Hace 5 horas
(Última modificación: Hace 5 horas por Juan Sebastian.)
Me encontraba tranquilamente en la cubierta del Ford’s Transit, haciendo una rutina habitual de ejercicios. Era un día sorprendentemente agradable para la época del año, una brisa fresca soplaba de forma constante, pero el cielo estaba completamente despejado y el contacto del sol en mi rugosa coraza hacía que el equilibrio de temperatura fuese agradable.
—Un… Dos… Un… Dos… —Murmuraba para mantener el tempo de mis flexiones con un brazo, intercalando entre mi pinza y mi mano para realizar el ejercicio.
Después de lo que ocurrió en la isla desde que nosotros llegamos, lo único que había perturbado la paz eran las noticias del ataque a Impel Down, las cuales leímos juntos hace varias semanas. Ver que hasta los más grandes héroes podían caer ante el mal fue un duro golpe, sabía que no debía relajarme por la paz que estábamos viviendo en estos momentos.
Mis pensamientos reflexivos durante el entrenamiento fueron cortados de raíz por el característico sonido de la llamada de un Den Den Mushi. —¿Habrá pasado algo? —me pregunté a mí mismo mientras agarraba el caracolófono. Era ni más ni menos que el bueno de Kael quien se encontraba al otro lado de la línea.
—¡Entendido, llamo a los chicos y ponemos rumbo hacia allí! —Le respondí justo antes de colgar la llamada. —Ahheemm… —Carraspeé con la delicadeza de una flor para que mi mensaje llegase de forma nítida al resto de compañeros que se encontraban en el barco o los alrededores cercanos.
—¡¡MUCHACHOOOSSS, KAEL NOS LLAMA!! —Mi voz se transmitió por el lugar dejando un eco que se hacía lejano en el mar.
Junto al resto de la división que estaba disponible, llegué a las coordenadas que Kael nos facilitó. Allí estaba, una imponente carabela de tablones oscuros adornada con unas llamativas velas moradas y una asquerosa carabela pirata dibujada en la vela mayor.
—Kael no parece estar por fuera… —Mencioné al resto del grupo con los brazos cruzados. —Tch, quién diría que fuese alguien impaciente —agregué con una sonrisa complacida mientras negaba de forma irónica con mi cabeza. Sin intención de demorarme más, me adentré también en el navío corsario, subiendo de un salto que hizo retumbar la madera bajo mis pies al aterrizar. —Buscaré algún almacén, es posible que los piratas robasen algunos materiales durante sus viajes.
Me adentré en barco con una confianza perfectamente fundamentada. Estaba seguro de que solo estábamos nosotros en la zona gracias a que había expandido mi mantra hasta doscientos metros de distancia, no pretendía dejar que nada ni nadie me pillase de imprevisto.
Mientras me adentraba en las habitaciones de la nave, se podía notar lo evidente, había estado varias semanas vacía, pudiendo notar cómo una capa de polvo se levantaba de forma leve con cada paso que daba sobre el suelo firme de madera oscura. Tras echar un ojo por encima de varios habitáculos, llegué a lo que parecía ser un almacén, un lugar perfecto donde guardar objetos de interés profesional. La habitación estaba bien cerrada, sin dudas el tipo de lugar donde se guardaría algo valioso. Cuando traté de abrir la manilla, la puerta no cedió, por lo que no tuve más remedio que romperla con uno de mis más poderosos puñetazos, haciéndola astillas que se mezclaron con el polvo que se levantó por el estropicio.
—Un… Dos… Un… Dos… —Murmuraba para mantener el tempo de mis flexiones con un brazo, intercalando entre mi pinza y mi mano para realizar el ejercicio.
Después de lo que ocurrió en la isla desde que nosotros llegamos, lo único que había perturbado la paz eran las noticias del ataque a Impel Down, las cuales leímos juntos hace varias semanas. Ver que hasta los más grandes héroes podían caer ante el mal fue un duro golpe, sabía que no debía relajarme por la paz que estábamos viviendo en estos momentos.
Mis pensamientos reflexivos durante el entrenamiento fueron cortados de raíz por el característico sonido de la llamada de un Den Den Mushi. —¿Habrá pasado algo? —me pregunté a mí mismo mientras agarraba el caracolófono. Era ni más ni menos que el bueno de Kael quien se encontraba al otro lado de la línea.
—¡Entendido, llamo a los chicos y ponemos rumbo hacia allí! —Le respondí justo antes de colgar la llamada. —Ahheemm… —Carraspeé con la delicadeza de una flor para que mi mensaje llegase de forma nítida al resto de compañeros que se encontraban en el barco o los alrededores cercanos.
—¡¡MUCHACHOOOSSS, KAEL NOS LLAMA!! —Mi voz se transmitió por el lugar dejando un eco que se hacía lejano en el mar.
Varios minutos después.
Junto al resto de la división que estaba disponible, llegué a las coordenadas que Kael nos facilitó. Allí estaba, una imponente carabela de tablones oscuros adornada con unas llamativas velas moradas y una asquerosa carabela pirata dibujada en la vela mayor.
—Kael no parece estar por fuera… —Mencioné al resto del grupo con los brazos cruzados. —Tch, quién diría que fuese alguien impaciente —agregué con una sonrisa complacida mientras negaba de forma irónica con mi cabeza. Sin intención de demorarme más, me adentré también en el navío corsario, subiendo de un salto que hizo retumbar la madera bajo mis pies al aterrizar. —Buscaré algún almacén, es posible que los piratas robasen algunos materiales durante sus viajes.
Me adentré en barco con una confianza perfectamente fundamentada. Estaba seguro de que solo estábamos nosotros en la zona gracias a que había expandido mi mantra hasta doscientos metros de distancia, no pretendía dejar que nada ni nadie me pillase de imprevisto.
Mientras me adentraba en las habitaciones de la nave, se podía notar lo evidente, había estado varias semanas vacía, pudiendo notar cómo una capa de polvo se levantaba de forma leve con cada paso que daba sobre el suelo firme de madera oscura. Tras echar un ojo por encima de varios habitáculos, llegué a lo que parecía ser un almacén, un lugar perfecto donde guardar objetos de interés profesional. La habitación estaba bien cerrada, sin dudas el tipo de lugar donde se guardaría algo valioso. Cuando traté de abrir la manilla, la puerta no cedió, por lo que no tuve más remedio que romperla con uno de mis más poderosos puñetazos, haciéndola astillas que se mezclaron con el polvo que se levantó por el estropicio.
Cajita de Tortuga

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