[Presente Relativo]Rencillas antiguas y deudas que saldar
#9
La inconfundible voz de Shirohime, así como su extraña aura hicieron acto de presencia juntas y en compañía la una de la otra en el puerto de Mogaro en uno de los momentos más peligrosos de su historia. A Bambú le sorprendió que la muchacha estuviera allí, pero si había acudido tenía que ser porque Kisuke la había convocado. Un retumbar distante alertó a Bambú de que Shirohime no sería la única en acudir a la llamada, y era lógico, porque si la princesa había sido informada de la situación, el gigante también lo habría sido en calidad de capitán. —Cielos, comandante, tan pronto... —Quizás estaba siendo excesivamente protector con sus muchachos. Algún día tendrían que poder enfrentarse a presencias tan imponentes como la de La Catástrofe, pero sus auras tenían un brillo tan apagado en comparación... Ambos tomaron posiciones a los lados del mariscal. La una a su derecha, el otro a su izquierda. Shirohime vestía las usuales prendas que las chicas solían esconder debajo de otras prendas más opacas, pero por lo menos vestía con orgullo el manto de los Toros Negros. Kelvin vestía su habitual túnica negra con diversos complementos del mismo color.

El Niebla de Guerra continuaba acercándose sin que los ejércitos comunistas de la República Popular Bananera de Mogarolandia hicieran nada por impedirlo. Bambú se preguntó si no debería haber convocado, por lo menos, a un par de modestos contingentes de infantería para imponer, pero de poco iban a servir contra los monstruos que tenían por delante de todas formas. Conforme el navío enemigo entraba en el radio de detección de su haki de observación, las auras de sus ocupantes brillaron en el horizonte como faros en la noche. Un color que no había visto nunca, que bailaba con el vaivén llameante de una hoguera increíblemente brillante, envolvía por completo la presencia de Ashura, que en aquellos momentos gritaba como un loco la palabra gigante y demostraba una excitación en su rostro que Bambú no hubiera creído posible. Ignoraba que tuviera sentimientos. En nivel de poder, quizás un poco por debajo del aura de La Catástrofe, una electricidad que oscilaba entre el gris y otro color que era incapaz de identificar correctamente delataba la minúscula figura de Korg, Li Quitístrifi, porque era más chiquito pero seguramente igual de peligroso, por mucha apariencia de simpático señor de bar que tuviera. Por último, otra aura llameante entre el gris y el amarillo delataba al tercer y último miembro de los Mushoku que les visitaría aquella tarde, que no era otro que Quetzalli Jr. o El Heraldo, como se le conocía habitualmente. —No veo a la rana. —Comentó entre dientes, más hablando consigo mismo que con nadie en particular. —Ni al loco que decía que nos iba a hundir el barco, o algo así. —Se acababa de acordar de él, pero su nombre se escapaba de las manos de su memoria como un mosquito cabrón en una noche veraniega.

El barco terminó de llegar al puerto, rematando su movimiento a unos treinta metros del cuarteto revolucionario encabezado por Kisuke. Mientras Korg y Quetzalli Jr. se acercaban al borde del barco para decir algo desde la cubierta, Ashura se lanzó a volar desde el barco hasta delante de los revolucionarios, algo que hizo tan rápido que Bambú no pudo seguir a simple vista. Cuando el demonio aterrizó a unos 10 metros de Kisuke y, por lo tanto, a 13 metros de Bambú, el mink contempló impertérrito cómo el oni demostraba el profundo odio que sentía por él con un escupitajo al suelo después de mirarle. Le sostuvo la mirada sin mostrar miedo, aunque sabía de sobra que su aura era más brillante que la suya propia. Sus intenciones no parecían aún así hostiles, ni siquiera las más profundas demostraban la menor intención de atacar en aquel preciso instante. Mientras aquella bestia sedienta de sangre se regalaba los ojos admirando la estatura de Kelvin, desde lo alto de la cubierta del barco, el pequeño tontatta se aventuró a saludar primero.

Habían parado a mear decía, qué salao. Si no le tuviera un asco terrible a su capitán hasta le caería bien, quizás en detrimento de la seguridad de la República Bananera en la que habían convertido aquel reino del pasado. Quetzalli Jr. no se quedaba atrás en jocosidad, decía que aceptaría un zumo de mango en vaso escarchado con chamoy, tajín y picante. La mitad de esas cosas Bambú no las conocía, porque esa clase de conocimientos se aprendían en unos libros muy diferentes a los que él consultaba en sus ratos libres. Después dijo que tenía muchas ganas de hablar con él. —¿Conmigo? —Se quedó perplejo, porque ¿por qué iba a querer El Heraldo charlar con él? ¿Y de qué? —Claro, ¿por qué no? Encontraremos un bar donde te preparen esa bebida que quieres y podrás decirme lo que tengas que decirme. —Le pareció una respuesta diplomática y adecuada con la situación. No negaría que sentía una inmensa curiosidad por lo que aquel enmascarado tenía que decirle. —Y podéis bajar del barco si queréis, que no vamos a bombardearlo, honhonhon. ¿Dónde están el resto? Creí que Gaeru vendría a cobrar la deuda. —

Mientras tanto, Ashura ya había empezado a insultar a Kisuke, hablaba de esclavizar a Kelvin y parecía creer que se estaban beneficiando a Shirohime entre todos, lo cual... Bueno, es que iba desnuda, normal que la gente pensara aquellas cosas. Pero no podía reprimir los impulsos libertinos de una fiel seguidora de la doctrina de Gol D. Ick. Menos mal que Berry no estaba con ellos, que a saber dónde se había metido aquella chica, porque entonces sí que saldrían en el periódico como un grupo de pervertidos que sólo admiten a mujeres semidesnudas entre sus filas en lugar de como el terror comunista que se apropia de la Navidad, que es mucho más divertido (y cierto). Sea como fuere, Kisuke respondió a la sarta de improperios del oni con su propia colección de insultos. Algunos de ellos Bambú no los había escuchado nunca. Verdaderamente eran enemigos mortales. Miró brevemente a Korg y a Quetzalli mientras aquel fogoso intercambio tenía lugar. ¿Qué estarían pensando ellos de la situación? ¿Controlarían el temperamento de Ashura o cederían a sus impulsos irracionales y comenzaría una cruenta batalla que se extendería como un incendio por toda la isla? Kisuke estaba enumerando las condiciones bajo las cuales los Mushoku podrían quedarse en aquella isla. Le parecía imposible que aquellos piratas pudieran contenerse lo más mínimo, pero entonces llegó el caramelo. El premio que el comandante le ofrecía al Shichibukai a cambio de una estancia pacífica en aquella isla: un duelo de espadachines. —Oe... —No se aventuró a interrumpir el intercambio entre ambos. Kisuke se estaba jugando la vida con aquella promesa. Estaba seguro de que había algo de orgullo en aquel desafío, siempre lo había, pero también estaba seguro de que el espadachín quería desviar toda la atención del demonio hacia sí mismo, protegiendo así a toda la isla. Guardó silencio, esperando la respuesta del oni antes de interceder de ninguna manera.

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RE: [Presente Relativo]Rencillas antiguas y deudas que saldar - por Max D. Bambú - 22-09-2026, 12:09 AM

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