21-12-2023, 06:00 PM
En un giro dramático de los acontecimientos, la dupla - ya no tan unida - de Cazador y Marine habían volteado la tortilla y roto algunos huevos. Por un lado, el héroe de los cabos gemelos y la joven promesa de la Marina, Joe, había realizado un ataque conjunto a los enemigos que le rodeaban y pese a estar en inferioridad numérica se había deshecho de sus limitaciones y sus miedos y había decidido tomar el control saltando hacia uno de sus enemigos, el más lejano de todos, imponiendo su fuerza y su velocidad ante su tosca capacidad ofensiva a distancia. Tenía inmovilizado a uno de aquellos malhechores, al amable y elegante de Hawk, el bueno del Mink Jirafa que no había hecho daño a nadie... o a priori eso podría parecer.
Hawk Naverof, un criminal buscado en el North Blue por ser uno de los mayores pederastas de la historia de dicho blue. Con cargos de asalto, violación y asesinato de más de cuatro decenas de menores de edad, era uno de los miembros más antiguos de la banda de los Dalton. Fue derrotado una vez por un joven marine que ahora ostenta un cargo entre los vicealmirantes, quien le partió el cuello y lo encerró en Impel Down, capturándolo, hace unos cuantos años... pero nadie se sorprendía de que apareciesen presos muertos de vez en cuando en Impel Down, y menos aun los tullidos. El caso es que el padre confesional de la prisión, Therens Blackmore, sabía cómo hacer desaparecer a según qué tipo de prisioneros según qué tipo de necesidades se tuvieran. Un cuello nuevo y la capacidad de poder caminar, y hacerlo libre fuera de esas instalaciones fueron el precio para tener a uno de los tiradores más letales del North Blue en las filas de la banda.
Ahora, ese criminal yacía ante las manos de otra joven promesa de los Marines. Hawk recordaba a toda velocidad todo lo que vivió aquel día hará tantos años, cómo recorrió la distancia entre ambos, cómo le sujetó, el giro brutal y rápido y el crujido que invadió todo el habitáculo en el que perdió su libertad, su movilidad, y su orgullo. Ahora, y gracias a la benevolencia del padre Blackmore podía caminar, y podía erguir el cuello... pero nada más. Era el único cuello que podía enderezar. Y para él, ver caramelos como Volcano, inocentes, puros y descuidados, sin la posibilidad de ser disfrutados, era una tortura constante que pagaba el precio de escapar de aquel infierno. Luchaba contra sus demonios a diario.
— ¡Mgphmfm! — trató de decir Hawk, sin éxito ninguno, dándo un puñetazo sin fuerza al cuerpo del marine y sintiendo la mordaza de la justicia de Joe sobre su hocico e impidiéndole disparar. Pero sabía que era cuestión de un poco que Blackmore y Minaya fueran a ayudarle a quitárselo de encima. Confiaba en ellos.
Minaya por su parte trataba de levantarse cuando sintió un ataque feroz y rápido en dos puntos distintos de su cuerpo. Las piernas y la cabeza. Dos cortes, suficientes como para dejarle marca cuando terminasen de curar, mientras ella pensaba en qué habría pasado o cómo se habría podido dar la situación. Minaya estaba en la banda de los Dalton casi por el destino. Su madre se llamaba Gerthud Blackmore, y era la hermana de Therens. Murió cuando Minaya apenas era un bebé, a manos de un infame pirata de los mares del Grand Line que más tarde formaría una banda de saqueadores y contrabandistas: Nimda Leyos, el líder de los Dalton. La historia es enrevesada y complicada hasta el punto de que Blackmore asumió la crianza de la chica y juró vengar a su hermana, empezando a torturar prisioneros en Impel Down para sacarles información sobre aquella bestia, sin éxito, perdiendo su bondad, su fe y sus votos. Con el paso de los años, Nimda le encontró a él y digamos que Minaya era el motivo por el cual el padre había decidido colaborar con la institución y abandonar su cargo en las instalaciones penitenciarias del Gobierno. Minaya no sabía nada de esto. Ni que Blackmore era su tío - pues lo creía su hermano - y había trabajado en Impel Down, ni que Nimda había asesinado a su madre, ni tampoco que ahora tenía subyugado a Therens de alguna forma para obligarle a trabajar para él.
