11-01-2024, 09:17 PM
[personajeinvalido=742]
La imponente capitana Jenkins se presentó ante Joe, haciendo una mueca de disgusto al repasarlo y preguntó su apellido. “¿Qué le pasa a esta?”, pensé para mis adentros. Al parecer, no lo había reconocido, puesto que se había afeitado, añadiendo que eso le hacía perder personalidad. Yo no lo veía así. Me parecía que le encajaba más ese nuevo look, además de que hacía más fácil leer las emociones en su rostro ahora que no tenía un felpudo tapándoselo. Además, en una muestra de poder, a mi parecer de mal gusto, esperó a que el comandante le encendiese un cigarrillo. Él en respuesta, le proporcionó fuego y seguidamente expresó que su nueva imagen no cambiaba a su persona. También mencionó que sus padres lo habían abandonado y que carecía de dicho apellido. Lo primero ya lo sabía, pero lo del apellido no se lo había preguntado nunca.
La mujer continuó su discurso dando el pésame al grupo por la pérdida de uno de los héroes de los Cabos Gemelos, Vulkan. No tenía ni idea que había fallecido. Apreté los labios en un gesto de preocupación y miré hacia Karl disimuladamente, que se encontraba a uno de mis lados. Recordaba que ella me habló acerca de “Volkano”, que supuse que se refería a ese mismo que se mencionaba, pues ya me había fijado que tendía a alterar un poco los nombres de los demás. No tenía ni idea de si ellos lo sabían de antes o era una noticia nueva, pues lo único que me dijeron es que había desaparecido al llegar a Toko. Si aquella era la primera información que recibía al respecto, no le iba a sentar nada bien. Aunque de forma escueta, había comentado que aquel hombre le gustaba. Me sentí realmente mal por aquello. Quise abrazarla y brindarle todo mi apoyo, pero esperé a que la conversación terminase para poder consolarla si lo necesitaba.
Devolví la mirada a Jenkins, que se dirigió a cada uno de nosotros con una breve frase. Una vez más, volví a mirar a Karl cuando la capitana comentó que tenía uno de los poderes más prometedores de la Marina. No sabía a qué se refería, pero me sentí algo mal al darme cuenta de lo poco que conocía a mis compañeros a pesar de haber pasado ya varias semanas juntos en aquella isla. De verdad que esperaba poder cambiar aquello cuanto antes.
En último lugar, se dirigió a mí. Sentí su mirada inquisitiva analizándome y de su boca brotaron unas palabras llenas de desprecio. En voz alta, ante todos mis compañeros y comandante, afirmó que no me merecía estar dónde estaba y que aquello me venía grande. No negaré que yo me había preguntado exactamente aquello no mucho antes de llegar. Sin embargo, al ver como escrutaba mi aspecto y añadía con altivez que entendía el porqué, me di cuenta de que, claramente, se sentía inferior a mí en cuanto a belleza. Y no solo por mis semblante femenino, delicado y con una gracia incomparable, símbolos de mi atractivo exquisito, sino también por mi atractivo y prominente busto del cual ella carecía por completo. “Pobrecita, evidentemente está celosa. Es capitana y aun así se ve inferior a mí” deduje. Le dediqué una mirada de compasión, que no pudo apreciar, puesto que acababa de voltearse en dirección a una estantería.
De aquel mueble, extrajo una carta que había oculta entre dos libros y avanzó con lentitud hasta Joe para entregarle la misiva. Eran órdenes de arriba, mencionó que nuestra división no estaba actuando de la forma más eficiente, aunque acabar con los Dalton había sido algo positivo, pues había llamado la atención de algún superior. Se sentó en su silla y nos dio un último repaso antes de añadir que nos quedaríamos en su barco durante unos días hasta llegar a nuestro próximo destino; La prisión inexpugnable, Impel Down.
Repetí el saludo militar al recibir las órdenes y salí con mis compañeros de aquella habitación, esperando a que el último, el comandante, saliese y cerré la puerta tras él. Una vez en el pasillo del acorazado, Sephiroth preguntó sobre el motivo de nuestro viaje, a lo que Joe contestó abriendo la carta ante nosotros.
-Espero que no nos manden a quedarnos allí. No he leído nunca nada bueno de esa prisión, aparte de que es imposible para los presos escapar. -comenté mirando con curiosidad hacia la carta.
Joe leyó para todos el contenido, que rezaba a la atención de “El colmillo”, su apodo. Nos requerían en la prisión para lo que parecía una evaluación, además de informar sobre el padre Therens Blackmore y los piratas Dalton.
-Esto… Se trata sobre lo que hiciste en Toko, comandante. -dije pensativa, preguntándome sobre el porqué requerían del resto del equipo- Mencionan algo sobre una evaluación… ¿Nos van a hacer algún tipo de examen? -observaba a los demás cuando Joe llegó a la firma- ¡La mismísima asistente del Almirante de Flota! No sé qué querrán, pero sí que parece importante.
Me entusiasmé imaginándome conociendo a alguien como él, pero volví atrás en la emoción al ver a Karl y recordar lo que acababan de decirnos. Me acerqué a ella y cogí su mano con suavidad pero firmeza.
