22-12-2023, 05:44 PM
Sigilosos, dijo Irina. Daryl aún estaba intentando aprender a seguir ese tipo de estrategia, gracias a su emparejamiento con ella. El modo de actuar de Daryl siempre era demasiado directo y llamativo, era cómo más cómodo se sentía, sin embargo, no podía negar que el método silencioso solía dar mejores resultados. Aunque también era más aburrido. — Al menos de momento, sí. — Una vez que encontrasen al traidor, eso ya sería otro cantar, ya las sutilezas no servirían de nada. Las órdenes eran claras, y venían de arriba.
Tras un paseo por la ciudad, donde pudieron aprovechar para observar un poco los especímenes locales, llegaron a una taberna que lucía bastante cara, al menos era bastante bonita y estaba bien arreglada. Sin avisar, Irina se sentó en una de las mesas que había en el patio exterior. Cruzada de piernas, con esa postura tan perfecta, todos sus gestos parecían de muñeca. Daryl paró con ella, agradecido en parte de poder hacer un pequeño descanso. Tenían tiempo para encontrar al objetivo, además algo le decía que seguramente sería de noche cuando se dejaría ver. Igual tenían suerte, y era el traidor el que se tropezaba con ellos. Irina no tardó en ordenarle lo que quería para comer, Daryl simplemente asintió y entró al local a por lo mandado. Cualquier otro se habría podido ofender por sus maneras, pero era inútil enfadarse con Irina por algo así, pues era simplemente su forma de comunicarse con el resto.
Entro al local, no tardó en acercarse a la barra para hacer su pedido. Mientras esperaba a ser atendido, echó un vistazo al rededor, fijándose en los rostros de los ciudadanos que estaban matando las horas allí. Nadie parecía especialmente llamativo... no tenían mucha descripción del traidor, pero desde luego dentro no había ningún perro, ni nadie que pareciera ser ciego. — ¡Buenas noches! ¿Qué desea? — Una amable señorita se acercó a él, lista para tomar nota. — Buenas, ponme dos cafés, uno con poca leche y el otro sin nada. — La chica iba apuntando, con una sonrisa resplandeciente en el rostro. — ¿Algo más? — Preguntó, volviendo la mirada hacia él. Daryl se encontraba medio dubitativo. — Sí... me gustaría probar alguna comida que sea típica de aquí, ¿qué tenéis? — Él no tenía ni idea, claramente, sin embargo la chica no tardó en recomendarle una especie de bollos rellenos, un dulce artesano. "¿Le gustan los dulces?", se preguntó Daryl, aunque no tardó en aceptar la recomendación de la camarera. Si al final no le gustaba, pues siempre podía volver a entrar y pedir otra cosa. Entonces se dio lugar un momento un tanto incómodo, porque la chica dejó el pedido sobre la barra para que Daryl lo cargase y se lo llevase a la mesa... sin embargo, al contar con solo una mano la cosa estaba difícil. — E-espera, yo lo llevo. — Se ofreció la mujer, al notar que le faltaba una de las extremidades. Daryl dejó el dinero en la barra. — No, yo puedo. — El tono de Daryl era frío, era duro, sin embargo la mujer volvió a insistir. — No me cuesta nada, de verdad, déjame a- — ¡No! — Le interrumpió Daryl de forma borde, alzando la voz de forma que llamó la atención de los más cercanos. Irritado por su propia inutilidad, Daryl cargó el plato de los bollos, apoyándolo entre el brazo izquierdo y su pecho, y sujetó con ambos cafés en la mano derecha. No tardó en salir de allí.
Volvió a la mesa con Irina, se le notaba algo frutrado, en su rostro y por la vena de la frente. Dejó los dos cafés sobre la mesa y luego se ayudó de su mano para dejar el plato, que estaba haciendo medio equilibrio por no caerse. Rápidamente se sentó, dejando caer su peso sobre el asiento. No dijo nada, de hecho ni la miró, aún no se acostumbraba a que las personas le consideraran un inútil o menos capaz simplemente por no tener mano izquierda. Irina le decía siempre que tenía que controlar las emociones, pero le costaba, la ira despertaba en él siempre con mucha facilidad.