Minaya no sabía nada. Pero podía imaginarse quién le había atacado, pues sólo estaba con aquel apuesto mercenario y su "hermano", y este nunca la dañaría. Así que su misión era advertirle del peligro a su benefactor para que también pudiera ayudarla — ¡Kyaaah! — gritó entre lágrimas presa del dolor, tambaleándose e intentando levantarse sin éxito.
Blackmore por su parte pudo ver a Joe salir despedido por encima de él y dirigirse hacia Hawk y enfocó su vista en esto, frunciendo un poco el ceño y molesto por la habilidad del Marine. Geppo... la conocía bien. Sus años como lo que podría ser un funcionariado de la fé le había permitido ver agentes de cuerpos especiales trayendo y llevándose presos y moviéndose por las instalaciones usando esa técnica, pasando de un piso al siguiente con facilidad. Era un problema, pues si Joe Nameless conseguía escapar de aquí, su tapadera y su vinculación con esta banda criminal quedarían al descubierto y podría perder su estatus, su cargo y sus beneficios no solo parroquiales, si no también institucionales y gubernamentales. Tenía que morir a como diera lugar, y tenía que obligar al cazador a hacerlo para poder tener pruebas contra él en caso de querer revelarse y poder chantajearlo con denunciarlo por el asesinato de un marine en ciernes y poner precio a su cabeza. Así fue como mientras Joe aterrizaba y realizaba sus justicieros actos con Hawk, Blackmore se giró para poder ver a Viktor vagamente en pie, dándole la espalda y traicionando su pacto, atacando dos veces a Minaya quien aun estaba tendida en el suelo.
La ira y la frustración se apoderaron de él, la fe en su santo señor había desaparecido y ahora sólo era un adalid de la locura y la sangre. Y ese hijo de la gran puta vendido iba a conocer el dolor de traicionar un pacto ante Dios. Rápidamente sacó del bolsillo una especie de cuerda enroscada y cargando el brazo hacia atrás mientras el espadachín guardaba su arma mirando a la muchacha y le dedicaba unas cruentas palabras, propició un latigazo brutal cuyo relampageánte sonido inundó la sala al mismo tiempo que el grito de Minaya, dando un golpe directo hacia la nuca del espadachín con todas las fuerzas que podía, la suerte de su lado, el poder de Dios y su extraña arma: un rosario gigante que terminaba en un crucifijo en punta. Con este, apuñaló la base del cuello del cazador por la espalda y le perforó produciéndole una herida considerable, recogiendo su látigo con otro tirón seco.
— ¡El juicio de Dios es claro! — bramó el sacerdote fuertemente — ¡El trato queda anulado y vosotros sentiréis la ira de mi señor! — gritó de nuevo, encarándose para enfrentar al espadachín o actuar en base a lo que este quisiera o esperase hacer.
Hawk Naverof, un criminal buscado en el North Blue por ser uno de los mayores pederastas de la historia de dicho blue. Con cargos de asalto, violación y asesinato de más de cuatro decenas de menores de edad, era uno de los miembros más antiguos de la banda de los Dalton. Fue derrotado una vez por un joven marine que ahora ostenta un cargo entre los vicealmirantes, quien le partió el cuello y lo encerró en Impel Down, capturándolo, hace unos cuantos años... pero nadie se sorprendía de que apareciesen presos muertos de vez en cuando en Impel Down, y menos aun los tullidos. El caso es que el padre confesional de la prisión, Therens Blackmore, sabía cómo hacer desaparecer a según qué tipo de prisioneros según qué tipo de necesidades se tuvieran. Un cuello nuevo y la capacidad de poder caminar, y hacerlo libre fuera de esas instalaciones fueron el precio para tener a uno de los tiradores más letales del North Blue en las filas de la banda.
Ahora, ese criminal yacía ante las manos de otra joven promesa de los Marines. Hawk recordaba a toda velocidad todo lo que vivió aquel día hará tantos años, cómo recorrió la distancia entre ambos, cómo le sujetó, el giro brutal y rápido y el crujido que invadió todo el habitáculo en el que perdió su libertad, su movilidad, y su orgullo. Ahora, y gracias a la benevolencia del padre Blackmore podía caminar, y podía erguir el cuello... pero nada más. Era el único cuello que podía enderezar. Y para él, ver caramelos como Volcano, inocentes, puros y descuidados, sin la posibilidad de ser disfrutados, era una tortura constante que pagaba el precio de escapar de aquel infierno. Luchaba contra sus demonios a diario.
