08-01-2024, 01:22 PM
(Última modificación: 08-01-2024, 01:24 PM por Maeve Knox.)
¿Peteiro me estaba amenazando? Tal vez alguien podría pensar que era un comentario desafortunado pero inofensivo, sin embargo, a mí me pareció que claramente me advertía de lo que podía hacer. "Te crees poderosa hasta que llega un pez más grande"; luego, su risa. Una risa desquiciada. Aquí el único pez era él (aunque, sí, más grande que yo) y claramente se estaba esforzando por buscarme las cosquillas. Me mordí la lengua para no responderle que lo convertiría en un espeto gigante si me las encontraba.
Para mi sorpresa, después cambió el tono y respondió a mi pregunta. En realidad, debería dejar de sorprenderme de cualquier cosa relacionada con este señor acuático. Como, por ejemplo, que por alguna razón me confesase su intención de matarse llegado a cierta edad. Porque, sí, a todas luces había aludido al suicidio. No soy muy buena calculando la edad de un hombre pez por su aspecto y tampoco tenía seguro si era una broma o no, pero decidí no hacer alusión a su comentario. Si quería quitarse de en medio, sus razones tendría. Por ejemplo, que vivía en la miseria, según contaba. Me parece una buena razón para acabar hasta los cojones del mundo.
Luego, sonrió. Con ese gesto podría helar la sangre de cualquiera. No surtió ese efecto conmigo. Le miré los dientes: estaba segura de que podía arrancarme un brazo de un bocado sin ni siquiera pestañear. ¿Ese gyojin tenía la capacidad de pestañear? Me fijé en sus inquietantes ojos, tratando de encontrar la respuesta a tan trascendental pregunta.
—¿Peleas de gladiadores? —Regresé a la conversación de golpe. Solté una risotada—. No soy el espectáculo de nadie. —Un recuerdo repentino de mi época en el circo se me clavó en el pecho como una espina. Ya habían pagado lo suficiente por verme como si fuese un bicho raro (y para cosas mucho peores). Que lo era, pero no porque ellos así me etiquetasen. Ese privilegio es algo que hay que ganarse—. Supongo que mi siguiente paso es regresar al mar, seguir haciendo lo que mejor se me da y vivir una vida lo menos aburrida posible.
Entiéndase "lo que mejor se me da" por robar, extorsionar, pelear, torturar, matar... Pero no es una revelación apropiada. Aunque algo me decía que el hombre pez no se escandalizaría si la escuchase.
—Y, aunque me encanta esta isla, no tengo mucho más que hacer aquí. A no ser que vengan más guardias a ser cazados. En ese caso, cumpliré sus deseos con gusto.
Mandarina estaba masticando otro trozo de aquel filete más duro que una piedra cuando su dueña se dignó a aparecer en el comedor. El gato abandonó mi hombro para regresar con la pelirroja enorme y esta, entonces, me abrazó.
Me quedé muy quieta, sosteniendo la respiración. Si quisiera, Eaa podría apretar hasta el punto de cortarme el aire, pero su abrazo transmitía más cariño del que yo acostumbraba a recibir. Esto me hizo sentir aún más incómoda. Toda mi musculatura estaba rígida. Para colmo, me estaba agradeciendo haber cuidado de la criaturita.
—Suéltame —exigí con voz grave, muy seria.
De inmediato me liberó y se disculpó. Eaa era una muchacha que expresaba sus emociones de un modo que yo jamás haría, y me resultaba chocante. El hecho de que continuase utilizando nombres referidos a un panda cuando se dirigía a mí no arreglaba la situación. Sin mirarla, partí un trozo del asqueroso filete y me lo metí en la boca, masticando con asco.
Pero, entonces, Eaa se cayó con una extraña pirueta y no pude sostener mi creciente y peligroso enfado. No pude evitarlo: rompí a reír. La pelirroja me amenazó con llevarme fuera para pegarme, y no dudé de que fuese capaz —tan solo tenía que recordar su agresividad el día anterior cuando aquellos mugrientos guardias quisieron joderla—, pero sus palabras me hicieron reír más. Mirándola, pronuncié una palabra sin sonido pero asegurándome de que me leyese los labios: karma.
Durante el tiempo que tardó en ir a pedir y regresar, Peteiro y yo no continuamos con nuestra charla. Ambos seguíamos comiendo de nuestros platos de fantástico aspecto.
Cuando Eaa volvió, comenzó a darnos explicaciones de lo sucedido en la habitación. Antes de que empezase a hablar, iba a soltarle algún comentario de su acrobacia para molestarla, pero me callé ante sus palabras. Puedo llegar a ser una hija de puta (y también literalmente, nunca conocí a mi madre biológica, tal vez fuese prostituta), pero no me salió tras la confesión de Eaa. Los fantasmas de cada uno pueden llegar a ser terriblemente jodidos, no sería yo quien pinchase ciertas heridas.
—Yo tampoco me acuerdo de nada desde que salimos de la cantina, así que también me he sorprendido al haber visto que compartíamos habitación. Tranquila, pelirroja, solo hemos dormido. Creo. —Eché una mirada de soslayo al tipo pez. Quise cambiar el rumbo de la conversación, me generaba una extraña incomodidad verla sufrir a raíz de un tema como este—. No te preocupes, tampoco ha sido lo más raro que he visto de todas las veces que me he despertado acompañada. Nuestro querido Peteiro y yo estábamos hablando de nuestros siguientes pasos, lo que haremos al terminar esta pequeña e inesperada aventura de tres. ¿Qué vas a hacer tú, Eaa? ¿Vas a quedarte en esta acogedora ciudad o alguien te espera en algún sitio?
