[Presente Relativo] | La Sombra Del Ancla | [Aventura T1] [Vixen & Fumi]
#10
La esperanza del hombre que había cargado el bate pareció iluminarse en su rostro en el momento que el impacto acertó de lleno en la cabeza de Fumi. No solo eso, también la confianza de realizar un segundo golpe... Si no fuera que fue total y completamente inútil. ¿No había podido hacerle nada? Retrocedió un par de pasos, pero no fueron suficientes para evitar el impacto del primer golpe que vino de lleno por parte de la muchacha, ajeno a la sensación que parecía tener con la mujer conejo. Y no solo eso, aparentemente el resto de sus acompañantes también cayó, uno de ellos casi salió volando, aterrizando con un impacto contra el suelo después de un golpe giratorio que lo tomó totalmente desprevenido.

¿La Humink? Más de lo mismo, el grupo de dos que se abalanzaba contra ella parecía más que preparado para dejarla al suelo y, sin embargo, su fuerza y velocidad fueron demasiado para los varones, quienes, al igual que el resto de sus compañeros, terminaron inconscientes, heridos e inertes en el suelo. Un trabajo en equipo entre las dos luchadoras que, pese al caos de su alrededor, nadie diría que acababan de conocerse (si es que así era), ya que su nivel de coordinación había resultado tan impactante como inesperado para los que se habían confiado. Ni un solo cobrador parecía estar en pie, y a saber si es que alguno de ellos sobrevivía a esa tremenda paliza de las dos mujeres.

Durante unos segundos y, después de que la Humink terminara de conversar con Centella, nadie, absolutamente nadie dijo nada. El silencio que quedó después de la última caída casi resultaba extraño. Quién iba a decir que apenas hacía unos instantes ese lugar había estado lleno de gritos, amenazas, golpes, y muebles volando por los aires. Ahora, sin embargo, solo quedaba el sonido de un cristal, una de las pocas botellas que seguían intactas, rodando por el suelo, muy lentamente, hasta chocar con la pata de uno de los muebles rotos, no llegando a romperse, pero sí con el sonido característico que emitía el cristal. 

Uno de los cobradores había quedado tendido, inconsciente, boca arriba, junto a la entrada; otro sobre los restos de una mesa y el resto desperdigados por el local, totalmente incapaces de siquiera mover un solo músculo, con un final totalmente distinto a como esos diez hombres hubieran imaginado jamás. Los pocos clientes que quedaban, que hasta entonces habían permanecido escondidos detrás de algunas mesas volcadas, finalmente tomaron el valor de ir asomando poco a poco sus cabezas y contemplar lo que parecía el final de aquella disputa. No parecían seguros de que eso hubiera terminado, más viendo la sangre que la Humink parecía que todavía tenía en su cuerpo. Eso sí, el camarero fue el primero en comprenderlo, contemplando a los hombres que habían entrado a exigirle el pago de la deuda. A continuación, observó su alrededor, primero la entrada, destrozada por la entrada de Fumi, luego las mesas hechas pedazos por los cobradores y las chicas, el suelo que las dos mujeres habían dejado destrozado y sin compasión, las botellas destruidas por la Humink, una columna que posiblemente necesitaría mucho más que un simple trapo para tomar su verdadero aspecto y, finalmente, su barra, una de las pocas cosas que parecía... “medianamente” decente, si no fuera por el gran rastro de sangre que había quedado por el hombre que hasta entonces había tenido la voz cantante. Su expresión, en cambio, quedó totalmente vacía por unos segundos, dejando escapar dos simples palabras con un hilo de voz.

—Mi taberna...

Aquellas palabras salieron de su boca con una resignación tan profunda que casi resultaba más dolorosa que cualquiera de los golpes que había recibido durante aquella noche. Fue entonces que escuchó la voz de Vixen anunciando que ya no debía nada. El hombre levantó lentamente la mirada hacia ella, tratando de sonreír. Lo intentó, no era mentira, realmente lo intentó... Pero apenas pudo asomar —Ojalá fuera tan sencillo... — respondió con el mismo hilo de voz. Se apoyó contra la barra, evitando tocar la sangre directamente, soltando un suspiro mientras observaba una vez más el desastre que había quedado a su alrededor como si quisera despertar de una pesadilla. —Pero no.... Esa deuda dudo que desaparezca de la noche a la mañana... — Por primera vez desde que todo aquello había comenzado, su voz dejó de sonar únicamente asustada, siendo sustituido por un tono cansado. MUY cansado.

