23-12-2023, 11:44 PM
Gideon iba a necesitar unas vacaciones después de aquella noche. Kevin seguía sin hacerle ni caso, pero es que además, el cantante le había besado y le había defendido de la peliazul, la cual le había escupido. Tras eso le había ordenado a Gideon que le dejara tirado. ¿Esta gente no tenía ningún tipo de decencia? ¿Cómo iba a dejar a Kevin allí solo con la que se estaba liando?
En ese mismo momento Gideon escuchó unos cristales rompiéndose, miró hacia donde venía el sonido y se percató de que los cristales de una de las ventanas del local habían estallado en pedazos. ¿A qué podía deberse eso? Nada más pensar aquello escuchó una voz gritando, pudo ver que una persona de un gran tamaño miraba a través de los cristales rotos. Joder, esto iba a peor. ¿Qué era esa persona? Era enorme.
— Venga, Kevin por favor, baja de ahí —Gideon hizo aspavientos con los brazos—. No voy a dejarle aquí, pero no me lo está poniendo fácil, joder.
Bueno pues el plan de salir de allí había sido totalmente chafado por el artista, el cual había lanzado una de las mesas contra la puerta principal antes de acercarse a su compañero. Kevin iba a flipar a la mañana siguiente si es que salían de esta con vida, porque estaba segura de que no se acordaría de absolutamente nada. Kevin balbuceaba y aunque se había bajado de la mesa por fin no dejaba de decir tonterías, seguía sin entender a qué se refería el cantante. Gideon no aguantaba más, sacó su cajetilla de tabaco y se encendió un cigarrillo con rapidez.
— Es que lo voy a coger de esa corbata suya y lo voy a arrastrar hasta la habitación… —decía entre dientes, dejando escapar el humo de su cigarro. Miró a su alrededor, en busca de rutas de escape y observando las armas que llevaban el resto. No podría con la mayoría de ellos, estaba segura… pero tenía que pensar en algo. El techo se estaba abriendo, por órdenes del cantante. Eso no era opción de escape. Se fijó en que la mujer pelirroja había estado riéndose a carcajadas, pero inmersa en Kevin y en buscar una salida no se había fijado lo suficiente. Cuando la observó con detenimiento quiso vomitar. Gideon se puso una mano en la boca reteniendo una arcada, al ver cómo lanzaba un beso y se manchaba la boca con sangre del hombre pez que había entrado al local. Le acababa de arrancar una extremidad y estaba tan contenta. Gideon sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Esa noche iban a morir si no se andaban con cuidado.
Si no era suficiente, la mujer pelirroja empezó a transformarse en una criatura extraña. Estaba aumentando de tamaño y cambiando de forma. Y como aquella noche no iba a ir a mejor, vio como el grandullón le cortaba una de sus alas al chico que había venido con la peliazul. Gideon tuvo que aguantarse una segunda arcada, mientras se ajustaba aún más la chaqueta. ¿Qué pasaría si vieran las suyas? Eran mucho más pequeñas, pero seguían siendo alas… Sus pensamientos fueron interrumpidos por Kevin, que no había sido tan fuerte como ella y se encontraba vomitando. Quizás esta era la suya, aprovecharía para llevárselo a la habitación con el pretexto de que lo llenaría todo de pota. Sí, ese era el plan, pirarse de ahí lo antes posible.
— Venga, ya está, suficiente —apagó su cigarrillo en el cenicero de la mesa a su lado y, aguantando otra arcada y un ataque de pánico, le echó un brazo por encima a Kevin que parecía haber soltado todo lo que tenía en el estómago—. Nos vamos, eh, muchas gracias por el espectáculo y tal, pero es momento de que nosotros nos vayamos.
Gideon se dispuso a salir del lugar. La ansiedad le pesaba en la garganta, una sola cosa más y potaría.
En ese mismo momento Gideon escuchó unos cristales rompiéndose, miró hacia donde venía el sonido y se percató de que los cristales de una de las ventanas del local habían estallado en pedazos. ¿A qué podía deberse eso? Nada más pensar aquello escuchó una voz gritando, pudo ver que una persona de un gran tamaño miraba a través de los cristales rotos. Joder, esto iba a peor. ¿Qué era esa persona? Era enorme.
— Venga, Kevin por favor, baja de ahí —Gideon hizo aspavientos con los brazos—. No voy a dejarle aquí, pero no me lo está poniendo fácil, joder.
Bueno pues el plan de salir de allí había sido totalmente chafado por el artista, el cual había lanzado una de las mesas contra la puerta principal antes de acercarse a su compañero. Kevin iba a flipar a la mañana siguiente si es que salían de esta con vida, porque estaba segura de que no se acordaría de absolutamente nada. Kevin balbuceaba y aunque se había bajado de la mesa por fin no dejaba de decir tonterías, seguía sin entender a qué se refería el cantante. Gideon no aguantaba más, sacó su cajetilla de tabaco y se encendió un cigarrillo con rapidez.
— Es que lo voy a coger de esa corbata suya y lo voy a arrastrar hasta la habitación… —decía entre dientes, dejando escapar el humo de su cigarro. Miró a su alrededor, en busca de rutas de escape y observando las armas que llevaban el resto. No podría con la mayoría de ellos, estaba segura… pero tenía que pensar en algo. El techo se estaba abriendo, por órdenes del cantante. Eso no era opción de escape. Se fijó en que la mujer pelirroja había estado riéndose a carcajadas, pero inmersa en Kevin y en buscar una salida no se había fijado lo suficiente. Cuando la observó con detenimiento quiso vomitar. Gideon se puso una mano en la boca reteniendo una arcada, al ver cómo lanzaba un beso y se manchaba la boca con sangre del hombre pez que había entrado al local. Le acababa de arrancar una extremidad y estaba tan contenta. Gideon sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Esa noche iban a morir si no se andaban con cuidado.
Si no era suficiente, la mujer pelirroja empezó a transformarse en una criatura extraña. Estaba aumentando de tamaño y cambiando de forma. Y como aquella noche no iba a ir a mejor, vio como el grandullón le cortaba una de sus alas al chico que había venido con la peliazul. Gideon tuvo que aguantarse una segunda arcada, mientras se ajustaba aún más la chaqueta. ¿Qué pasaría si vieran las suyas? Eran mucho más pequeñas, pero seguían siendo alas… Sus pensamientos fueron interrumpidos por Kevin, que no había sido tan fuerte como ella y se encontraba vomitando. Quizás esta era la suya, aprovecharía para llevárselo a la habitación con el pretexto de que lo llenaría todo de pota. Sí, ese era el plan, pirarse de ahí lo antes posible.
— Venga, ya está, suficiente —apagó su cigarrillo en el cenicero de la mesa a su lado y, aguantando otra arcada y un ataque de pánico, le echó un brazo por encima a Kevin que parecía haber soltado todo lo que tenía en el estómago—. Nos vamos, eh, muchas gracias por el espectáculo y tal, pero es momento de que nosotros nos vayamos.
Gideon se dispuso a salir del lugar. La ansiedad le pesaba en la garganta, una sola cosa más y potaría.
Resumen
