18-01-2024, 09:01 PM
[personajeinvalido=742]
Tras el umbral de la puerta no pude vislumbrar al vicealcaide, tan solo unas chispas del acero entrechocando. Es más, la aguda voz ya no sonaba desde el interior, sino cerca de nosotros, justo delante de… Cuando desvié la cabeza hacia el comandante Joe, pude ver como su pantalón se movía como si algo tirase de él. Asomé un poco la cabeza hacia la izquierda, manteniendo todavía el saludo militar, para coger ángulo de visión y me sorprendí al ver a un minúsculo Tontatta que reclamaba nuestra atención. Paseé la mirada por aquel pequeño cuerpo, fijándome en detalles como su indumentaria y su rostro. Para alguien con un sentido de la moda menos trabajado, su atuendo podría pasar por uno básico o incluso reglamentario, pero mis ojos entrenados eran capaces de detectar la minuciosidad con la que cada pieza había sido escogida para crear un aspecto elegante y refinado. Incluso su maquillaje estaba escogido para crear una armonía con el resto, ligero y sutil pero eficaz. Y aquel pelo, recortado con una precisión quirúrgica eran lo que terminaba de coronar aquel desfile de elegancia, aportando un matiz extra de seriedad a su semblante. Me quedé sorprendida en múltiples aspectos, ya no solo por su cuidada apariencia, sino también porque era la primera vez que veía un Tontatta, aunque pensaba que eran ligeramente más grandes. Lo que estaba claro, es que desprendía feminidad por todos lados, por lo que supuse que era una mujer. También atisbé que llevaba en los bolsillos algo similar a mis guantes, pero de un tamaño ridículamente minúsculos y la empuñadura de algo, pero aun con mi vista entrenada no lograba verlo bien.
Tras analizar a la vicealcaide, esta solicitó nuestra atención. Finalmente, relajé la postura y escuché atentamente. Nos reveló que habíamos sido convocados para una sesión de evaluación y para presentar un informe bajo órdenes del Gobierno Mundial. Sentí los nervios aflorar nuevamente; si iban a valorarnos, debía dar la talla y demostrar que merecía estar allí, no quería volver a mi antiguo puesto bajo ningún concepto. Nos ordenó seguirla al interior y nos dio tres directrices inamovibles: no acercarse a las celdas a menos de un metro, no hablar con prisioneros sin permiso y no empuñar ningún arma sin permiso. Me parecían totalmente razonables, así que me propuse a cumplir con ello al pie de la letra. Además, los cargos que citó en caso de que incumpliésemos las órdenes no eran cosa menor, dicho de otra manera, eran cosa mayor. Apeló a nuestra integridad para que siguiésemos las normas establecidas, además de mostrar un comportamiento impecable.
Asentí y cuando nos guio hacia dentro la seguí junto a los demás sin decir una palabra. Comencé a caminar justo por detrás de Joe, pero a medida que avanzamos fui cada vez más despacio, hasta terminar al final de la formación, pero sin detener la marcha. Esto fue debido a que, nada más entrar, aproveché cada instante para analizar al detalle nuestros alrededores, incluso echando una mirada hacia atrás para ver la puerta desde dentro. Analicé minuciosamente suelo, paredes, techo… No quería perderme ni un detalle, puede que jamás tuviese otra oportunidad para entrar en la prisión. La primera instancia era una habitación de enormes proporciones, busqué si había algo que resaltase frente al resto de la construcción. Además, aproveché para mirar tanto a la vicealcaide como a los veinte guardias que había en la sala. Me pregunté si siempre había tantos guardias en la entrada, aunque comparado con los buques del exterior no imponían tanto, sí que me llamaban la atención así que los inspeccioné. Algo más adelante, los sonidos de una batalla se intensificaban intenté advertir de que se trataba, pero la ausencia de luz dificultaba el trabajo. Solo pude percibir vagamente una siluetas en movimiento frente a otra enorme puerta. La vicealcaide no parecía alertada por ello, así que supuse que no era un intento de fuga, sino algo así como un entrenamiento.
“¿Puede que nos hagan una evaluación de nuestras capacidades de combate?” pensé. Aquella duda hice que me mostrase más suspicaz si cabía con nuestros alrededores. Si hasta hacía un momento observaba con principalmente curiosidad, ahora lo hacía buscando algo que pudiese suponer un peligro.
