[Aventura T3 - Presente Absoluto] - Rebelión en la mina: Fiebre del oro
#41
Garnet se precipitó por la chimenea para caer dentro de una gran hoya que estaba dentro de un horno enorme. El recipiente era de unos cuatro metros de diámetro, poco más de un metro y medio de alto y estaba sujetado a las paredes del susodicho horno mediante dos cilindros de acero, uno a cada lado, y pivotaba usándolos como ejes. Tras caer dentro, la olla se balanceó bruscamente hacia delante y el músico de los Shogun Gari cayó de bruces sobre el hollín acumulado en la base del horno. Cuando se levantó tenía la cara completamente negra, se frotó con ambas manos los ojos para quitarse el oscuro polvo y poder ver donde se encontraba. Era una habitación larga, de unos setenta metros por dieciséis de ancho. A su derecha más próxima, dos carretillas de acero y a continuación una gran mesa llena de lo que parecían moldes más un par de ventanas de un metro cuadrado. A su izquierda, lo que parecía un largo comedero de animales al que iban a parar siete tubos que salían de la pared. Al fondo del todo una puerta cerrada. No había nadie más que él ahí.

En la sala grande de aquel edificio, la situación era más compleja. Sasha volvía a golpear a Ben en la cabeza con un kanabazo vertical antes de hacer lo mismo con Keller, para después retirarse tres metros hacia atrás y ampliar su campo de visión para tener a ambos controlados. El primero ya tenía sus manos por la zona y ese golpe hizo que las subiera de su nuca a la parte superior de la cabeza mientras le caía una lágrima de cada ojo. Tras el golpe se orientó hacia la semioni y dio un salto de tres metros para atrás y ganar distancia con la timonel de los Shogun Gari, ya estaba escaldado y quería cambiar de estrategia. El segundo borró al instante la sonrisilla de satisfacción provocada por el golpe que le acababa de dar a Ariel, sin saber muy bien de donde le había caído, un profundo dolor en la mollera apareció de repente justo antes de que la gyojin se girara hacia él. El miedo le invadió al ver la mirada asesina de Ariel, y sin ser capaz de evitarlo, ésta le agarró de la muñeca derecha para levantarlo del brazo, quedando suspendidos sus pies a más de un metro del suelo. Un feroz mordisco fue el movimiento de la doctora de los Shogun Gari, el cual Keller no pudo evitar, pues al no tocar el suelo y tener la mano con la que blandía su arma bloqueada, era incapaz de hacer nada. Después de eso, con un giro sobre si misma, lanzó al del bate contra su compañero del grupo de control, chocando contra él, pero pudiendo Ben agarrarlo para evitar que cayera al suelo. 

- ¡Malditas bestias! No sabéis en el lío en el que os estáis metiendo. Os vais a arrepentir. - 

Keller seguía sosteniendo su arma, pero no podía mover su brazo con la misma facilidad que antes. Ambos estaban ahora a ocho metros de Sasha y a unos tres de Ariel. 

De pronto un disparo llamó la atención de todos los que estaban en el edificio, incluso a Garnet, que lo escuchó desde dentro de la habitación en la que se hallaba. Sage se había situado detrás de Abraham y estaba agarrándole el revólver, pero justo antes de arrebatárselo, el joven había vuelto en sí y apuntado hacia Sasha para disparar contra ella. Tras ver que no le había hecho ni cosquillas y que se encontraba desarmado, Abraham cayó sobre sus rodillas completamente abatido anímicamente. 
Entonces sonó el den den mushi que estaba en la mesa redonda del comedor. Burup, burup, burup. Ante ese estímulo, el joven pistolero salió corriendo para atender la llamada. Gatcha. 

-  ¡Jefa! Estamos en graves problemas, los intrusos están dentro y nos están apalizando. ¡Ayúdanos por favor! - Desde el caracol solo se escuchó como quien estaba al otro lado de la línea colgaba el aparato. - ¿Jefa? ¿Jefa? - 

- ¿Eres imbécil niñato? Ahora nos va a caer una tormenta mucho peor. - Ben se alteró al prever que la jefa iba a dar primero una tunda a los intrusos y después otra a ellos por ser unos incompetentes. ¿Quién era esa jefa y por qué la temía tanto Ben? Los trabajadores se habían refugiado bajo la gran mesa, aterrorizados por la dantesca escena. Era la primera vez que presenciaban una situación así y no querían salir perjudicados.

Como colofón, un burrito tirando de un carro está a punto de entrar al edificio por la puerta oeste. Un muchacho con cara de preocupación y la cara sudada gritó desde fuera. - ¡Señor Ben! ¿Está usted dentro? Que raro que no haya salido a recibir la carga. La entro, ¿no? - 


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Para. Respira. Ordena. Apuesta.

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RE: [Aventura T3 - Presente Absoluto] - Rebelión en la mina: Fiebre del oro - por Tobias Murray - 01-01-2024, 10:03 PM

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