-Si necesitas hablar, estoy aquí. -intenté transmitirle algo de tranquilidad con una sonrisa y añadí- O también podemos sentarnos y planear nuevos atuendos, lo que tú prefieras.
Al decir aquello recordé a mis pobres y tristes maletas abandonadas en el hostal esperándome a que volviese. Hice una mueca de disgusto, preguntándome si podría recuperarlas más adelante. Después de aquello, buscamos a Gio para que nos indicase donde se encontraban nuestros aposentos y entré en el mío. Como no había un orden concreto, escogí el de en medio. Era un camarote bastante decente, de unas dimensiones parecidas a la habitación que tenía en Kakutatsu. Después de revisarlo, salí al pasillo y me quedé apoyada en el lateral de mi puerta, por si Karl requería un poco de charla.
Pasaron ambos días sin ningún incidente a recalcar. Paseé por el lugar observando a los Marines haciendo sus tareas, ganándome la atención de algunos de ellos como era habitual, sobre todo cuando al atardecer me dirigía a la cubierta para hacer mis estiramientos y entrenamientos rutinarios.
Aproveché ese tiempo libre para intentar conocer un poco más a mis compañeros. Si se daba la ocasión, intentaba estar atenta a Karl para apoyarla. No sabía si los demás se sentirían igual sobre el asunto de la muerte de Vulkan, así que con sutileza pregunté a todos como lo estaban llevando.
Me alegró cuando Joe se preocupó por el trato que había recibido por parte de la capitana y le hice saber que no pasaba nada, que estaba bien. Los celos entre mujeres eran algo habitual para mí y estaba acostumbrada a ello. Me reconfortó que fuese tan atento y le di las gracias por ello. Sabía que él no estaba a gusto con que lo llamasen “Héroe”, pero yo pensaba que le encajaba como anillo al dedo.
También quise aprovechar para hablar con Sephiroth. Lo que sucedió a nuestra llegada me enfadó, pero quería saber qué es lo que había provocado su reacción, pues seguramente se trataba de algo que desconocía. No creía que lo hubiese hecho por nada.
Por último, los tiempos que pasaba a solas en mi camarote, los pasé imaginando el lugar al que nos dirigíamos. Como no tenía mis preciados libros, intenté hacer memoria de todo lo que pude. Sentía mucha curiosidad por lo que nos esperaría en Impel Down y si conoceríamos a alguien interesante. Fuera lo fuese, no tardaría en descubrirlo, pues estábamos ya cerca de nuestro destino.
La imponente capitana Jenkins se presentó ante Joe, haciendo una mueca de disgusto al repasarlo y preguntó su apellido. “¿Qué le pasa a esta?”, pensé para mis adentros. Al parecer, no lo había reconocido, puesto que se había afeitado, añadiendo que eso le hacía perder personalidad. Yo no lo veía así. Me parecía que le encajaba más ese nuevo look, además de que hacía más fácil leer las emociones en su rostro ahora que no tenía un felpudo tapándoselo. Además, en una muestra de poder, a mi parecer de mal gusto, esperó a que el comandante le encendiese un cigarrillo. Él en respuesta, le proporcionó fuego y seguidamente expresó que su nueva imagen no cambiaba a su persona. También mencionó que sus padres lo habían abandonado y que carecía de dicho apellido. Lo primero ya lo sabía, pero lo del apellido no se lo había preguntado nunca.
La mujer continuó su discurso dando el pésame al grupo por la pérdida de uno de los héroes de los Cabos Gemelos, Vulkan. No tenía ni idea que había fallecido. Apreté los labios en un gesto de preocupación y miré hacia Karl disimuladamente, que se encontraba a uno de mis lados. Recordaba que ella me habló acerca de “Volkano”, que supuse que se refería a ese mismo que se mencionaba, pues ya me había fijado que tendía a alterar un poco los nombres de los demás. No tenía ni idea de si ellos lo sabían de antes o era una noticia nueva, pues lo único que me dijeron es que había desaparecido al llegar a Toko. Si aquella era la primera información que recibía al respecto, no le iba a sentar nada bien. Aunque de forma escueta, había comentado que aquel hombre le gustaba. Me sentí realmente mal por aquello. Quise abrazarla y brindarle todo mi apoyo, pero esperé a que la conversación terminase para poder consolarla si lo necesitaba.
Devolví la mirada a Jenkins, que se dirigió a cada uno de nosotros con una breve frase. Una vez más, volví a mirar a Karl cuando la capitana comentó que tenía uno de los poderes más prometedores de la Marina. No sabía a qué se refería, pero me sentí algo mal al darme cuenta de lo poco que conocía a mis compañeros a pesar de haber pasado ya varias semanas juntos en aquella isla. De verdad que esperaba poder cambiar aquello cuanto antes.
