17-01-2024, 09:18 PM
[personajeinvalido=752]
Tan pronto escuché la petición de que estirara el brazo izquierdo lo hice sin dudar. Los días que había pasado en esta lúgubre isla me habían enseñado varias lecciones, y una de ellas era que podía fiarme de lo que estos dos dijeran. Mantuve el brazo en alto, a pesar del peso extra que suponía la otra mujer, aunque a decir verdad tampoco pesaba tanto. Al ver su espectacular pirueta sonreí, mientras esta se agarraba a mi hombro. Estar rodeada de piratas hizo que las palabras de Maeve me pillaran completamente desprevenida. Escuchar una dulce voz tan cerca de mi oído ocasionó que todos y cada uno de los pelos de mi mitad izquierda se erizaran, comenzando con el cuello, y expandiéndose por mi blanca piel a la velocidad del rayo. Parándome a pensar, el tono de voz de la mujer ni siquiera era dulce, y tampoco debería importarme lo más mínimo, pero tres palabras bastaron para provocar aquello. Y lo peor de todo era que estaba muy segura de que llegan a ser cinco y posiblemente estuviera en el suelo.
- Ni lo sueñes - acerté a decir, extremadamente nerviosa y roja como una langosta recién cocida - Te cuento tres y das gracias. Si quieres más te lo tendrás que ganar. - Me quedé unos instantes callada. - ¿Pero qué dices, so lela? - pensé, asimilando lo que acababa de decir.
De repente me llamó la atención cierto barullo que venía de uno de los edificios que había en la calle. Estos se encontraban en la parte de la calle opuesta al puerto. Eran varios edificios pequeños, entre los que había casas y pequeños comercios. Me fijé mejor, viendo que el ruido venía de una pequeña lonja en la cual se refugiaban varias personas, huyendo de los piratas.
Esa pequeña distracción me permitió volver en mí, y lo primero que vi fue al gyojin hacer puré de forma literal a uno de los piratas, tras dejar para el arrastre a una docena de ellos. Flexioné mis rodillas levemente, echando el brazo derecho un poco hacia atrás, mientras una ligera sonrisa se dibujaba en mi rostro.
- Agárrate Pandita, que esto se va a mover. - le dije con cierto tono de burla. Con un rápido movimiento, pegué nuevamente otra patada a los piratas que me rodeaban, tratando de mantener el tronco lo más rígido posible, para que la otra mujer no se cayera. - Apunta diez - me burlé de ella mientras volvía a una posición defensiva.
- ¿Espera, vienen más? - me acordé entonces de las palabras de la albina. - ¿Qué me das si me cargo a todos aquellos? - pregunté, completamente segura de mí misma, señalando hacia el final de la calle.
Leyenda
Tan pronto escuché la petición de que estirara el brazo izquierdo lo hice sin dudar. Los días que había pasado en esta lúgubre isla me habían enseñado varias lecciones, y una de ellas era que podía fiarme de lo que estos dos dijeran. Mantuve el brazo en alto, a pesar del peso extra que suponía la otra mujer, aunque a decir verdad tampoco pesaba tanto. Al ver su espectacular pirueta sonreí, mientras esta se agarraba a mi hombro. Estar rodeada de piratas hizo que las palabras de Maeve me pillaran completamente desprevenida. Escuchar una dulce voz tan cerca de mi oído ocasionó que todos y cada uno de los pelos de mi mitad izquierda se erizaran, comenzando con el cuello, y expandiéndose por mi blanca piel a la velocidad del rayo. Parándome a pensar, el tono de voz de la mujer ni siquiera era dulce, y tampoco debería importarme lo más mínimo, pero tres palabras bastaron para provocar aquello. Y lo peor de todo era que estaba muy segura de que llegan a ser cinco y posiblemente estuviera en el suelo.
- Ni lo sueñes - acerté a decir, extremadamente nerviosa y roja como una langosta recién cocida - Te cuento tres y das gracias. Si quieres más te lo tendrás que ganar. - Me quedé unos instantes callada. - ¿Pero qué dices, so lela? - pensé, asimilando lo que acababa de decir.
De repente me llamó la atención cierto barullo que venía de uno de los edificios que había en la calle. Estos se encontraban en la parte de la calle opuesta al puerto. Eran varios edificios pequeños, entre los que había casas y pequeños comercios. Me fijé mejor, viendo que el ruido venía de una pequeña lonja en la cual se refugiaban varias personas, huyendo de los piratas.
Esa pequeña distracción me permitió volver en mí, y lo primero que vi fue al gyojin hacer puré de forma literal a uno de los piratas, tras dejar para el arrastre a una docena de ellos. Flexioné mis rodillas levemente, echando el brazo derecho un poco hacia atrás, mientras una ligera sonrisa se dibujaba en mi rostro.
- Agárrate Pandita, que esto se va a mover. - le dije con cierto tono de burla. Con un rápido movimiento, pegué nuevamente otra patada a los piratas que me rodeaban, tratando de mantener el tronco lo más rígido posible, para que la otra mujer no se cayera. - Apunta diez - me burlé de ella mientras volvía a una posición defensiva.
- ¿Espera, vienen más? - me acordé entonces de las palabras de la albina. - ¿Qué me das si me cargo a todos aquellos? - pregunté, completamente segura de mí misma, señalando hacia el final de la calle.
Info
Contenido Oculto
Contenido Oculto
Contenido Oculto
Contenido Oculto