—No era mentira cuando estos hombres decían que dinero, eso es cierto. Hace seis meses pedí un préstamo que no podía permitirme. — El camarero bajó la mirada hacia sus propias manos —Mi... mi madre enfermó... — Hubo una breve pausa al momento que cerraba sus manos y sus ojos, por algunos segundos, con las dos manos en la cara. —El tratamiento era demasiado caro. Muchísimo más de lo que alguien como yo podía pagar. Intenté conseguir el dinero por mi cuenta, pedí ayuda, vendí todo lo que podía vender... y al final no tuve otra opción... — Una nueva pausa, apartando las manos de su rostro, buscando la mirada de las dos mujeres que, pese al desastre, lo habían ayudado esa noche —Así que pedí prestado. — No parecía orgulloso de aquello, pero tampoco arrepentido. —Me dijeron que tendría tiempo para devolverlo. Que mientras pagara poco a poco, no habría problemas. — Soltó una pequeña risa amarga. —Y lo estaba haciendo, pero cada vez pedían cantidades más y más grandes... Supongo que seis meses son mucho tiempo cuando eres tú quien espera el dinero. — El hombre dirigió entonces la mirada hacia los cobradores.

—Pero no esperaba que mandaran a diez hombres.

Su expresión cambió ligeramente —Y mucho menos que estuvieran dispuestos a destrozar el local para conseguirlo. — Uno de los clientes, todavía escondido detrás de una mesa, murmuró algo entre dientes que no se pudo escuchar claramente. Otro, quien sí pareció hacerlo, asintió con la cabeza y comenzó a ayudar a levantar una silla. El camarero los observó durante unos instantes antes de volver a mirar a las dos jóvenes. 

—Pero supongo que... gracias.

Esta vez la sonrisa sí apareció, era pequeña y cansada, pero totalmente sincera. —No sé cómo voy a pagar la reparación de todo esto... — Su mirada volvió a recorrer el local —Pero al menos esta noche nadie va a volver a entrar por esa puerta para amenazar a mis clientes. — Hizo una pausa y entonces recordó algo, con los ojos volviendo a uno de los individuos, viendo a la mujer conejo registrarlo. No sabía qué pensar, ni si quedaba algo de su cara tampoco. —Aunque... debo decir... — Murmuró con una expresión algo más seria, ahora encontrando con la mirada al último hombre que había aparecido como sorpresa — Ese hombre dijo algo antes. Habló de un “Jefe”. Ese hombre dudo que fuera el jefe de este grupo. — Señaló al derrotado, quien había hecho mención al mismo. Aunque no lo conocía de nada, eso sí se le quedó grabado en la cabeza. —Dijo que “El Jefe” no estaría contento cuando supiera lo ocurrido. No sé quién es... Y siento que significa que es algo más grande de lo que pensé que era... — El camarero negó lentamente con la cabeza —Y, sinceramente, tampoco quiero saberlo. — Después de todo lo ocurrido aquella noche, parecía que por una vez aquella era una respuesta perfectamente razonable. El hombre se giró hacia la barra y comenzó a recoger, casi por costumbre, algunos de los vasos que todavía habían sobrevivido al desastre... Si es que quedaba alguno. Pudo recoger un par, solo para contemplar el restante destrozados, otros rotos por la mitad... Los dejó sobre la barra, a un lado de donde había quedado ese rastro de sangre que sabía también le iba a tocar limpiar y dejó escapar un suspiro.

—Voy a necesitar vasos nuevos.

Miró alrededor. —Mesas nuevas... Una puerta nueva... Y hasta un suelo nuevo... — Finalmente, levantó la mirada hacia las dos jóvenes. —Y creo que voy a necesitar clientes nuevos. — La tensión que había permanecido en el ambiente durante toda la noche comenzó poco a poco a aliviarse. La pesadilla, al menos por ahora, parecía haber terminado. No podía decir lo mismo de la deuda, que lejos de disminuir ahora se había ampliado con lo ocurrido en la taberna, pero sí que podía respirar un poco más tranquilo sabiendo que esa noche, al menos, podría descansar “en paz”, si es que así se podía decir... El camarero tomó aire, cerrando los ojos unos segundos y, poco después, los volvió a abrir. Como si necesitara recuperar aunque fuera una pequeña parte de la normalidad que había perdido aquella noche, señaló hacia la cocina, que se encontraba detrás de una puerta tras la barra.

—Aunque... creo que todavía queda algo de estofado.

Su mirada se dirigió hacia Vixen, ahora con una pequeña sonrisa algo más sincera. —No sé si después de todo esto seguirá quedando zanahoria, pero puedo intentarlo. — Y mientras el cocinero caminaba hasta la cocina, pensando en cómo demonios iba a reconstruir aquel lugar, los primeros clientes comenzaban a salir de sus escondites, ahora ayudando al camarero a recolocar y recoger algunas de las cosas que quedaban. La bondad de los clientes que quedaban fue silenciosamente agradecida. Esa noche parecía haber terminado, y poco después el camarero salía con dos estofados de zanahoria poco después. El olor impregnó el lugar, mientras el hombre trabajaba de nuevo, recogiendo las cosas. Quién sabe si ese Den-Den Mushi podría llevar a algo más en el caso de la conejita... Y a la justiciera Centella. Por ahora, podían tomar un “descanso”, disfrutar de un recién estofado de zanahoria y sentirse satisfechas de no haber hecho que, al menos, el local se cayera a pedazos por completo, o se derrumbara. 

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
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RE: [Presente Relativo] | La Sombra Del Ancla | [Aventura T1] [Vixen & Fumi] - por Onizuka Jin - Hace 7 horas

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