Para mi sorpresa, después cambió el tono y respondió a mi pregunta. En realidad, debería dejar de sorprenderme de cualquier cosa relacionada con este señor acuático. Como, por ejemplo, que por alguna razón me confesase su intención de matarse llegado a cierta edad. Porque, sí, a todas luces había aludido al suicidio. No soy muy buena calculando la edad de un hombre pez por su aspecto y tampoco tenía seguro si era una broma o no, pero decidí no hacer alusión a su comentario. Si quería quitarse de en medio, sus razones tendría. Por ejemplo, que vivía en la miseria, según contaba. Me parece una buena razón para acabar hasta los cojones del mundo.
Luego, sonrió. Con ese gesto podría helar la sangre de cualquiera. No surtió ese efecto conmigo. Le miré los dientes: estaba segura de que podía arrancarme un brazo de un bocado sin ni siquiera pestañear. ¿Ese gyojin tenía la capacidad de pestañear? Me fijé en sus inquietantes ojos, tratando de encontrar la respuesta a tan trascendental pregunta.
—¿Peleas de gladiadores? —Regresé a la conversación de golpe. Solté una risotada—. No soy el espectáculo de nadie. —Un recuerdo repentino de mi época en el circo se me clavó en el pecho como una espina. Ya habían pagado lo suficiente por verme como si fuese un bicho raro (y para cosas mucho peores). Que lo era, pero no porque ellos así me etiquetasen. Ese privilegio es algo que hay que ganarse—. Supongo que mi siguiente paso es regresar al mar, seguir haciendo lo que mejor se me da y vivir una vida lo menos aburrida posible.
Entiéndase "lo que mejor se me da" por robar, extorsionar, pelear, torturar, matar... Pero no es una revelación apropiada. Aunque algo me decía que el hombre pez no se escandalizaría si la escuchase.
—Y, aunque me encanta esta isla, no tengo mucho más que hacer aquí. A no ser que vengan más guardias a ser cazados. En ese caso, cumpliré sus deseos con gusto.
Mandarina estaba masticando otro trozo de aquel filete más duro que una piedra cuando su dueña se dignó a aparecer en el comedor. El gato abandonó mi hombro para regresar con la pelirroja enorme y esta, entonces, me abrazó.
Me quedé muy quieta, sosteniendo la respiración. Si quisiera, Eaa podría apretar hasta el punto de cortarme el aire, pero su abrazo transmitía más cariño del que yo acostumbraba a recibir. Esto me hizo sentir aún más incómoda. Toda mi musculatura estaba rígida. Para colmo, me estaba agradeciendo haber cuidado de la criaturita.
—Suéltame —exigí con voz grave, muy seria.
De inmediato me liberó y se disculpó. Eaa era una muchacha que expresaba sus emociones de un modo que yo jamás haría, y me resultaba chocante. El hecho de que continuase utilizando nombres referidos a un panda cuando se dirigía a mí no arreglaba la situación. Sin mirarla, partí un trozo del asqueroso filete y me lo metí en la boca, masticando con asco.
Pero, entonces, Eaa se cayó con una extraña pirueta y no pude sostener mi creciente y peligroso enfado. No pude evitarlo: rompí a reír. La pelirroja me amenazó con llevarme fuera para pegarme, y no dudé de que fuese capaz —tan solo tenía que recordar su agresividad el día anterior cuando aquellos mugrientos guardias quisieron joderla—, pero sus palabras me hicieron reír más. Mirándola, pronuncié una palabra sin sonido pero asegurándome de que me leyese los labios: karma.
Durante el tiempo que tardó en ir a pedir y regresar, Peteiro y yo no continuamos con nuestra charla. Ambos seguíamos comiendo de nuestros platos de fantástico aspecto.
Cuando Eaa volvió, comenzó a darnos explicaciones de lo sucedido en la habitación. Antes de que empezase a hablar, iba a soltarle algún comentario de su acrobacia para molestarla, pero me callé ante sus palabras. Puedo llegar a ser una hija de puta (y también literalmente, nunca conocí a mi madre biológica, tal vez fuese prostituta), pero no me salió tras la confesión de Eaa. Los fantasmas de cada uno pueden llegar a ser terriblemente jodidos, no sería yo quien pinchase ciertas heridas.
—Yo tampoco me acuerdo de nada desde que salimos de la cantina, así que también me he sorprendido al haber visto que compartíamos habitación. Tranquila, pelirroja, solo hemos dormido. Creo. —Eché una mirada de soslayo al tipo pez. Quise cambiar el rumbo de la conversación, me generaba una extraña incomodidad verla sufrir a raíz de un tema como este—. No te preocupes, tampoco ha sido lo más raro que he visto de todas las veces que me he despertado acompañada. Nuestro querido Peteiro y yo estábamos hablando de nuestros siguientes pasos, lo que haremos al terminar esta pequeña e inesperada aventura de tres. ¿Qué vas a hacer tú, Eaa? ¿Vas a quedarte en esta acogedora ciudad o alguien te espera en algún sitio?
RESUMEN
KARMAS RELEVANTES