— ¡Mgphmfm! — trató de decir Hawk, sin éxito ninguno, dándo un puñetazo sin fuerza al cuerpo del marine y sintiendo la mordaza de la justicia de Joe sobre su hocico e impidiéndole disparar. Pero sabía que era cuestión de un poco que Blackmore y Minaya fueran a ayudarle a quitárselo de encima. Confiaba en ellos.
Minaya por su parte trataba de levantarse cuando sintió un ataque feroz y rápido en dos puntos distintos de su cuerpo. Las piernas y la cabeza. Dos cortes, suficientes como para dejarle marca cuando terminasen de curar, mientras ella pensaba en qué habría pasado o cómo se habría podido dar la situación. Minaya estaba en la banda de los Dalton casi por el destino. Su madre se llamaba Gerthud Blackmore, y era la hermana de Therens. Murió cuando Minaya apenas era un bebé, a manos de un infame pirata de los mares del Grand Line que más tarde formaría una banda de saqueadores y contrabandistas: Nimda Leyos, el líder de los Dalton. La historia es enrevesada y complicada hasta el punto de que Blackmore asumió la crianza de la chica y juró vengar a su hermana, empezando a torturar prisioneros en Impel Down para sacarles información sobre aquella bestia, sin éxito, perdiendo su bondad, su fe y sus votos. Con el paso de los años, Nimda le encontró a él y digamos que Minaya era el motivo por el cual el padre había decidido colaborar con la institución y abandonar su cargo en las instalaciones penitenciarias del Gobierno. Minaya no sabía nada de esto. Ni que Blackmore era su tío - pues lo creía su hermano - y había trabajado en Impel Down, ni que Nimda había asesinado a su madre, ni tampoco que ahora tenía subyugado a Therens de alguna forma para obligarle a trabajar para él.
Minaya no sabía nada. Pero podía imaginarse quién le había atacado, pues sólo estaba con aquel apuesto mercenario y su "hermano", y este nunca la dañaría. Así que su misión era advertirle del peligro a su benefactor para que también pudiera ayudarla — ¡Kyaaah! — gritó entre lágrimas presa del dolor, tambaleándose e intentando levantarse sin éxito.
Blackmore por su parte pudo ver a Joe salir despedido por encima de él y dirigirse hacia Hawk y enfocó su vista en esto, frunciendo un poco el ceño y molesto por la habilidad del Marine. Geppo... la conocía bien. Sus años como lo que podría ser un funcionariado de la fé le había permitido ver agentes de cuerpos especiales trayendo y llevándose presos y moviéndose por las instalaciones usando esa técnica, pasando de un piso al siguiente con facilidad. Era un problema, pues si Joe Nameless conseguía escapar de aquí, su tapadera y su vinculación con esta banda criminal quedarían al descubierto y podría perder su estatus, su cargo y sus beneficios no solo parroquiales, si no también institucionales y gubernamentales. Tenía que morir a como diera lugar, y tenía que obligar al cazador a hacerlo para poder tener pruebas contra él en caso de querer revelarse y poder chantajearlo con denunciarlo por el asesinato de un marine en ciernes y poner precio a su cabeza. Así fue como mientras Joe aterrizaba y realizaba sus justicieros actos con Hawk, Blackmore se giró para poder ver a Viktor vagamente en pie, dándole la espalda y traicionando su pacto, atacando dos veces a Minaya quien aun estaba tendida en el suelo.
La ira y la frustración se apoderaron de él, la fe en su santo señor había desaparecido y ahora sólo era un adalid de la locura y la sangre. Y ese hijo de la gran puta vendido iba a conocer el dolor de traicionar un pacto ante Dios. Rápidamente sacó del bolsillo una especie de cuerda enroscada y cargando el brazo hacia atrás mientras el espadachín guardaba su arma mirando a la muchacha y le dedicaba unas cruentas palabras, propició un latigazo brutal cuyo relampageánte sonido inundó la sala al mismo tiempo que el grito de Minaya, dando un golpe directo hacia la nuca del espadachín con todas las fuerzas que podía, la suerte de su lado, el poder de Dios y su extraña arma: un rosario gigante que terminaba en un crucifijo en punta. Con este, apuñaló la base del cuello del cazador por la espalda y le perforó produciéndole una herida considerable, recogiendo su látigo con otro tirón seco.
— ¡El juicio de Dios es claro! — bramó el sacerdote fuertemente — ¡El trato queda anulado y vosotros sentiréis la ira de mi señor! — gritó de nuevo, encarándose para enfrentar al espadachín o actuar en base a lo que este quisiera o esperase hacer.
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