[Aventura Grupal T2]El incidente de Ciudad Murkhold
#6
PERSONAJE


     Cuando Peteiro se hubo acercado a la puerta, yo había llegado prácticamente a ella en mi avance anterior. Esta, cerrada, nos separaba de las garras de nuestros repentinos enemigos, quienes, a juzgar por el jaleo, parecían formar un grupo sediento de nuestras cabezas. Pegadas al cuerpo, por supuesto, puesto que no debían acabar con nosotros.
     Mientras el gyojin permanecía cerca de mí habiendo adoptado una postura intimidante (con su altura resultaba imponente), la luz procedente de los grandes ventanales incidía sobre nosotros, como focos delatores que nos hacían protagonistas de una escena de inminente confrontación. Solo un imbécil pensaría que no habría golpes tras atravesar esa puerta y en mi cuerpo ya había comenzado la sed de violencia.
     Entonces, algo pasó rozándome, o más bien alguien. Eaa caminó a nuestro lado y, tras un comentario al que no presté demasiada atención, se despojó de su fiel abrigo. Lo que vi en ella me hizo alzar las cejas: lo que parecía la mitad de un huevo enorme cubría su cintura y parte inferior, hasta el comienzo de sus largas piernas, como si de una extravagante prenda de ropa interior se tratase. En cualquier otro momento habría tenido varias preguntas que, agolpadas en mi mente, tal vez hubiesen sonrojado a la muchacha, pero ahora mi avidez se enfocaba en otro frente.
     De pronto, la chica enorme se lanzó contra la puerta y, de un golpe, cruzó el umbral. La hoja de madera se quedó abierta, lo que hizo que, desde nuestra posición, pudiésemos ver parte de lo que nos aguardaba ahí fuera. Era imposible saber cuántos desgraciados esperaban darnos caza, pero la imagen parcial que llegaba a mis retinas ya me reveló que nos superaban en número. Y varias veces.
     Un hormigueo de anticipación recorrió mi cuerpo.
     Eaa voceó fuera, dirigiéndose a esa gente como las bazofias que eran. Luego, pasó a la acción, como el gato que ansía sus ratones. Fue en ese instante en el que decidí que cada segundo perdido era un segundo de ventaja para esa cuadrilla de miserables.
     Acabé con el medio metro que me separaba del umbral de la puerta. Fuera, la lluvia me rodeó con sus brazos húmedos, repicando sobre mi cuerpo en tensión. El estruendo de la pelea me envolvió con familiaridad, invitándome a unirme. 
     Mis dedos pálidos rodearon el extremo del látigo, enrollado a mi alrededor cual cinturón metálico. Lo desenrollé y, como una serpiente rebelde y recubierta de pinchos, me siguió mientras avanzaba hacia los piratas enemigos. Ellos me vieron: sus ojos carroñeros se posaron sobre mí. Los míos, hambrientos, quedaron clavados sobre aquellos sobre quienes descargaría mi agresividad. 
     Mi mano derecha dibujó un rápido movimiento en el aire y el látigo, sinuoso, reptó por el aire hasta encontrarse, despiadado, con sus objetivos en la distancia que aún nos separaba. El chasquido resonó sobre los cuerpos de los desgraciados a quienes alcancé. Luego, el látigo en toda su longitud regresó a mí, obediente siervo, hasta quedar a mis pies, lacio. Pero no le di tiempo a descansar: aquello no había hecho nada más que empezar.
     Siendo consciente de esta última certeza, decidí no quedarme quieta y, así, entorpecer a mis oponentes para alcanzarme.
     Retrocedí hasta la fachada de la taberna utilizando a la máxima velocidad de la que fui capaz sin perder el equilibrio ni estamparme contra la pared. Dentro del local, antes de que aquella gente viniese, obsesionada, a por nosotros, Eaa había mencionado un balcón, un balcón precioso de La Vieja Sordo Muda que había que visitar. Bien, era el momento de hacer turismo. Y escalada. Para mi suerte, la fachada de la taberna estaba lejos de ser una superficie regular, por lo que presentaba numerosos salientes de las piedras con la que estaba construida. Impulsándome hacia arriba con cada salto, fui apoyándome en las irregularidades, que me sirvieron para ir ascendiendo. 
     No sin cierta dificultad por el esfuerzo y la lluvia, conseguí llegar al balcón, que se alzaba a unos cinco metros y medio sobre el embarrado suelo de Murkhold.
     Si la barandilla era bonita o no, ahora mismo me importaba una mierda. Jadeaba mientras el agua comenzaba a calar en mi cabello, que se adhería a mi cuerpo, al igual que mis ropas oscuras. Desde ahí arriba, miraba el tumultuoso panorama como si de mi reino se tratara. Un reino a las puertas de una invasión que debía ser erradicada de inmediato.
     Podría haberme evitado el esfuerzo, podría haber recurrido a un modo más fácil y elegante de subir hasta allí, pero las prisas jamás fueron las mejores aliadas. Utilizar el cerebro, sí. Era vital conocer las propias fortalezas y debilidades. Una buena estrategia solía ser parte fundamental de una victoria. Esperar que la suerte pelease por nosotros era un error de principiantes y yo no estaba dispuesta a cometerlo.

RESUMEN
ARMA
BÉLICO
RESULTADOS
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RE: [Aventura Grupal T2]El incidente de Ciudad Murkhold - por Maeve Knox - 15-01-2024, 01:03 PM

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