[Presente relativo] - Una calma extraña
#16
     Fantasma.
     Demasiadas cosas asociadas a esa palabra que, a la vez, formaba parte de mí como un miembro más.
     Escuché a Peteiro pedirme que no lo analizase. Aquel no era mi trabajo, no soy loquera ni investigadora y tampoco me interesa, pero supongo que le incomodó que ahondase en sus aparentes incongruencias. Una vez más, no era de mi incumbencia.
     Con respecto a Eaa, parece que no recibió muy bien mi broma. No la culpo, si me hubiesen hecho lo mismo probablemente ya tendría el látigo en la mano. Luego me dio una advertencia.
     Joder, cómo están los ánimos por aquí, pensé.
     Y por estas cosas es que no suelo socializar. No se me da bien. 
     Peteiro se había levantado de su silla hacía unos segundos y yo, en la mía, me preguntaba qué coño estaba haciendo compartiendo mesa —por idea mía, por cierto— con gente con la que no tenía nada en común. Bueno, una puede no tener nada en común con otras personas y aun así, por alguna razón, congeniar. Pero ni eso. Aquello era una estúpida pérdida de tiempo.
     En fin, traté de agudizar el oído una vez más para espiar la conversación de los tipos de la mesa de al lado, pero o habían bajado la voz o el ruido del resto de borrachos había aumentado. Ambas, tal vez. 
     Ya no sonreía. Ya no me divertía. Tampoco es que estuviese teniendo la noche de mi vida antes, pero dejé de verle sentido a todo aquello.
     Eaa contó que le gustaba leer. Enhorabuena.
     —Sí, son simpáticos —respondí, con el mismo tono de voz que había recibido, a la pregunta de la tipa enorme.
     De hecho, la gente a la que no le gustaban los animales me daba asco, pues solían no tener respeto por ellos y cometer verdaderas atrocidades. Y los animales, a diferencia de los humanos y otro tipo de seres, no conciben la maldad. Por eso, en la mayoría de las ocasiones, la gente no me daba ninguna lástima. Yo incluida, que nunca fui un ángel. Aunque, por supuesto, a mí sí me quiero.
     Terminé mi cerveza de un trago y la dejé sobre la mesa. Me puse en pie.
     —En fin, ha sido un placer conoceros a los dos —pura cortesía—, pero me tengo que marchar. —Nadie me obligaba—. Espero que tengáis una muy bonita noche, Eaa y Peteiro.
     Comencé a andar. 
     No había dado ni dos pasos cuando, de pronto, la puerta de la cantina se abrió.
     Cinco marines uniformados cruzaron el umbral.
     Me detuve en seco.

RESUMEN


KARMAS RELEVANTES
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RE: [Presente relativo] - Una calma extraña - por Maeve Knox - 20-12-2023, 03:54 PM

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