03-01-2024, 12:36 AM
Tras optar por abandonar la sala de Blackmore perdiste la oportunidad de hacerte con planos, planes, listas, contactos, mapas y grandes cantidades de oro que descansaban en aquel habitáculo. Así como de intentar buscar las posibles reencarnaciones tanto de su fruta como la de su sobrina, si es que sabías cómo funcionaba verdaderamente una Akuma No Mi, sin duda ambos tesoros cuantiosos y jugosos en el mercado negro y que muchos - muchos - magnates de negocios habrían pagado fortunas por poseer. Después de todo ¿quién no quiere tener la suerte de su lado? Aunque tú no podías saber que los poderes de Blackmore eran "pura suerte", quizá otro podría identificar la fruta por ti. El caso es que habías perdido una de tus mayores oportunidades de amasar una pequeña fortuna y conseguir acceso a una red de información que de otra forma te llevará incluso años llegar a vislumbrar. Blackmore no era un cualquiera, si no un artífice clave dentro de la banda de los Dalton. Uno del más alto calibre, algo como un ejecutivo dentro de la organización y encima era un ex-funcionario que había trabajado y conocía bien la prisión de Impel Down. No haber investigado y recorrido la sala había sido un error que tarde o temprano lamentarías, y tu nuevo olfato de depredador no había sabido rastrear.
Una pena, pues en cuanto comenzaste a ascender los peldaños de la torre cargando el aparatoso y fornido cuerpo de Joe, una de las losas bajo tus pies accionó el mecanismo para cerrar de nuevo la compuerta de la sala, y selló las consecuencias de tus actos bajo el denso crujir de la roca maciza que se arrastraba, sumiéndoos en la más completa y absoluta oscuridad haciéndote más dependiente del sentido del tacto de lo que fuiste jamás. Podrías sentir los peldaños, perfectamente simétricos entre si y como en su angulación y giro. Podrías sentir las paredes retorciéndose contigo para ascender hacia aquel punto lejano de luz, como la pequeña brizna de esperanza que os esperaba al final de aquel angosto ascenso... y cuando lo hubierais recorrido, podríais destapar lo que se descubría como una gran rueda de madera, cubierta, que emulaba ser la tapa de un pozo viejo en el desierto adyacente al pueblo, por la parte trasera de la iglesia, como a una hora de camino.
Cuando salisteis podías observar como pequeños destellos de luz reflejaban el tímido escondite de la cúpula de cristal de la habitación de Blackmore, oculta a la perfección entre las dunas para todo aquel que no supiera que había de buscar algo en ese lugar. El viento agitaba las mareas de arena, zumbaba en tus oídos y te traía la libertad y la frescura del aire puro, acariciando tu nueva cicatriz, tus cabellos y tu piel, agitando el frondoso y tupido bigote de Joe quien, herido, permanecía inconsciente. Su vida dependía de ti. Su cuerpo estaba en tus manos. Quizá podías poner fin a su aventura y su carrera, o quizá podrías tratar su dolor y cuidar su cuerpo... quizá privabas al mundo de un marine más, que murió en una trampa, o quizá salvabas a un futuro héroe que podría cambiar las cosas en los días venideros.
E hicieras lo que hicieras, tú, Viktor Evans, hoy serías una sombra más. Un buscavidas que acompañó a un hombre sin fortuna para arrebatarle la suya a un tercero, obteniendo la tuya propia en un bocado. Un lobo solitario en medio del desierto, que acababa de escapar del infierno.
Una pena, pues en cuanto comenzaste a ascender los peldaños de la torre cargando el aparatoso y fornido cuerpo de Joe, una de las losas bajo tus pies accionó el mecanismo para cerrar de nuevo la compuerta de la sala, y selló las consecuencias de tus actos bajo el denso crujir de la roca maciza que se arrastraba, sumiéndoos en la más completa y absoluta oscuridad haciéndote más dependiente del sentido del tacto de lo que fuiste jamás. Podrías sentir los peldaños, perfectamente simétricos entre si y como en su angulación y giro. Podrías sentir las paredes retorciéndose contigo para ascender hacia aquel punto lejano de luz, como la pequeña brizna de esperanza que os esperaba al final de aquel angosto ascenso... y cuando lo hubierais recorrido, podríais destapar lo que se descubría como una gran rueda de madera, cubierta, que emulaba ser la tapa de un pozo viejo en el desierto adyacente al pueblo, por la parte trasera de la iglesia, como a una hora de camino.
Cuando salisteis podías observar como pequeños destellos de luz reflejaban el tímido escondite de la cúpula de cristal de la habitación de Blackmore, oculta a la perfección entre las dunas para todo aquel que no supiera que había de buscar algo en ese lugar. El viento agitaba las mareas de arena, zumbaba en tus oídos y te traía la libertad y la frescura del aire puro, acariciando tu nueva cicatriz, tus cabellos y tu piel, agitando el frondoso y tupido bigote de Joe quien, herido, permanecía inconsciente. Su vida dependía de ti. Su cuerpo estaba en tus manos. Quizá podías poner fin a su aventura y su carrera, o quizá podrías tratar su dolor y cuidar su cuerpo... quizá privabas al mundo de un marine más, que murió en una trampa, o quizá salvabas a un futuro héroe que podría cambiar las cosas en los días venideros.
E hicieras lo que hicieras, tú, Viktor Evans, hoy serías una sombra más. Un buscavidas que acompañó a un hombre sin fortuna para arrebatarle la suya a un tercero, obteniendo la tuya propia en un bocado. Un lobo solitario en medio del desierto, que acababa de escapar del infierno.
Aventura Finalizada.
Gracias por confiar en mi como narrador, espero que os haya gustado.
Gracias por confiar en mi como narrador, espero que os haya gustado.

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)