Parece ser que mis palabras surtieron efecto, pude iniciar que todos y cada uno de nosotros hablásemos un poco. La primera de todas, Ikirami, la cual con una broma haciendo un gesto con el cuchillo, amenizó aquella tensión para crear un mejor ambiente. Suspiré aliviado, ya que me siguió el juego y me apoyó con su pequeña intervención. Le hice una sonrisa para agradecérselo, y no me había fijado en que se hizo un moño con su larga melena, le quedaba increíblemente bien.
Tras mi pregunta sobre quién conocía algo de Impel Down, el grandullón de Daisen aprovechó el momento e hizo talante de su conocimiento que tanto le gustaba. Nos contó que era una prisión que estaba bajo el vasto mar, disponiendo de varios niveles según la peligrosidad de los presos, siendo así un gran espacio para miles y miles de presos. También, estaba situada en el Calm Belt, una zona fuera de las corrientes y por la cual era peligrosa dado a la cantidad de lo que llamaba reyes marinos, que complicaba mucho la huida de alguno que quisiera irse de allí - Increíble... - Dije mirando a Daisen, con mi mano levantada mientras sostenía el tenedor totalmente quieto - ¿Y dime, que son los reyes marinos? - Dije algo avergonzado, pues no sabía bien a lo que se refería - Disculpa mi ignorancia, Daisen - Hice un pequeño gesto con mi rostro dando a entender que estaba algo confuso.
Karl parece que por fin reaccionó. Comentó que se encontraba bien, que no tendríamos que preocuparnos. Obviamente, no iba a ser así, al menos por mi parte, yo sí estaba preocupada por ella. Alegó que no le importaba, no haber podido pedir algo de picante para comer, pues bien lo que le gusta. Aun así, ella se sirvió su ración de comida. Tras ello, me pidió perdón por su comportamiento de estos días, sabiendo que tiene un fuerte carácter y a veces es difícil lidiar con ella, yo me limité a quitarle hierro al asunto - No tienes que pedir perdón por nada, Karl - Le dije mientras dejaba el tenedor en la mesa - Somos un equipo... no, somos una familia, y estamos para todo ¿Vale? - Terminé con un tono agradable y cercano, lo más importante es que ahora Karl estuviera bien, y recuperase todas las fuerzas posibles.
Ella finalizó diciendo que por mi carácter, la gente me admira, haciendo especial hincapié a Tenma, el cual estaba totalmente en su mundo, disfrutando del banquete como el que más, con la boca llena de granos de arroz. No pude soltar una carcajada - ¡Si qué tenías hambre, Tenma! Pues aprovecha y come, que en una hora estamos fuera de este barco - Realmente, me alegré de empezar yo la conversación, pues todos y cada uno de ellos estaban comentando, hablando, expresándose... Estaba bastante feliz con este momento, en el que todos disfrutábamos juntos.
Era una pena que se fuera a acabar, pues no quedaba mucho para llegar a nuestro destino. Miré a cada uno de mis compañeros, sonriente. Me atreví a decir unas palabras ahora que estaba animado - No sé qué nos espera en Impel Down, pero, con que nos tengamos los unos a los otros... yo ya me siento seguro y feliz - Dije dejando la servilleta encima de la mesa - ¡Yo ya estoy lleno! Nos queda un poquito, así que si tenéis hambre, ¡aprovechar! - dije tras una carcajada.
Los pocos minutos que nos quedaban allí me la pase escuchando y viendo a todos disfrutar y crear alboroto. Era gratificante ver que, tras lo sucedido estos días atrás, estaba empezando a sentirme cómodo y feliz. Esperaba que esto durase mucho más tiempo.
Tras mi pregunta sobre quién conocía algo de Impel Down, el grandullón de Daisen aprovechó el momento e hizo talante de su conocimiento que tanto le gustaba. Nos contó que era una prisión que estaba bajo el vasto mar, disponiendo de varios niveles según la peligrosidad de los presos, siendo así un gran espacio para miles y miles de presos. También, estaba situada en el Calm Belt, una zona fuera de las corrientes y por la cual era peligrosa dado a la cantidad de lo que llamaba reyes marinos, que complicaba mucho la huida de alguno que quisiera irse de allí - Increíble... - Dije mirando a Daisen, con mi mano levantada mientras sostenía el tenedor totalmente quieto - ¿Y dime, que son los reyes marinos? - Dije algo avergonzado, pues no sabía bien a lo que se refería - Disculpa mi ignorancia, Daisen - Hice un pequeño gesto con mi rostro dando a entender que estaba algo confuso.
Karl parece que por fin reaccionó. Comentó que se encontraba bien, que no tendríamos que preocuparnos. Obviamente, no iba a ser así, al menos por mi parte, yo sí estaba preocupada por ella. Alegó que no le importaba, no haber podido pedir algo de picante para comer, pues bien lo que le gusta. Aun así, ella se sirvió su ración de comida. Tras ello, me pidió perdón por su comportamiento de estos días, sabiendo que tiene un fuerte carácter y a veces es difícil lidiar con ella, yo me limité a quitarle hierro al asunto - No tienes que pedir perdón por nada, Karl - Le dije mientras dejaba el tenedor en la mesa - Somos un equipo... no, somos una familia, y estamos para todo ¿Vale? - Terminé con un tono agradable y cercano, lo más importante es que ahora Karl estuviera bien, y recuperase todas las fuerzas posibles.
Ella finalizó diciendo que por mi carácter, la gente me admira, haciendo especial hincapié a Tenma, el cual estaba totalmente en su mundo, disfrutando del banquete como el que más, con la boca llena de granos de arroz. No pude soltar una carcajada - ¡Si qué tenías hambre, Tenma! Pues aprovecha y come, que en una hora estamos fuera de este barco - Realmente, me alegré de empezar yo la conversación, pues todos y cada uno de ellos estaban comentando, hablando, expresándose... Estaba bastante feliz con este momento, en el que todos disfrutábamos juntos.
Era una pena que se fuera a acabar, pues no quedaba mucho para llegar a nuestro destino. Miré a cada uno de mis compañeros, sonriente. Me atreví a decir unas palabras ahora que estaba animado - No sé qué nos espera en Impel Down, pero, con que nos tengamos los unos a los otros... yo ya me siento seguro y feliz - Dije dejando la servilleta encima de la mesa - ¡Yo ya estoy lleno! Nos queda un poquito, así que si tenéis hambre, ¡aprovechar! - dije tras una carcajada.
Los pocos minutos que nos quedaban allí me la pase escuchando y viendo a todos disfrutar y crear alboroto. Era gratificante ver que, tras lo sucedido estos días atrás, estaba empezando a sentirme cómodo y feliz. Esperaba que esto durase mucho más tiempo.