Tras un paseo por la ciudad, donde pudieron aprovechar para observar un poco los especímenes locales, llegaron a una taberna que lucía bastante cara, al menos era bastante bonita y estaba bien arreglada. Sin avisar, Irina se sentó en una de las mesas que había en el patio exterior. Cruzada de piernas, con esa postura tan perfecta, todos sus gestos parecían de muñeca. Daryl paró con ella, agradecido en parte de poder hacer un pequeño descanso. Tenían tiempo para encontrar al objetivo, además algo le decía que seguramente sería de noche cuando se dejaría ver. Igual tenían suerte, y era el traidor el que se tropezaba con ellos. Irina no tardó en ordenarle lo que quería para comer, Daryl simplemente asintió y entró al local a por lo mandado. Cualquier otro se habría podido ofender por sus maneras, pero era inútil enfadarse con Irina por algo así, pues era simplemente su forma de comunicarse con el resto.
Entro al local, no tardó en acercarse a la barra para hacer su pedido. Mientras esperaba a ser atendido, echó un vistazo al rededor, fijándose en los rostros de los ciudadanos que estaban matando las horas allí. Nadie parecía especialmente llamativo... no tenían mucha descripción del traidor, pero desde luego dentro no había ningún perro, ni nadie que pareciera ser ciego. — ¡Buenas noches! ¿Qué desea? — Una amable señorita se acercó a él, lista para tomar nota. — Buenas, ponme dos cafés, uno con poca leche y el otro sin nada. — La chica iba apuntando, con una sonrisa resplandeciente en el rostro. — ¿Algo más? — Preguntó, volviendo la mirada hacia él. Daryl se encontraba medio dubitativo. — Sí... me gustaría probar alguna comida que sea típica de aquí, ¿qué tenéis? — Él no tenía ni idea, claramente, sin embargo la chica no tardó en recomendarle una especie de bollos rellenos, un dulce artesano. "¿Le gustan los dulces?", se preguntó Daryl, aunque no tardó en aceptar la recomendación de la camarera. Si al final no le gustaba, pues siempre podía volver a entrar y pedir otra cosa. Entonces se dio lugar un momento un tanto incómodo, porque la chica dejó el pedido sobre la barra para que Daryl lo cargase y se lo llevase a la mesa... sin embargo, al contar con solo una mano la cosa estaba difícil. — E-espera, yo lo llevo. — Se ofreció la mujer, al notar que le faltaba una de las extremidades. Daryl dejó el dinero en la barra. — No, yo puedo. — El tono de Daryl era frío, era duro, sin embargo la mujer volvió a insistir. — No me cuesta nada, de verdad, déjame a- — ¡No! — Le interrumpió Daryl de forma borde, alzando la voz de forma que llamó la atención de los más cercanos. Irritado por su propia inutilidad, Daryl cargó el plato de los bollos, apoyándolo entre el brazo izquierdo y su pecho, y sujetó con ambos cafés en la mano derecha. No tardó en salir de allí.
Volvió a la mesa con Irina, se le notaba algo frutrado, en su rostro y por la vena de la frente. Dejó los dos cafés sobre la mesa y luego se ayudó de su mano para dejar el plato, que estaba haciendo medio equilibrio por no caerse. Rápidamente se sentó, dejando caer su peso sobre el asiento. No dijo nada, de hecho ni la miró, aún no se acostumbraba a que las personas le consideraran un inútil o menos capaz simplemente por no tener mano izquierda. Irina le decía siempre que tenía que controlar las emociones, pero le costaba, la ira despertaba en él siempre con mucha facilidad.
