgullosa de mi cartel de recompensa si era una doña nadie? ¿Y cómo iba a significar algo mi presencia si me dedicaba a esconderme detrás de una capucha? Pues vaya puta mierda de pirata.
Lo sé, soy mi mayor crítica.
No te emociones tampoco, me dije, ni que fueras famosa. Aquí todo el mundo va a sudar de ti.
Bebí una tercera vez. Fue un trago largo, burbujeante en todos los recovecos de mi boca. Después, tiré de la capucha hacia atrás. De inmediato, mi larga melena blanca quedó libre, al igual que la totalidad de mi rostro.
—¡Joder, qué alivio! —exclamé. Luego, alcé la mirada para mirar ambos rostros y proseguí—: Bueno, ¿y qué os ha traído a este lujoso y magnífico paraíso de alcohol?
CANCIÓN EN LA CANTINA
RESUMEN
KARMAS RELEVANTES
