24-12-2023, 11:50 AM
(Última modificación: 24-12-2023, 11:52 AM por Jolyne Jones.)
Una de las pocas cosas que teníamos para recordar lo que pasó la noche anterior se fue volando por la borda. Yo me dediqué a negar con la cabeza mientras Triana gritaba a Yojimbo. -Genial. Tal vez había una pista en la señal, pero ahora no lo sabremos nunca porque nuestro capitán es un inconsciente. Antes de que Triana soltara su furia también sobre mí, me crucé de brazos y agaché la cabeza. -A ver, números…- me dije. Hasta ahora no me había tomado en serio nuestro pequeño lapsus mental, pero Triana estaba empezando a impacientarse y daba mucho miedo. Si de verdad fueran coordenadas, no sabría ni por dónde empezar a buscar. Quizás era algo mucho más sencillo que todo eso y nos estábamos comiendo la cabeza por nada. Lo único que estaba claro era que me estaba empezando a acostumbrar a ese vestido. Odiaba la idea de aburguesarme por su culpa, por lo que busqué como loca la forma de quitármelo. La voz de Triana paralizó mi tarea de inmediato.
-¡Sí! Estoy pensando, pero no lo sé… ¿son páginas concretas de algún libro? O tal vez un diario. Yo solía llevar uno en mi pueblo, espero que nadie lo lea ahora que no estoy. El problema era que no teníamos el supuesto libro ni sabíamos qué tipo información valiosa contendría. Lamentablemente todos los indicios indicaban que nunca recordaríamos lo sucedido. Miré a Triana mientras rebuscaba en sus bolsillos, de los que sacó un pedazo de papel que se puso a leer. Su cara cambiaba por instantes hasta que nos dio una gran noticia: nos habíamos casado.
- ¿¡Cómo!? ¡Y te quedas tan ancha! - dije ante su impasibilidad. -Tiene que ser un error. Agarré casi al vuelo el papel que lanzó Triana y lo leí detenidamente. Empecé a atar cabos en mi cabeza. Puede que lo de “no olvidar” fuera nuestra boda, pero eso no explicaba lo de los números. ¿El guardarropa de los invitados? De solo pensarlo se me puso la piel de gallina. Arrugué el papel con fuerza y se lo lancé a Yojimbo, sin embargo, la prueba irrefutable que lo confirmaba era un anillo en nuestro dedo anular. Me lo quité rápidamente y lo mordí varias veces para comprobar que se doblaba. – ¡Encima es chatarra! Qué decepción. No solo nos habíamos casado, sino que probablemente habíamos sido engañadas por algún estafador matrimonial profesional de ciudad. La situación no podía ser peor. -Triana, si todo esto acaba siendo cierto, nunca lo mencionaremos. Por no recordar, no recordaba ni con cuál de esos dos estúpidos me había casado, pero ninguno de ellos conseguiría sacarme nada.
Para finalizar todo este numerito, un ruido familiar me alertó, aunque era muy lejano y suave. Solo me quedaba pensar que estaba soñando.
