09-01-2024, 12:56 AM
(Última modificación: 09-01-2024, 01:19 AM por Yojimbo.
Razón: Añadida una cancion de youtube to fleje de flama
)
Aquellos guardas se pararon en seco y sacaron unos Den Den Mushi, por desgracia el ruido de la bulliciosa ciudad, juntado a mi oído que no era para nada excepcional, me impidieron escuchar con claridad lo que estaban diciendo, aunque tampoco hizo falta pues casi de forma inmediata ya supuse lo que estaban hablando.
¿Cómo podía haber sido tan idiota de no fijarme en aquellos focos? Estaba justo encima de ellos y cada vez brillaban con más intensidad, si seguía sobrevolando la azotea era cuestión de tiempo que me vieran. Tenía dos opciones, o abandonar mi posición, o liarla.
-Je… -dije casi de forma inconsciente mientras sonreía. -Igual se complica el plan… -susurré.
Antes de que los focos deslumbraran con su máxima intensidad, la llama que yacía oculta en mi interior se desató como una furia ascendente hacia el firmamento. Me esforcé aún más para que resplandeciera con una luminosidad sin igual. Afortunadamente, este estado no perduraría mucho; en esa condición, mi velocidad era impresionante.
Con un movimiento ágil, me desvié del foco que me apuntaba y me dirigí velozmente hacia el panel de luces. Llegué como un misil hasta él y de una patada lo destrocé, dejando la azotea de nuevo a oscuras excepto por las llamas que bailaban sobre mi cabeza. Sin aterrizar volé a por el guardia de seguridad que tenía mas cerca, propinándole un puñetazo en la cara, nada más meterle aquel golpe lo agarré de la solapa y lo lancé contra otro de sus compañeros. Sólo quedaba uno y volé hacia él, lo agarré y lo elevé en el aire conmigo. Flotábamos suspendidos, y si soltaba a ese desafortunado, seguramente acabaría en la entrada principal.
-Sssh, mejor será que no te metas en problemas, amigo. La caída desde aquí asusta. -le dije serio. -Más vale que avises a tus compañeros de que las luces han fallado, pero que están en proceso de reparación y que no necesitáis ayuda. Si suena convincente, quizás logres convencerme a mí también de no arrojarte desde aquí arriba.
Mientras mantenía al guardia en el aire, mi mirada recorría el entorno. Las llamas continuaban su danza hipnótica, iluminando intermitentemente la azotea. La tensión en el aire era palpable, quizá mi actuación había arruinado la operación, o quizá había ganado tiempo. No podía estar seguro. En ese momento, la vida del guardia y mi propia incertidumbre flotaban en el aire.
¿Cómo podía haber sido tan idiota de no fijarme en aquellos focos? Estaba justo encima de ellos y cada vez brillaban con más intensidad, si seguía sobrevolando la azotea era cuestión de tiempo que me vieran. Tenía dos opciones, o abandonar mi posición, o liarla.
-Je… -dije casi de forma inconsciente mientras sonreía. -Igual se complica el plan… -susurré.
Canción ambiente
Antes de que los focos deslumbraran con su máxima intensidad, la llama que yacía oculta en mi interior se desató como una furia ascendente hacia el firmamento. Me esforcé aún más para que resplandeciera con una luminosidad sin igual. Afortunadamente, este estado no perduraría mucho; en esa condición, mi velocidad era impresionante.
Con un movimiento ágil, me desvié del foco que me apuntaba y me dirigí velozmente hacia el panel de luces. Llegué como un misil hasta él y de una patada lo destrocé, dejando la azotea de nuevo a oscuras excepto por las llamas que bailaban sobre mi cabeza. Sin aterrizar volé a por el guardia de seguridad que tenía mas cerca, propinándole un puñetazo en la cara, nada más meterle aquel golpe lo agarré de la solapa y lo lancé contra otro de sus compañeros. Sólo quedaba uno y volé hacia él, lo agarré y lo elevé en el aire conmigo. Flotábamos suspendidos, y si soltaba a ese desafortunado, seguramente acabaría en la entrada principal.
-Sssh, mejor será que no te metas en problemas, amigo. La caída desde aquí asusta. -le dije serio. -Más vale que avises a tus compañeros de que las luces han fallado, pero que están en proceso de reparación y que no necesitáis ayuda. Si suena convincente, quizás logres convencerme a mí también de no arrojarte desde aquí arriba.
Mientras mantenía al guardia en el aire, mi mirada recorría el entorno. Las llamas continuaban su danza hipnótica, iluminando intermitentemente la azotea. La tensión en el aire era palpable, quizá mi actuación había arruinado la operación, o quizá había ganado tiempo. No podía estar seguro. En ese momento, la vida del guardia y mi propia incertidumbre flotaban en el aire.
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