[personajeinvalido=742]
Sephiroth me pasó aquel recipiente que Gio le ofreció, incluso me dijo que me lo quedase por si llegaba a molestarle a la hora de desenvainar su katana. Le miré extrañado - ¿Por qué ibas a necesitar usar tu arma en un sitio como este? - Dije con una sonrisa - ¡Debes de estar bromeando! - Acto seguido, abrí el tapón de aquel recipiente, y me lo acerqué a mi nariz, para saber que aroma y olor desprendía, sentía curiosidad. A su vez, Tenma me dijo unas palabras de preocupación sobre donde nos estábamos metiendo, alegando que estuviera alerta. Me llamó la atención bastante, pues primero Sephi, ahora Tenma, y vi a Karl también con poca confianza, por lo que intenté tranquilizarlos a cada uno de ellos - No hay que de preocuparse, estamos en la prisión más segura del mundo. Y no solo estamos nosotros, contamos con más marines. Así que con confianza, ¿vale? - Intenté decir calmado para aliviar la tensión que tenían encima.
Según avanzábamos por aquel gigantesco puente, poco a poco se podía contemplar mejor aquel inmenso sitio. Lo primero que me fijé fueron en dos especies de torres con unas dimensiones impresionantes, en lo alto se podía apreciar a dos pelotones, respectivamente, vigilando la zona, dándoles una amplia vista de todo aquello, desde donde se situaban aquellos enormes barcos hasta el gigantesco puente. Logré fijarme un poco en la forma de la plataforma, avistando más torres, con un buque enfrente de cada una. Era impresionante.
Estábamos llegando al final del puente, pero me giré para ver a cada uno de mis compañeros y qué expresiones mostraban sus rostros. Lo que más me llamó la atención fue ver lo diminuto que era Daisen en aquel puente. Sin duda alguna, no estaba acostumbrado, cuando ya de por sí, él es el grandullón del grupo. Volví a mirar al frente, ahora más cerca de la entrada, y para mi sorpresa, custodiando el enorme portón que había allí - el cual, podría decirse, eran varias puertas de diferentes tamaños en una sola - se situaban dos criaturas parecidas a Daisen en cuanto a tamaño, vistiendo uniformes y unas máscaras bastante raras, que solo dejaban mostrar los ojos detrás de unos agujeros. Cuando, de repente, la puerta más pequeña de aquel gran portón se abrió, haciendo que los dos guardias se dieran un golpe en el pecho.
De allí, salió una voz aguda, con cierta rapidez y energía - y con eco, pues provenía todavía de dentro de aquel sitio - diciendo claramente "La división treinta y cuatro", mientras nos daba la bienvenida a aquel majestuoso lugar. Aquella voz se acercaba más y más, abandonando el eco y siendo más nítida, revelando dos datos importantes. Su nombre: Nicholas Vangeance, y su cargo: el vicealcaide de Impel Down.
Se estaba aproximando alguien muy importante hacia nosotros, y había que estar preparado para ello. Me detuve enfrente de la puerta pequeña, esperando para ver el rostro de aquella persona la cual nos estaba recibiendo educadamente. Ni siquiera di una orden o algo parecido a mis compañeros de posicionarse para saludar cuando tocase, pues yo ya sabia de sobra que lo harían perfectamente. Aunque, hubo algo que me sacó del papel. Una vez terminó aquella voz, se escuchó un fuerte ruido metálico, y dos voces insultándose y discutiendo. Desde luego, la llegada ha sido intensa. De nuevo, una vez más, intenté sacar algún olor característico que hubiera por la entrada.
Sephiroth me pasó aquel recipiente que Gio le ofreció, incluso me dijo que me lo quedase por si llegaba a molestarle a la hora de desenvainar su katana. Le miré extrañado - ¿Por qué ibas a necesitar usar tu arma en un sitio como este? - Dije con una sonrisa - ¡Debes de estar bromeando! - Acto seguido, abrí el tapón de aquel recipiente, y me lo acerqué a mi nariz, para saber que aroma y olor desprendía, sentía curiosidad. A su vez, Tenma me dijo unas palabras de preocupación sobre donde nos estábamos metiendo, alegando que estuviera alerta. Me llamó la atención bastante, pues primero Sephi, ahora Tenma, y vi a Karl también con poca confianza, por lo que intenté tranquilizarlos a cada uno de ellos - No hay que de preocuparse, estamos en la prisión más segura del mundo. Y no solo estamos nosotros, contamos con más marines. Así que con confianza, ¿vale? - Intenté decir calmado para aliviar la tensión que tenían encima.
Según avanzábamos por aquel gigantesco puente, poco a poco se podía contemplar mejor aquel inmenso sitio. Lo primero que me fijé fueron en dos especies de torres con unas dimensiones impresionantes, en lo alto se podía apreciar a dos pelotones, respectivamente, vigilando la zona, dándoles una amplia vista de todo aquello, desde donde se situaban aquellos enormes barcos hasta el gigantesco puente. Logré fijarme un poco en la forma de la plataforma, avistando más torres, con un buque enfrente de cada una. Era impresionante.
Estábamos llegando al final del puente, pero me giré para ver a cada uno de mis compañeros y qué expresiones mostraban sus rostros. Lo que más me llamó la atención fue ver lo diminuto que era Daisen en aquel puente. Sin duda alguna, no estaba acostumbrado, cuando ya de por sí, él es el grandullón del grupo. Volví a mirar al frente, ahora más cerca de la entrada, y para mi sorpresa, custodiando el enorme portón que había allí - el cual, podría decirse, eran varias puertas de diferentes tamaños en una sola - se situaban dos criaturas parecidas a Daisen en cuanto a tamaño, vistiendo uniformes y unas máscaras bastante raras, que solo dejaban mostrar los ojos detrás de unos agujeros. Cuando, de repente, la puerta más pequeña de aquel gran portón se abrió, haciendo que los dos guardias se dieran un golpe en el pecho.
De allí, salió una voz aguda, con cierta rapidez y energía - y con eco, pues provenía todavía de dentro de aquel sitio - diciendo claramente "La división treinta y cuatro", mientras nos daba la bienvenida a aquel majestuoso lugar. Aquella voz se acercaba más y más, abandonando el eco y siendo más nítida, revelando dos datos importantes. Su nombre: Nicholas Vangeance, y su cargo: el vicealcaide de Impel Down.
Se estaba aproximando alguien muy importante hacia nosotros, y había que estar preparado para ello. Me detuve enfrente de la puerta pequeña, esperando para ver el rostro de aquella persona la cual nos estaba recibiendo educadamente. Ni siquiera di una orden o algo parecido a mis compañeros de posicionarse para saludar cuando tocase, pues yo ya sabia de sobra que lo harían perfectamente. Aunque, hubo algo que me sacó del papel. Una vez terminó aquella voz, se escuchó un fuerte ruido metálico, y dos voces insultándose y discutiendo. Desde luego, la llegada ha sido intensa. De nuevo, una vez más, intenté sacar algún olor característico que hubiera por la entrada.
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