Un buen día. Las experiencias de las aventuras del pasado construyendo los cimientos del presente de cara a un futuro glorioso. Un futuro en el que el gremio que acababa de fundar se ganaría a sangre y fuego una reputación que haría sacudir el mundo y su nombre resonaría en todos los rincones de cualquier mar. O al menos esa era la intención, pero era un sueño lejano, una carrera de fondo. Aun así lo primero era lo primero: Tenía que encontrar socios que cooperasen conmigo para poder incrementar nuestras oportunidades comerciales... necesitábamos personal, dinero, infraestructura, poder... Obviamente eso no salía de la nada. Habría que empezar por dar un par de buenos golpes, acumular fortuna, encontrar un territorio interesante con posibilidades de desplazamiento, hacerme con un grupo de personas de confianza para conquistar dicho lugar y establecernos y usar el dinero acumulado para edificar un comienzo y financiar el proyecto... Con eso ya sería suficiente para establecer un inicio, un comienzo, y que la gente se aproximase por su propia cuenta y vinieran por sus propios pies a pedir unirse a mi nuevo imperio. Sería la pescadilla que se muerde la cola, y cuando fuera lo suficientemente grande y poderosa y contase con los suficientes recursos, hombres y mujeres poderosos, empezaría a mermar la competencia: Primero trabajaría en aplastar y absorber gremios más pequeños, recién iniciado o directamente aquellos con menos recursos que nosotros. Después, acabaría con los competidores directos que tuviese antes de empezar a absorber las demás organizaciones y cuando tuviera un puesto en el podio junto a los grandes titanes reinantes... no sabría por donde empezar, si los Crusaders. o All Hunt.
Pero todo esto eran fantasías, divagaciones, alucinaciones de una mente emprendedora y creativa que navegaba en busca de las posibilidades de un futuro sin saber que cuales quiera que fueran sus planes, siempre sucederían de las formas más dispares, contrarias o inesperadas.
Estaba sentado en la taberna de Kakutasu, bebiendo una gran jarra de zumo de color amarillento con una pajita que colaba a través de los agujeros de mi casco. Estaba solo, en la barra, en un lateral con la espalda hacia la pared, controlando por mi diestra la única entrada del lugar. En la taberna además de mi había un mesonero, mesas, clientes y cristalería con bebidas varias. Tras mi encuentro con aquella cría gigante descubrí que el barco que se suponía mío y esperándome ya no estaba en las costas de la isla - posiblemente fruto de algún robo de alguien más, o de los propios Marines - así que estaba de nuevo sin transporte abandonado en una isla cualquiera, esperando poder contar con la ayuda de algún barco civil, de mercancía, del gobierno o tener algún golpe de suerte. Los acontecimientos de los Cabos Gemelos me habían cambiado y mi estancia en esta isla había reforzado mi nueva confianza en mi mismo, y si el Sohem que entró en esta isla no es el mismo que conseguiría algún día salir de ella, el que llegó a aquellos cabos no era ni la sombra de alguien que se le pareciera un poco.
Di un largo sorbo a mi pajita. Estaba dulzón y muy rico aquel zumito.
Pero todo esto eran fantasías, divagaciones, alucinaciones de una mente emprendedora y creativa que navegaba en busca de las posibilidades de un futuro sin saber que cuales quiera que fueran sus planes, siempre sucederían de las formas más dispares, contrarias o inesperadas.
Estaba sentado en la taberna de Kakutasu, bebiendo una gran jarra de zumo de color amarillento con una pajita que colaba a través de los agujeros de mi casco. Estaba solo, en la barra, en un lateral con la espalda hacia la pared, controlando por mi diestra la única entrada del lugar. En la taberna además de mi había un mesonero, mesas, clientes y cristalería con bebidas varias. Tras mi encuentro con aquella cría gigante descubrí que el barco que se suponía mío y esperándome ya no estaba en las costas de la isla - posiblemente fruto de algún robo de alguien más, o de los propios Marines - así que estaba de nuevo sin transporte abandonado en una isla cualquiera, esperando poder contar con la ayuda de algún barco civil, de mercancía, del gobierno o tener algún golpe de suerte. Los acontecimientos de los Cabos Gemelos me habían cambiado y mi estancia en esta isla había reforzado mi nueva confianza en mi mismo, y si el Sohem que entró en esta isla no es el mismo que conseguiría algún día salir de ella, el que llegó a aquellos cabos no era ni la sombra de alguien que se le pareciera un poco.
Di un largo sorbo a mi pajita. Estaba dulzón y muy rico aquel zumito.

![[Imagen: mz3XEoL.png]](https://i.imgur.com/mz3XEoL.png)