[Presente Relativo] La edad dorada
#11
Suspiré pesadamente al ver que la oleada de calor eliminó la nueva forma de aquella chiquilla, volviendo a mostrarse como la cría de gigante de cuatro metros que inicialmente se había dispuesto a seguirme. Otra decepción. Otra persona que no era capaz de soportar mi 'saludo', o carta de presentación, o movimiento inicial... lo llamases como lo llamases. Era una habilidad fascinante: podía dañar en área, podía dañar a distancia, y podía hacerlo además de forma invisible. Podía mantener un factor sorpresa suficiente como para decantar las cosas a mi favor siempre que no se difundiesen muchos rumores sobre mi habilidad, algo que se podía conseguir fácilmente eliminando a todos los contrincantes que enfrentase y no dejando testigos... pero era una medida demasiado drástica y un esfuerzo demasiado mayúsculo para algo que era cuestión de tiempo que se fuera extendiendo en mayor o menor medida. Volví a suspirar. Tenía frente a mi una chiquilla que no era capaz de mantener su transformación y recibir uno de mis ataques caloríficos, y yo me había hecho vagas ilusiones con ella. Si había derrotado a un adulto, obviamente iba a poder derrotarla a ella... pero era demasiado iluso o un ignorante de la vida.

Al menos había aguantado y no había caído muerta al suelo, y eso, aunque corto, era un consuelo. Pero en lugar de obtener una respuesta al alcance, obtuve palabras molestas, picajosas. Palabras que sólo mantenían el fuego de una ira latente. Las palabras de aquella muchacha me provocaban a continuar. Me invitaban a ir hacia ella y desquitarme usando su cuerpo como foco de dolor. Me instaban a construir para ella una armadura de sufrimiento... y mientras tanto ella volvía de nuevo a transformarse. ¿Quería proximidad? — Tu lengua es un arma peligrosa — le dije y me miré la mano vacía  — Y cuando se manejan armas peligrosas hay que estar a la altura para no salir herido — añadí y volví a mirarla a ella, cambiando la postura. Tendría proximidad.

Estaba de frente a ella, sin lateralizar mi cuerpo lo más mínimo, a una distancia de catorce metros. Mis pies a la altura de mis caderas, mis rodillas flexionadas en un ángulo obtuso. Mi espalda estaba ligeramente arqueada hacia delante haciendo que en conjunto mi posición fuera aun más pequeña que de costumbre. Ein Hauch descansaba sobre mi hombro izquierdo y estaba sujeto por la mano del mismo flanco, mientras que mi brazo derecho permanecía colgando inerte en la parte frontal de mi postura. la escuchaba invitarme a pelear usando nuestras armas y pidiéndome - de forma bastante ilusa - que dejase de ser una estufa. Aguda, pero ingenua. ¿Por qué iba a contenerme?. Los depredadores no se regulan a la hora de acabar con una presa.

— Está bien, niña — dije alto y claro, y sacudí la diestra hacia el flanco derecho, como dando un latigazo con la extremidad, manteniendo el puño cerrado con tanta fuerza que hasta parecía vibrar — Estaba guardando esto para alguien que estuviera a la altura — entonces el puño, guante incluído, se mostró de un tono anaranjado que iba subiendo su intensidad y brillo hasta comenzar a emular ser un pequeño sol en miniatura — ¿Tú vas a estar a la altura? — pregunté con sorna ladeando un poco la cabeza y bajando a Ein Hauch al suelo, apoyando su extremo en él, en mi flanco izquierdo. Ahora mi postura que se mantenía inalterable en mi tren inferior, mostraba mis dos brazos extendidos hacia sus respectivos lados, uno sosteniendo mi arma y otro conteniendo el poder del sol.

— ¡¡ S T E A M    E N G I N E !! —


Y golpeé con mi propio puño candente al rojo vivo directamente en mi corazón. El impacto fue fuerte, duro, seco y hasta me hizo retroceder un paso. El calor del puño desapareció al momento. El brazo cayó de nuevo aparentemente inerte, y al segundo, mi piel se tornó de color rosado brillante y de los agujeros de mi casco comenzó a brotar un vapor denso y blanquecino, similar al vapor que se obtiene al hervir agua, que iban ganando volumen e intensidad progresivamente, al mismo tiempo que brotaba de las otras zonas visibles de mi piel como mi escote o mis antebrazos. Alcé la mirada en dirección a la chiquilla y flexioné ligeramente los codos adoptando con la mano izquierda la posición de una garra.
— ¡No me decepciones! — grité casi exigiéndoselo, y en un instante recorrílos catorce metros que nos separaban a ambos dejando tras de mi una estela de vapor similar a las de los trenes ,para, una vez estando frente a aquel monstruo, incrementando el tamaño de mis músculos del brazo engrosando sus venas haciendo acopio de absolutamente todas mis fuerzas, golpear hacia arriba con mi arma blandiéndola con la zurda en dirección a sus vientre, donde se notaba que tenía la quemadura fruto de mi anterior ataque, buscando impactar con el ataque más rápido, más fuerte y más destructivo que sin duda era capaz de realizar al mismo tiempo que el frenesí de la batalla se desbordaba de mi emitiendo otra ola de calor incontrolada pero mucho más débil que la anterior.

— ¡¡ H E L L ' S    B E L L S !! —

Y tras el impacto resonó fuertemente por aquel páramo el tañido de una lúgubre y funesta campana eclesiástica, como si el sonido de aquel golpe quisiese indicar el camino hacia un lugar del que no se puede volver... Una vez hecho el golpe, salté de un pie al otro con agilidad y soltura, como los boxeadores que rebotan en su sitio en el ring mientras el vapor continuaba saliendo de forma densa - principalmente - de las aperturas circulares de mi casco — ¡¡WRYYY HA HA HA!! — reí mientras blandía el arma en círculos, a mi flanco izquierdo, parado a menos de un metro de aquella monstruosa niña que volvía a perder la forma de criatura extraña que trataba de usar en mi contra, sin éxito por el momento, de nuevo — ¡Eres dura! ¡Eso me gusta! — grité de nuevo, dejando de rebotar y llevando el kanabo hacia atrás flexionando un poco las piernas — No te desmayes todavía ¿vale? — le pregunté retóricamente a la muchacha.
Le había propinado el golpe más fuerte y colosal que podía realizar y no sólo lo había aguantado sin caerse al suelo o salir por los aires, si no que ¡todavía seguía viva!. Tenía problemas para controlar su transformación y esa iba a ser su perdición, sin duda alguna, pues su fuerza de voluntad no era la suficiente como para aguantar esta clase de potencia de golpe, pero sin duda parecía tener el potencial suficiente como para ser interesante en el futuro. Podía ser la persona que estaba buscando.





Disculpas

Bélico
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[Imagen: mz3XEoL.png]
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