En último lugar, se dirigió a mí. Sentí su mirada inquisitiva analizándome y de su boca brotaron unas palabras llenas de desprecio. En voz alta, ante todos mis compañeros y comandante, afirmó que no me merecía estar dónde estaba y que aquello me venía grande. No negaré que yo me había preguntado exactamente aquello no mucho antes de llegar. Sin embargo, al ver como escrutaba mi aspecto y añadía con altivez que entendía el porqué, me di cuenta de que, claramente, se sentía inferior a mí en cuanto a belleza. Y no solo por mis semblante femenino, delicado y con una gracia incomparable, símbolos de mi atractivo exquisito, sino también por mi atractivo y prominente busto del cual ella carecía por completo. “Pobrecita, evidentemente está celosa. Es capitana y aun así se ve inferior a mí” deduje. Le dediqué una mirada de compasión, que no pudo apreciar, puesto que acababa de voltearse en dirección a una estantería.
De aquel mueble, extrajo una carta que había oculta entre dos libros y avanzó con lentitud hasta Joe para entregarle la misiva. Eran órdenes de arriba, mencionó que nuestra división no estaba actuando de la forma más eficiente, aunque acabar con los Dalton había sido algo positivo, pues había llamado la atención de algún superior. Se sentó en su silla y nos dio un último repaso antes de añadir que nos quedaríamos en su barco durante unos días hasta llegar a nuestro próximo destino; La prisión inexpugnable, Impel Down.
Repetí el saludo militar al recibir las órdenes y salí con mis compañeros de aquella habitación, esperando a que el último, el comandante, saliese y cerré la puerta tras él. Una vez en el pasillo del acorazado, Sephiroth preguntó sobre el motivo de nuestro viaje, a lo que Joe contestó abriendo la carta ante nosotros.
-Espero que no nos manden a quedarnos allí. No he leído nunca nada bueno de esa prisión, aparte de que es imposible para los presos escapar. -comenté mirando con curiosidad hacia la carta.
Joe leyó para todos el contenido, que rezaba a la atención de “El colmillo”, su apodo. Nos requerían en la prisión para lo que parecía una evaluación, además de informar sobre el padre Therens Blackmore y los piratas Dalton.
-Esto… Se trata sobre lo que hiciste en Toko, comandante. -dije pensativa, preguntándome sobre el porqué requerían del resto del equipo- Mencionan algo sobre una evaluación… ¿Nos van a hacer algún tipo de examen? -observaba a los demás cuando Joe llegó a la firma- ¡La mismísima asistente del Almirante de Flota! No sé qué querrán, pero sí que parece importante.
Me entusiasmé imaginándome conociendo a alguien como él, pero volví atrás en la emoción al ver a Karl y recordar lo que acababan de decirnos. Me acerqué a ella y cogí su mano con suavidad pero firmeza.
-Si necesitas hablar, estoy aquí. -intenté transmitirle algo de tranquilidad con una sonrisa y añadí- O también podemos sentarnos y planear nuevos atuendos, lo que tú prefieras.
Al decir aquello recordé a mis pobres y tristes maletas abandonadas en el hostal esperándome a que volviese. Hice una mueca de disgusto, preguntándome si podría recuperarlas más adelante. Después de aquello, buscamos a Gio para que nos indicase donde se encontraban nuestros aposentos y entré en el mío. Como no había un orden concreto, escogí el de en medio. Era un camarote bastante decente, de unas dimensiones parecidas a la habitación que tenía en Kakutatsu. Después de revisarlo, salí al pasillo y me quedé apoyada en el lateral de mi puerta, por si Karl requería un poco de charla.
Pasaron ambos días sin ningún incidente a recalcar. Paseé por el lugar observando a los Marines haciendo sus tareas, ganándome la atención de algunos de ellos como era habitual, sobre todo cuando al atardecer me dirigía a la cubierta para hacer mis estiramientos y entrenamientos rutinarios.
Aproveché ese tiempo libre para intentar conocer un poco más a mis compañeros. Si se daba la ocasión, intentaba estar atenta a Karl para apoyarla. No sabía si los demás se sentirían igual sobre el asunto de la muerte de Vulkan, así que con sutileza pregunté a todos como lo estaban llevando.
Me alegró cuando Joe se preocupó por el trato que había recibido por parte de la capitana y le hice saber que no pasaba nada, que estaba bien. Los celos entre mujeres eran algo habitual para mí y estaba acostumbrada a ello. Me reconfortó que fuese tan atento y le di las gracias por ello. Sabía que él no estaba a gusto con que lo llamasen “Héroe”, pero yo pensaba que le encajaba como anillo al dedo.
También quise aprovechar para hablar con Sephiroth. Lo que sucedió a nuestra llegada me enfadó, pero quería saber qué es lo que había provocado su reacción, pues seguramente se trataba de algo que desconocía. No creía que lo hubiese hecho por nada.
Por último, los tiempos que pasaba a solas en mi camarote, los pasé imaginando el lugar al que nos dirigíamos. Como no tenía mis preciados libros, intenté hacer memoria de todo lo que pude. Sentía mucha curiosidad por lo que nos esperaría en Impel Down y si conoceríamos a alguien interesante. Fuera lo fuese, no tardaría en descubrirlo, pues estábamos ya cerca de nuestro destino.
Aclaraciones
