Leyenda
Escuché el comentario del gyojin acerca de su amigo, hasta que sentí algo en mi pierna. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, desde mi rodilla, llegando hasta mi nuca. Sentí como se me erizaban los pelos de los brazos, mientras esta movía la mano.
Mantuve la respiración y me tensé, casi de forma instintiva, hasta que esta finalmente quitó la mano. - ¡Pero qué haces! - exclamé, casi levantándome de la silla al apartarme. - Ni se te ocurra volver a hacer eso. - le dije, aunque estoy muy segura de que la mujer estaba demasiado ocupada riendose como para hacerme caso. Me encogí levemente, hasta que vi que Mandarina estaba algo alterado por mis acciones. Le cogí en brazos, acariciándole suavemente.
- No, si tú tampoco eres mi tipo, pandita... - pensé, mientras a la vez que calmaba al felino me calmaba yo también.
Escuché las palabras de consuelo de Peteiro. - Gracias Peteiro - le sonreí - No te preocupes, tampoco me interesa.
- Pues sí, me gusta leer, pandita. - le respondí, algo seca tras lo acontecido. Realmente que esta me tocara la pierna no me había gustado un pelo. Seguía teniendo mal cuerpo. Aunque levemente, me temblaban las manos y una pierna y mi apetito había desaparecido por completo. En aquel momento Mandarina era mi único consuelo y se lo hacía saber por medio de los mimos que le daba.
- ¿A vosotros os gustan los animales? - pregunté, interesándome, intentando distraerme con algo - ¿Maeve, Peteiro,... Balban?
Resumen
Karmas Relevantes
