17-01-2024, 11:23 AM
(Última modificación: 17-01-2024, 11:44 AM por Maeve Knox.)
Desde luego, la respuesta de Peteiro me extrañó. ¿Tan baja era su autoestima que consideraba que su mejor error era nacer? Sus demonios debían de ser muy jodidos. O su vida. O ambos. Que se hubiese llegado a comer un perro callejero ya coincidía más con la imagen que tenía de él.
—No maté a todas las personas de un pueblo —protesté, aunque, de algún modo, que me atribuyese algo así me hizo sentir un orgullo perturbador—. De momento. —Me vine un poco arriba, como si fuese un gallo de corral. No soy tan despiadada, pero por algún motivo, no lo dije.
Eaa volvió a llamarme salvaje. Sé que aludía al whiskey, pero mi anterior pensamiento me hizo no corregirla. No era algo que me ofendiese, por otra parte. Al fin y al cabo, el vino emborrachaba de la misma manera.
Que la chica enorme también hubiese matado a alguien tampoco fue sorpresa, y menos en las circunstancias que relató. Los tres éramos unos desgraciados de cuidado. No me preocupaba lo más mínimo. Incluso cuando la muchacha alegaba que sus ataques, que por su interminable lista no eran pocos, siempre habían sido en defensa propia. No la creí. Es decir, era muy posible que hubiese tenido que defenderse en muchas ocasiones, pero encontré cierta satisfacción en su forma de hablar.
—Eaa, te gusta la sangre tanto como a nosotros, solo que no te permites reconocerlo. —Hacía un par de minutos que el camarero había servido nuestras consumiciones y le di un trago largo al whiskey antes de continuar—: Y no te preocupes, no te voy a insistir, tengo paciencia, nos lo terminarás contando en algún momento. —Me dio la sensación de que era precisamente lo que quería, que insistiéramos. A continuación, le guiñé un ojo mientras acercaba el vaso de nuevo a mis labios. Esta vez había comido, no volvería a sucederme la estupidez del día anterior.
Y dale con Pandita.
Sacó una libreta haciendo la broma de apuntar mis crímenes. Cuando decía "libreta", se refería a un cuaderno de tamaño estándar, solo que en sus manos quedaba mucho más pequeño. Me habría resultado útil algo así para llevar mi propia cuenta, pero nunca se me había ocurrido hacerlo. Sonaba un tanto desequilibrado, como cuando los asesinos en serie se guardan objetos o partes de sus víctimas para añadirlos a su colección de trofeos.
—No los he contado, pero yo no apuntaría los intentos de homicidio, más bien los asesinatos. No recuerdo cuántos van. —Miré hacia los lados, nadie parecía estar prestándonos atención a pesar del grupo pintoresco que formábamos: estábamos rodeados de gente extraña, no destacábamos—. Además de allanamiento de morada, robos, extorsiones, torturas... —Miré hacia otro lado, abandonando el presente durante un momento para viajar muchos años atrás. Había varios delitos que podía elegir como "el peor", pero uno acudió a mi mente sin ser llamado, así que supe que era el que tenía que decir—: ¿El peor? Quemé viva a un grupo de gente. Me traicionaron.
No quise dar más detalles. Debajo de todo el odio que sentía, yacía una herida que no quería ser reabierta.
La culpa era mía por haber preguntado en mi primer lugar.
Quita esa cara de mierda, que te van a preguntar que si estás bien, me recriminé. Estaba perfectamente. Al menos, si no pensaba en ello.
—Oye, Eaa, tengo una pregunta para ti —continué de pronto, cambiando de tema de forma brusca—. Eres oni, ¿verdad? O, al menos, tienes relación con ellos. Me lo llevo preguntando desde que te conozco, pero igual quedaba feo decírtelo antes. Por los cuernos y la altura, aunque me esperaba que los onis fuesen más altos.
También tenía una pregunta para mi querido acompañante marítimo, pero me esperaría a la respuesta de la pelirroja. Hay que ser ordenada.
—No maté a todas las personas de un pueblo —protesté, aunque, de algún modo, que me atribuyese algo así me hizo sentir un orgullo perturbador—. De momento. —Me vine un poco arriba, como si fuese un gallo de corral. No soy tan despiadada, pero por algún motivo, no lo dije.
Eaa volvió a llamarme salvaje. Sé que aludía al whiskey, pero mi anterior pensamiento me hizo no corregirla. No era algo que me ofendiese, por otra parte. Al fin y al cabo, el vino emborrachaba de la misma manera.
Que la chica enorme también hubiese matado a alguien tampoco fue sorpresa, y menos en las circunstancias que relató. Los tres éramos unos desgraciados de cuidado. No me preocupaba lo más mínimo. Incluso cuando la muchacha alegaba que sus ataques, que por su interminable lista no eran pocos, siempre habían sido en defensa propia. No la creí. Es decir, era muy posible que hubiese tenido que defenderse en muchas ocasiones, pero encontré cierta satisfacción en su forma de hablar.
—Eaa, te gusta la sangre tanto como a nosotros, solo que no te permites reconocerlo. —Hacía un par de minutos que el camarero había servido nuestras consumiciones y le di un trago largo al whiskey antes de continuar—: Y no te preocupes, no te voy a insistir, tengo paciencia, nos lo terminarás contando en algún momento. —Me dio la sensación de que era precisamente lo que quería, que insistiéramos. A continuación, le guiñé un ojo mientras acercaba el vaso de nuevo a mis labios. Esta vez había comido, no volvería a sucederme la estupidez del día anterior.
Y dale con Pandita.
Sacó una libreta haciendo la broma de apuntar mis crímenes. Cuando decía "libreta", se refería a un cuaderno de tamaño estándar, solo que en sus manos quedaba mucho más pequeño. Me habría resultado útil algo así para llevar mi propia cuenta, pero nunca se me había ocurrido hacerlo. Sonaba un tanto desequilibrado, como cuando los asesinos en serie se guardan objetos o partes de sus víctimas para añadirlos a su colección de trofeos.
—No los he contado, pero yo no apuntaría los intentos de homicidio, más bien los asesinatos. No recuerdo cuántos van. —Miré hacia los lados, nadie parecía estar prestándonos atención a pesar del grupo pintoresco que formábamos: estábamos rodeados de gente extraña, no destacábamos—. Además de allanamiento de morada, robos, extorsiones, torturas... —Miré hacia otro lado, abandonando el presente durante un momento para viajar muchos años atrás. Había varios delitos que podía elegir como "el peor", pero uno acudió a mi mente sin ser llamado, así que supe que era el que tenía que decir—: ¿El peor? Quemé viva a un grupo de gente. Me traicionaron.
No quise dar más detalles. Debajo de todo el odio que sentía, yacía una herida que no quería ser reabierta.
La culpa era mía por haber preguntado en mi primer lugar.
Quita esa cara de mierda, que te van a preguntar que si estás bien, me recriminé. Estaba perfectamente. Al menos, si no pensaba en ello.
—Oye, Eaa, tengo una pregunta para ti —continué de pronto, cambiando de tema de forma brusca—. Eres oni, ¿verdad? O, al menos, tienes relación con ellos. Me lo llevo preguntando desde que te conozco, pero igual quedaba feo decírtelo antes. Por los cuernos y la altura, aunque me esperaba que los onis fuesen más altos.
También tenía una pregunta para mi querido acompañante marítimo, pero me esperaría a la respuesta de la pelirroja. Hay que ser ordenada.
RESUMEN
