17-01-2024, 01:15 AM
(Última modificación: 17-01-2024, 01:15 AM por Shoto Data.
Razón: Problema en las sangrias
)
Día 50, Año 11, Verano, 10.00 a.m.
West Blue - Toroa – Ciudad Murkhold.
Un día espectacular de verano, algo extraño en Toroa, cuando llegué al castillo que tanto me había cautivado durante las últimas semanas. - Voy bien de tiempo, hoy cambiaban la exposición de arte en la galería y me gustaría pasarme por la biblioteca. - Dije en un tono medio para las solapas de mi bata mientras caminaba con un libro y un cuaderno en mi mano derecha. Al llegar a las puertas del castillo saludé a los vigilantes locales, los cuales no tarde mucho en hacerme amigo de ellos al fin y al cabo no dejaba de ser un visitante que iba con bastante frecuencia y siempre terminaba contando alguna historia de Ohara. Por no faltar a mi rutina sagrada, me acerqué a la cafetería del castillo ubicada en el claustro. Siempre me pregunté por qué elegirían el claustro para esa tarea si normalmente era un sitio para poder pensar, meditar y no tener ningún flujo de información entrante por cualquiera de tus sentidos. Aun así, cogí la taza del café solo que me habían servido y me fui a la mesa a pensar sobre a mi vida. Me había puesto dos metas, la primera era salir de Ohara y ser una persona de mundo, al final mi padre siempre hablaba de como, de joven con su familia andaba de un sitio a otro, sin parar mucho tiempo y siendo como quien dice un nómada, hasta que llegó a Ohara, en fin... Meta cumplida. La segunda meta, ambiciosa a la vez que temeraria. Necesitaba buscar protección para mí y los míos, si les hubiera claro, de momento solo esta Erika así que llevo dándole vueltas donde acabaré en unos meses. Lo que sí que tengo claro es que necesito investigar más sobre las akuma no mi, desde que vi a aquella chica pelirroja no puedo dejar de pensar en ello.
Tras acabar el café mi dirigí por los pasillos del castillo a una gran exposición de un artista consagrado, siempre que puede para en Toroa para deleitar a los aficionados de sus pinturas sobre técnicas, estilos, lo que la gente siente al ver sus obras, vamos lo que en argot común sería tener el ego subidito. Al llegar a la puerta me invitó a pasar el comisario de la exposición, un joven de unos 30 años arreglado con un traje negro, camisa blanca, abierta al medio el primer botón. - Buenos días, caballero, pase y vea la exposición de Captador Dilá, nuestro artista invitado aún no ha llegado, pero podrá admirar su obra sobre lo paranoico y lo cínico. - Asentí con la cabeza mientras me dirigía al medio de la sala de exposición.
La sala de exposición era una sala con techos de gran altura, con vidrieras muy trabajadas, para que aparte de disfrutar de la belleza del arte pudieras fijarte en los detalles de las mismas, aparte la sala rectangular tenía tres zonas separadas simétricamente con bancos de piel en el medio para que cualquier persona se pudiera sentar y admirar las obras.
No sé si fue porque la luz incidía sobre el cuadro o que simplemente mi mirada y mi cuerpo se quedaron mirando al vacío y estaba en la trayectoria, pero ahí estaba el cuadro, un óleo sobre lienzo cuyo contenido era realista a la vez que paranoico. Un grupo de marines luchando con lo que parecía un par de piratas, en otro lado lo que parecía un busto por el que habían pasado los siglos, donde la mitad de la cara parecía tener una máscara y la otra estaba al natural, pero no se podían intuir unas facciones faciales definidas, además de una joven semidesnuda arrastrada por una cadena la cual tenía en sus manos un hombre que vestía con ropajes de una clase alta. La clave del cuadro radicaba, o eso al menos, es lo que el creador quería reflejar que dependiendo del ángulo con el que miraras podías ver unas cosas u otras.
Mi cuerpo acabó sentado buscando el mínimo detalle, explorando cada cosa, al cabo de un rato me levanté para leer la etiqueta donde ponía el nombre del cuadro. "La casa de Subastas", un hombre como yo de ciencia, lo único que podía sacar de conclusiones es que era una crítica a la sociedad y sus clases, como las rivalidades han estado toda la vida a lo largo del paso del tiempo, mientras aquellas personas llevaban una máscara siendo unos mentirosos o siendo verdaderamente libres y la critica a la opulencia de como los berries y el poder mueven todo a través de la aristocracia más pasada de vueltas. Me dio por reírme soltando un par de carcajadas sin que dieran mucho la nota entre el resto de asistentes. Tras acabar de ver la etiqueta del cuadro, avance al siguiente lote de la exposición para ver si este artista usaba su arte como una manera de esconder su crítica a través del cinismo.
