Gracias a la generosidad de unos pescadores que os ofrecieron viaje gratuito al Reino de Ballywood a cambio de ayuda con sus redes, lograsteis llegar con éxito. A medida que os acercabais, Ballywood emergía, recibiéndoos con una brisa gélida. Aunque aún era otoño, la necesidad de abrigarse con chaquetas ligeras era evidente para combatir el frío. Este clima, en contraste con el calor del verano, os brindaba una sensación revitalizante, a menos que prefirieseis temperaturas más cálidas.
Desde la distancia, se destacaba una bulliciosa ciudad con altos edificios y amplios ventanales en el centro de la isla, ocupando una extensión considerable. También era visible un conjunto de fábricas despidiendo vapores, dispersados por el viento, y una vasta playa a la que os aproximabais, observando finalmente un puerto.
Tras atracar, os despedisteis de la amable tripulación y, con el olor a pescado aún en vuestras ropas, buscasteis una posada para descansar y disfrutar de una ducha caliente. En el activo puerto, os dirigieron a un lugar dentro de la ciudad. Era más un hotel que una posada, con una recepcionista que os entregó las llaves y pasillos largos llenos de habitaciones numeradas, cada una equipada para una estancia confortable.
Para vuestra sorpresa, la tarifa era bastante accesible, ya que el hotel estaba ubicado en la zona comercial de Ballywood Boulevard. Elegir otros barrios habría sido prohibitivamente caro. A pesar del bullicio, encontrasteis un lugar cómodo y limpio en el que hospedaros. Listos para explorar, os adentrasteis en la ciudad, disfrutando de sus delicias y sorpresas hasta el anochecer.
En una de las calles que transitasteis, todas llenas de comercios, restaurantes y puestos de comida callejera, encontrasteis algo que llamó vuestra atención. Había toda una pared repleta de carteles con lo siguiente:
“Espectáculo del Gran Sabio de Ohara, el Dr. Infinito. Los sonidos de la ciencia. Una actuación asombrosa que combina arte, ciencia y pólvora. Esta noche a las 23:00 en La Mano de Oro. Entrada gratuita. Botella de vino con DOP de Toroa para los primeros 20 espectadores. ¡Una oportunidad única! No habrá más funciones.”
En los carteles, se indicaba el cómo llegar desde aquella posición, facilitando la tarea a aquellos que deseasen acudir. Quedaban un par de horas para el espectáculo, y aproximasteis que el lugar estaba a unos veinte minutos.
Caminando hacia allí, la multitud disminuía, alejándonos del bullicio central. Los restaurantes y tiendas daban paso a bares y lugares menos atractivos. Al final, una calle desembocaba en un espacio que antaño debió ser un descampado, pero ahora se alzaba un imponente edificio dorado, el último en ese área.
El espacio lucía así:
Afuera, una fila de personas esperaba. A las 22:50 comenzaron a ser guiadas al interior por el personal, que vestía con trajes y vestidos dorados.
El espectáculo estaba a punto de dar comienzo.
Desde la distancia, se destacaba una bulliciosa ciudad con altos edificios y amplios ventanales en el centro de la isla, ocupando una extensión considerable. También era visible un conjunto de fábricas despidiendo vapores, dispersados por el viento, y una vasta playa a la que os aproximabais, observando finalmente un puerto.
Tras atracar, os despedisteis de la amable tripulación y, con el olor a pescado aún en vuestras ropas, buscasteis una posada para descansar y disfrutar de una ducha caliente. En el activo puerto, os dirigieron a un lugar dentro de la ciudad. Era más un hotel que una posada, con una recepcionista que os entregó las llaves y pasillos largos llenos de habitaciones numeradas, cada una equipada para una estancia confortable.
Para vuestra sorpresa, la tarifa era bastante accesible, ya que el hotel estaba ubicado en la zona comercial de Ballywood Boulevard. Elegir otros barrios habría sido prohibitivamente caro. A pesar del bullicio, encontrasteis un lugar cómodo y limpio en el que hospedaros. Listos para explorar, os adentrasteis en la ciudad, disfrutando de sus delicias y sorpresas hasta el anochecer.
En una de las calles que transitasteis, todas llenas de comercios, restaurantes y puestos de comida callejera, encontrasteis algo que llamó vuestra atención. Había toda una pared repleta de carteles con lo siguiente:
“Espectáculo del Gran Sabio de Ohara, el Dr. Infinito. Los sonidos de la ciencia. Una actuación asombrosa que combina arte, ciencia y pólvora. Esta noche a las 23:00 en La Mano de Oro. Entrada gratuita. Botella de vino con DOP de Toroa para los primeros 20 espectadores. ¡Una oportunidad única! No habrá más funciones.”
En los carteles, se indicaba el cómo llegar desde aquella posición, facilitando la tarea a aquellos que deseasen acudir. Quedaban un par de horas para el espectáculo, y aproximasteis que el lugar estaba a unos veinte minutos.
Caminando hacia allí, la multitud disminuía, alejándonos del bullicio central. Los restaurantes y tiendas daban paso a bares y lugares menos atractivos. Al final, una calle desembocaba en un espacio que antaño debió ser un descampado, pero ahora se alzaba un imponente edificio dorado, el último en ese área.
El espacio lucía así:
Aspecto de La Mano de Oro
Afuera, una fila de personas esperaba. A las 22:50 comenzaron a ser guiadas al interior por el personal, que vestía con trajes y vestidos dorados.
El espectáculo estaba a punto de dar comienzo.
Resumen
Info del Narrador

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