[Aventura T2- Presente Absoluto] Una química explosiva
#4
Después de vuestro esplendoroso primer día en aquella novedosa y burbujeante isla, tras que la fémina del dúo sedujese con sus atributos a un pobre y desprevenido recepcionista para obtener una oferta para hospedaros, que incluso se quedó corta dada la belleza de la susodicha, el destino os llevo frente al cartel que anunciaba la que sería vuestra próxima parada. ¿Qué os depararía aquel resplandeciente y soberbio edificio? Pronto lo descubriríais.

Una vez frente a la imponente Mano de Oro os pusisteis a la cola y, a medida que pasaban los minutos, más asistentes se concentraban tras vosotros formando un reguero de personas que seguía hasta los callejones de dónde veníais. Sin duda aquellos carteles habían llamado la atención de un buen repertorio de espectadores, la mayoría de ellos de clase media o alta por su apariencia. No sabíais si os encontrabais entre los afortunados que podrían obtener una botella del preciado vino de Toroa, pero la posibilidad estaba ahí. Conforme avanzabais en la cola, una amable mujer, con un vestido dorado como todo el personal del espectáculo, se acercó a vosotros.

La que os atiende


-Bienvenidos a la Mano de Oro. -dijo recibiéndoos con un suave y agudo tono de voz- Para dos, verdad? -preguntó confirmándolo con la mirada- Acompañadme por aquí, por favor.

La mujer extendió la mano a su derecha y señaló las escaleras derechas que conducían a la planta superior. Caminó por delante de ambos ascendiendo por los peldaños metálicos y os condujo hacia el interior a través de una puerta de casi tres metros de alto y de ancho decorada con cortinas doradas. Una vez pasasteis, podéis observar el interior.

Imagen de interior


Si por fuera el lugar daba la sensación de ostentoso, su interior era una oda a la opulencia aún mayor, con una decoración que desbordaba en lujos y detalles extravagantes, creando un ambiente de esplendor y riqueza que superaba incluso la grandiosidad de su fachada. Pudisteis ver como aquella planta se extendía bordeando la inferior, en una especie de pasillos de unos cinco metros de ancho y más de tres de alto. Al final de ambos lados, junto al escenario, unas escaleras subían a incluso una tercera planta casi idéntica a en la que estabais. Os condujo hasta casi llegar enfrente de las otras escaleras, en lateral derecho, junto a unas cortinas y las levantó con cuidado para que ambos pasaseis al interior. Parecía la típica zona reservada para los clientes más caudalosos.

Era un espacio pequeño y circular, de un diámetro de tres metros. Una mesa redonda estaba colocada en el centro decorada con un jarrón de flores, una jarra de agua, un cuenco con aceitunas y unas intrincadas copas metálicas, con dos cómodas butacas dispuestas para vosotros.

La mujer entró con vosotros y se acercó a uno de los laterales de la mesa, en la que había un pequeño aparador con más copas y lo que parecían botellas con distintos tipos de licores. Cogió de la cubitera una fresca botella de vino y os la acercó mostrando la etiqueta.

-Este es el prometido vino de Toroa, queridos. La botella que ofrecemos está valorada en 200.000 berries, pero es totalmente gratis para los veinte primeros. Ha sido envejecida en barrica de madera de cerezo durante nada más y nada menos que veinticinco años. Si me permitís… -dijo mientras vertía el dulce vino en vuestras copas- Dejaré aquí la botella por si queréis tomar más. Tenéis la carta de nuestros demás refrigerios y comidas en la mesa, si deseáis alguna otra bebida o comida, estaré justo tras las cortinas para serviros. ¡Ah! El agua y las aceitunas son también cortesía de la casa, por supuesto. El espectáculo del Doctor Infinito comenzará en breves. Espero que lo disfrutéis.

Con una sonrisa, atravesó los visillos y os dejo solos en vuestro lujoso reservado. Ahora que prestabais atención al lugar, podíais ver como comenzaba a llenarse de gente la parte de abajo, la cual seguía siendo opulenta, pero algo menos que vuestro lugar privilegiado.

Pasados unos minutos, todas las mesas estaba al completo y las luces se atenuaron, quedando el escenario en completa oscuridad. Los murmullos del gentío se atenuaron y pudisteis ver algunas sombras moviéndose por el escenario y sonidos proviniendo del mismo. Poco después, las luces iluminaron la plataforma permitiéndoos ver una gran cantidad de extraños aparatos metálicos de distintas formas y tamaños. Todos, claramente metálicos y dorados. Algunos de ellos estaban conectados entre sí con unos tubos cristalinos que contenían distintas sustancias burbujeantes. En el centro de todo ello, un hombre se erguía frente a lo que parecía el origen de aquellos líquidos.

Dr Infinito


-¡Bienvenidos sean, señores y señoras, a la que será nuestra última actuación en Ballywood! Soy el Doctor Infinito, sabio de la mítica Ohara y he convertido los descubrimientos y avances en la ciencia del lugar en un placer que todo el mundo pueda experimentar -su voz grave retumbaba en los extraños aparejos metálicos creando un extraño y agudo eco.

Los vítores se extendían entre el público que los acompañaba con un fuerte aplauso. Al escenario comenzaron a subir doce ayudantes que vestían de dorado, ayudantes del doctor para el espectáculo, y se posicionaron junto a algunos de los objetos metálicos sosteniendo en sus manos unas bolsitas. El famoso doctor levantó entonces la mano y se hizo el silencio. Dirigió una mirada a su público, dedicando algunas sonrisas y habló, esta vez con un tono más bajo pero perfectamente audible para todos.

-Escuchad, oled, degustad y sentid las vibraciones de la ciencia. Pero sobre todo, disfrutad. ¡Que dé comienzo el espectáculo!


Aclaraciones


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RE: [Aventura T2- Presente Absoluto] Una química explosiva - por Ikirami - 12-01-2024, 12:20 AM

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