24-12-2023, 06:15 PM
Las ideas de Triana eran cada vez más locas y no sabía hasta qué punto podrían funcionar. – Así que casarnos… No estaba preparada para ello. Ser la soltera de oro de mi pueblo tenía su gracia, pero si solo era para sacarles los cuartos, no había nada de malo en ello. La codicia de Triana no conocía límites. A mí me bastaba con tener la mitad de sus tierras y de su ganado. Al principio dudé un poco e incluso me dieron algo de lástima cuando nos ofrecieron pasar la noche allí, pero luego recordé que el mundo a veces era cruel y que consistía en cazar o ser cazado. Y yo no pensaba ser una presa fácil, así que decidí seguirle la corriente.
Nos sentamos otra vez cerca del fuego, ahora con un objetivo claro. Triana parecía ya haber encontrado a su víctima y me miraba fijamente, incitándome a que yo hiciera lo mismo. “Sé que puedes leerme el pensamiento, Triana. No pienso casarme con el viejo.” Las opciones eran escasas y esto se acababa de convertir en una competición llamada “¿Quién tiene más cosas valiosas para Jolyne?” Analizando objetivamente la situación, el viejo era un buen partido, pero no dejaba de ser una carga y después la gente cuchicheaba, por lo que lo descarté por el momento. El resto no parecían ser importantes ni poseer nada de interés.
Gracias a la pregunta de Triana, nos enteramos que algunos eran familia y otros eran amigos. Con lo que les daban esas tierras comerciaban y de paso aprovechaban y vendían todo tipo de cosas. Vamos, unos buitres sin escrúpulos que vivían en una especie de comunidad y que se beneficiaban de las necesidades de la gente. De entre los que dijeron que no estaban casados, se encontraba el hijo del viejo, que se había unido a nosotros hace poco. Era el menos agraciado del lugar, pero al menos así no pondría pegas y me podría quedar con su herencia. Además, el viejo no duraría mucho y siempre se le podría dar algún disgusto para agilizarlo. El calor era muy malo para la salud. Miré a los presentes y me pareció buen momento para echarle el lazo antes de que se me escapara.
-Pues podríamos casarnos. Por ejemplo, yo contigo y tú con ella - señalé primero al sucesor del viejo y después a Triana junto al otro pardillo. Todos empezaron a reír descontroladamente y la mujer animó aún más la situación. - ¡Que se levanten los novios! ¿no? Yo miré a Triana fijamente. “El plan está en marcha. Ya no hay vuelta atrás”. Los dos hicieron caso a la chica y entre risas se levantaron dando tumbos como pollo sin cabeza, seguramente por el alcohol. Recitaron unos votos inventados que no recordé e incluso se quitaron unos anillos para ponérnoslos entre los aplausos del resto. Formalidades que para mí no tenían sentido, pero que estaban socialmente aceptadas.
– Entonces ahora todo esto es nuestro, ¿no? Nos pertenece por matrimonio. Como si estuviese contando una especie de chiste, se rieron. -Oye… hay algo que se nos escapa, pero no sé muy bien el qué – le susurré a Triana.