Tras el umbral de la puerta no pude vislumbrar al vicealcaide, tan solo unas chispas del acero entrechocando. Es más, la aguda voz ya no sonaba desde el interior, sino cerca de nosotros, justo delante de… Cuando desvié la cabeza hacia el comandante Joe, pude ver como su pantalón se movía como si algo tirase de él. Asomé un poco la cabeza hacia la izquierda, manteniendo todavía el saludo militar, para coger ángulo de visión y me sorprendí al ver a un minúsculo Tontatta que reclamaba nuestra atención. Paseé la mirada por aquel pequeño cuerpo, fijándome en detalles como su indumentaria y su rostro. Para alguien con un sentido de la moda menos trabajado, su atuendo podría pasar por uno básico o incluso reglamentario, pero mis ojos entrenados eran capaces de detectar la minuciosidad con la que cada pieza había sido escogida para crear un aspecto elegante y refinado. Incluso su maquillaje estaba escogido para crear una armonía con el resto, ligero y sutil pero eficaz. Y aquel pelo, recortado con una precisión quirúrgica eran lo que terminaba de coronar aquel desfile de elegancia, aportando un matiz extra de seriedad a su semblante. Me quedé sorprendida en múltiples aspectos, ya no solo por su cuidada apariencia, sino también porque era la primera vez que veía un Tontatta, aunque pensaba que eran ligeramente más grandes. Lo que estaba claro, es que desprendía feminidad por todos lados, por lo que supuse que era una mujer. También atisbé que llevaba en los bolsillos algo similar a mis guantes, pero de un tamaño ridículamente minúsculos y la empuñadura de algo, pero aun con mi vista entrenada no lograba verlo bien.
Tras analizar a la vicealcaide, esta solicitó nuestra atención. Finalmente, relajé la postura y escuché atentamente. Nos reveló que habíamos sido convocados para una sesión de evaluación y para presentar un informe bajo órdenes del Gobierno Mundial. Sentí los nervios aflorar nuevamente; si iban a valorarnos, debía dar la talla y demostrar que merecía estar allí, no quería volver a mi antiguo puesto bajo ningún concepto. Nos ordenó seguirla al interior y nos dio tres directrices inamovibles: no acercarse a las celdas a menos de un metro, no hablar con prisioneros sin permiso y no empuñar ningún arma sin permiso. Me parecían totalmente razonables, así que me propuse a cumplir con ello al pie de la letra. Además, los cargos que citó en caso de que incumpliésemos las órdenes no eran cosa menor, dicho de otra manera, eran cosa mayor. Apeló a nuestra integridad para que siguiésemos las normas establecidas, además de mostrar un comportamiento impecable.
Asentí y cuando nos guio hacia dentro la seguí junto a los demás sin decir una palabra. Comencé a caminar justo por detrás de Joe, pero a medida que avanzamos fui cada vez más despacio, hasta terminar al final de la formación, pero sin detener la marcha. Esto fue debido a que, nada más entrar, aproveché cada instante para analizar al detalle nuestros alrededores, incluso echando una mirada hacia atrás para ver la puerta desde dentro. Analicé minuciosamente suelo, paredes, techo… No quería perderme ni un detalle, puede que jamás tuviese otra oportunidad para entrar en la prisión. La primera instancia era una habitación de enormes proporciones, busqué si había algo que resaltase frente al resto de la construcción. Además, aproveché para mirar tanto a la vicealcaide como a los veinte guardias que había en la sala. Me pregunté si siempre había tantos guardias en la entrada, aunque comparado con los buques del exterior no imponían tanto, sí que me llamaban la atención así que los inspeccioné. Algo más adelante, los sonidos de una batalla se intensificaban intenté advertir de que se trataba, pero la ausencia de luz dificultaba el trabajo. Solo pude percibir vagamente una siluetas en movimiento frente a otra enorme puerta. La vicealcaide no parecía alertada por ello, así que supuse que no era un intento de fuga, sino algo así como un entrenamiento.
“¿Puede que nos hagan una evaluación de nuestras capacidades de combate?” pensé. Aquella duda hice que me mostrase más suspicaz si cabía con nuestros alrededores. Si hasta hacía un momento observaba con principalmente curiosidad, ahora lo hacía buscando algo que pudiese suponer un peligro.
Aclaraciones
