[Presente relativo] - Una calma extraña
#18
A juzgar por la respuesta de Maeve, parecía que mis palabras le habían molestado. Pensé en cómo podía disculparme y explicarle la situación, puesto que mi intención no era en ningún momento molestarle. Cuando volví de mis pensamientos, vi que me había quedado sola en la mesa. Bueno, sola no, Mandarina estaba sobre la mesa, frente a mí, cogiendo con la uña uno de los trozos de carne y acercándoselo para comerlo.
- No me he despedido - pensé, algo preocupada, buscando a estos con la mirada. No me costó verlos, puesto que no eran precisamente una pareja discreta. - Bueno, yo tampoco paso muy desapercibida - me reí, yo sola.
Escuché las palabras de Peteiro, el cual me invitaba a unirme a ellos. Cogí mi bolsa, hice a Mandarina meterse dentro de mi abrigo y me levanté, dispuesta a acercarme.
- Muchas gracias, Peteiro, pero estoy bastante cansada. Demasiadas sensaciones distintas demasiado rápido para mí. Sois los tres muy interesantes. La verdad es que me habéis caído bien. - Me acercaba lentamente a ellos. - Siento mucho lo de antes, Maeve. Es que no me gusta que me toquen. Me hace recordar cosas que no quiero. Aun así ha sido culpa mía porque tendría que haberlo dicho - sentía como me sonrojaba lentamente, avergonzada por aquellas palabras. - Me habéis caído muy bien. Si queréis mañana podemos ir a dar una vuelta, o tomar algo. Os invito yo. - una sonrisa se dibujó en mi rostro a medida que llegaba a donde ellos estaban - Pasadlo bien, yo voy a lavarme y...
- a mimir. - fue lo único que salió por mi boca, mientras pasaba al lado de estos en dirección a la puerta. No tardé mucho en darme cuenta de lo sucedido.
- Eaa, eres realmente patética. - me decía la voz de mi conciencia - Deja de hacer el idiota y ve ahí a despedirte como es debido. - aceleré el ritmo, agachando la cabeza enormemente avergonzada por tal patética actuación. En aquel momento deseaba que la tierra me tragara, o irme a dormir y no volver a ver a esas dos personas nunca más. Tenía cierto miedo de volver a encontrármelos y que se hubieran molestado, o peor aún, que se burlaran de mí por ser tan patética.

Aparté bruscamente a uno de los hombres que había frente a la puerta, el cual estaba en mi camino.
- ¿Qué crees que haces, monstruo? - exclamó, enormemente molesto.
Me dio completamente igual lo que este dijera. Yo tan solo quería volver a mi habitación a quitarme todo ese barro y mal olor y luego descansar por fin.

Cuando la primera gota de lluvia cayó sobre la blanca piel de mi rostro, me di cuenta de que me había confundido de puerta.
- Perfecto, Eaa. No solo has hecho el ridículo, si no que ahora tienes que volver a entrar y hacerlo otra vez. - me dije, enfadada conmigo misma.
Me giré y abrí la puerta bruscamente, para entrar y dirigirme a la puerta lateral, la cual llevaba a la recepción. Quien sabe si por suerte o por destino, el hombre al que había empujado antes se disponía a salir, seguramente para increparme, llevándose un portazo en la cara. 

- ¡Zorra cornuda! Me ha partido la nariz - exclamó, llevándose las manos a la cara y cayendo al suelo.

Sentí entonces como alguien me agarraba del brazo. - Tú te vienes con nosotros, tarta de fresa cornuda. Te vas a arrepentir de lo que acabas de hacer cuando estemos en el calabozo.

- ¿A quién has llamado tarta, gilipollas? - me giré, amenazándole, viendo entonces que se trataba de un marine, y que estaba rodeada de ellos



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RE: [Presente relativo] - Una calma extraña - por Eaa - 21-12-2023, 10:28 AM

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