16-01-2024, 12:13 PM
PERSONAJE
Podía vislumbrar la escena al completo desde ahí arriba. La lluvia bañaba el caos que acontecía a mis pies. Un buen número de piratas yacía en el suelo, habiendo caído bajo nuestros ataques. Mi anterior intervención había derrotado a tres después de que Eaa se cargase a varios más, pero lo que estaba haciendo ahora Peteiro me dejó gratamente sorprendida. Tal vez "sorprendida" no era la palabra, pues, de algún modo, ya sabía de lo que era capaz: una presencia salvaje que no mostraba piedad con quien osaba ponerse en su camino. En mi posición, tan solo estaba un poco más arriba de su estatura, y algo parecido ocurría con Eaa. Eran dos monstruos a los que, por alguna razón, el destino había posicionado a mi favor. Al menos, en aquella anárquica batalla.
La violencia desplegada por el gyojin redujo el número de piratas enemigos de un modo casi insultante para ellos.
La nueva actuación de la enorme pelirroja, a quien parte de esa gentuza había estado atosigando, terminó con lo que quedaba. Tal y como esperaba de ella.
La violencia desplegada por el gyojin redujo el número de piratas enemigos de un modo casi insultante para ellos.
La nueva actuación de la enorme pelirroja, a quien parte de esa gentuza había estado atosigando, terminó con lo que quedaba. Tal y como esperaba de ella.
—Sí, y tenías razón: desde aquí las vistas son espectaculares —respondí a su comentario, sonriendo bajo el azote de la tormenta. Si por "espectacular" se entendía una alfombra de cuerpos. Entre las piedras y sobre el barro, el color de la sangre teñía los pequeños ríos que bajaban la calle—. Mis ojos de panda ven la hostia que te voy a dar como vuelvas a llamarme así.
Aunque, a decir verdad, la lluvia probablemente hubiese alterado el maquillaje de mis ojos, arrastrándolo por mi rostro como siniestras lágrimas negras. No me preocupaba lo más mínimo. Tampoco a Eaa le preocuparía mi amenaza, pues visto lo visto, un golpe mío le haría poco más que una caricia.
Fui a agregar alguna otra gilipollez a mi respuesta hacia ella, pero esta murió en mi garganta: un nuevo grupo de miserables aparecía en escena, dispuestos a conseguir aquello en lo que sus inútiles compañeros habían fracasado. Aunque el número era parecido a la primera tropa (no iba a ponerme a contar para conocer la cantidad exacta), estaba segura de que volveríamos a acabar con ellos.
"El pirata más buscado del West Blue" retumbó en mis oídos.
Entonces, un relámpago iluminó el cielo con tétrica precisión, partiéndolo en dos. La súbita luz me permitió ver que, a lo lejos, otra turba desquiciada venía corriendo desde el puerto.
—¡Tenemos que acabar con estos inútiles cuanto antes! —les grité a mis compañeros—. ¡Viene otro grupo de piratas, no podemos dejar que se junten!
Pero la inminente amenaza no fue lo único que capté en el puerto. Una figura blanca describía desordenados movimientos en el aire. Parecía como si flotase. Un fantasma. A través de la niebla, a duras penas me di cuenta de que seguía el implacable vaivén del oleaje. Un barco. Pero no conseguía atisbar más allá, como si el resto de la embarcación perteneciese a otra dimensión, invisible.
De pronto, llegaron a mis oídos los comentarios despectivos de los recién llegados. Mi pecho, que ya no jadeaba, recibió otra oleada de furia. Volví a dirigir la mirada a la nueva batalla que tenía lugar a mis pies. Debía volver. Y debían no poder tocarme.
—¡Eaa! —la llamé; ella giró su rostro hacia mí con rapidez—. ¡Estira el brazo izquierdo! —Ella me miró como si me hubiese vuelto loca—. ¡Confía en mí!
Por alguna razón y para mi alivio, decidió hacer lo que le pedía. Apoyé el pie derecho en la decorada barandilla. Al segundo siguiente, me impulsé y, arma en mano, salté al vacío. Un rápido movimiento bastó para que el extremo del látigo se enrollase sobre el antebrazo extendido de mi compañera. Empuñando el mango con ambas manos, me colgué de este en toda su longitud, viajando por el aire como si sujetase una liana. Sentía el aire frío sobre mi cuerpo empapado.
Mis pupilas se mantenían fijas sobre aquel que se había mofado de ella.
Conseguí que el movimiento balanceante de mi trayectoria me llevase al punto exacto que quería: aquel mismo gilipollas. Y como ese imbécil se encontraba al lado de otro más imbécil aún (pues suyas habían sido las palabras hacia Peteiro), decidí que me cobraría dos por el precio de uno. Separé las piernas y cada una de mis botas impactó con sus caras a gran velocidad, llevando sus cabezas hacia atrás de forma brusca y lanzándolos a un par de metros de allí.
—Cerrad la puta boca —solté mientras los golpeaba.
Por inercia, el látigo me hizo continuar con el movimiento y, ayudándome de otro pequeño impulso, conseguí, al ascender, poder terminar de cuclillas sobre el hombro izquierdo de Eaa, nuevamente fuera del alcance enemigo. Con la mano izquierda me agarré a su ropa para una mejor sujeción, mientras que, con la derecha, desenrollaba el látigo de su brazo, aún extendido.
Todo había sucedido en cuestión de segundos.
Entonces, me acerqué a su oído, que ahora me quedaba tan cerca, e hice alusión al juego que, hacía unos días, se había inventado con su libreta con respecto al cálculo de mis asesinatos.
—Estos cuentan doble.
RESUMEN
ARMA
BÉLICO
RESULTADOS
ACLARACIONES
