[Aventura Grupal T2]El incidente de Ciudad Murkhold
#14
PERSONAJE


MISMO OST PARA CONTINUAR LA ESCENA

     Desde el hombro de la semi oni pude ver cómo Peteiro vencía a buena parte de nuestros enemigos, destrozando a uno de ellos de un modo brutal, dejándolo como un pelele roto, deshecho. Tal fue la bestialidad de sus actos que la sangre ascendió por los aires como una lluvia invertida, rivalizando con el agua que descendía, cristalina, hasta el suelo; la lluvia, fiera, trataba de limpiar los restos de la masacre, pero no podía, no se lo permitíamos. Un rastro de muerte tan feroz como la tormenta que castigaba los cielos.
     Eaa se deshizo de otro puñado de piratas. Encima de ella, me sentía como si aconteciese un terremoto bajo mis pies. Me había advertido, mantuve el equilibrio. Al localizar a aquellos que se aproximaban corriendo hacia nosotros, la pelirroja me habló, siguiendo con aquella especie de broma, de reto. Pero este fue cortado de forma súbita ante una aberrante aparición.
     Un ser monstruoso emergía de entre la neblina, atravesando la cortina de lluvia con su caminar imponente. Su altura desmesurada podría llegar a eclipsar el sol si Toroa no lo tuviese cautivo tras sus nubes perpetuas. Peteiro y Eaa se convertían en meros muñecos a su lado. Yo, en apenas un alfiler.
     Un escalofrío recorrió todo mi ser cuando, mediante un golpe cruel, barrió al resto de piratas que, hasta hacía unos minutos, habían luchado contra nosotros como —indignos— adversarios. Sobrevivir a tal arremetida con un kanabo de tales dimensiones sería toda una proeza para aquellos desgraciados.
     Joder, era su propia gente.
     El colosal tipo se colocó cerca, muy cerca, a apenas dos metros. Tuve que mirar hacia arriba como si me encontrase frente a una torre. Sobre el gris oscuro de las nubes, un nuevo relámpago: iluminó su ojo izquierdo, clavado sobre nosotros con recalcitrante intensidad.
     Uno por uno, pronunció nuestros nombres, seguidos de las recompensas que se ofrecían por nuestras cabezas. 
     Capitana. 
     Mi nombre. Su furia.
     ¿Capitana? No me atreví a mirar a mis compañeros porque los segundos desperdiciados ante aquel ser podían traducirse en consecuencias fatales. ¿Capitana de qué? Ni siquiera formábamos una banda pirata, tan solo éramos tres desadaptados unidos por la casualidad en una ciudad de malhechores. Mi recompensa me había precedido, asentando unas bases ante ojos ajenos.
     Siempre creí que gran parte de lo que uno es se debe a lo que los demás piensen de él. Existimos en la mente de otros según cómo nos dibujan y eso determina lo que esperan de nosotros.
     Y las oportunidades están para aprovecharlas.
     Se presentó. Capitán Waj. Nos halagó y... intentó reclutarnos. Trabajar para él, dijo. La otra alternativa era la muerte, dijo. Tras devorarnos con la mirada, me preguntó a mí. 
     ¿Trabajar para alguien? ¿Yo? No sería la primera vez, pero hacía mucho tiempo que gobernaba mi propio destino. Un capitán pirata ya había intentado joderme en el pasado y no volvería a pasar por eso. Así que, puestos a que otro me jodiese otra vez, que fuese peleando. 
     La amenaza era clara.
     Pero... ¿podía yo decidir sobre la vida de Peteiro, de Eaa? 
     Decisiones: la clave para conseguir la libertad.
     ¿Quería Waj jugar? Jugaríamos. Interpretaría el papel que me había asignado, esa sería mi decisión. Que Eaa y Peteiro apostasen por la suya.
     —¿Tu mar? —me burlé. La adrenalina se apoderó de mi cuerpo, excitándome ante la promesa de muerte si dábamos cualquier paso en falso; desde el hombro de Eaa miré el kanabo y, de nuevo, su ojo—. ¿Crees que puedes llegar aquí y hacernos hincar rodilla? —Aún cuando la diferencia entre estaturas era absurdamente abismal, incliné la cabeza hacia atrás, soberbia—. No somos esa clase de mierda que ya hemos visto que te rodea. Si el precio es nuestras muertes, tendrás que ganártelas.
     Aquel titán podía atacarnos en cualquier momento, la poca distancia que nos separaba no sería suficiente si era certero en sus ataques. El hombro de Eaa tampoco era ya un salvoconducto: la estrategia de la altura había perdido todo el sentido y, además, juntas teníamos la desventaja de, si golpeaba, sufrir daño ambas. Debía separarme de ella.
     La distancia de la semi oni al edificio de la taberna era similar a cuando di el primer salto, pues no había necesitado desplazarse apenas en su anterior ataque. Con un raudo movimiento dirigí mi látigo hacia la barandilla una vez más, regresando, ágil, al lugar que había conquistado hacía no tanto. El balcón me recibió, mojado, ignorando que podía ver mancillada su belleza si Waj decidía descargar contra él en mi búsqueda.
     Un intenso hormigueo de anticipación recorrió todo mi cuerpo. Mi corazón latía desbocado. Una vez más, recorrí mis labios sonrientes con la lengua.
     —¡Eaa, encárgate del grupo! ¡Peteiro, frente a él! —Miré al capitán enemigo—. Nosotros tampoco hacemos rehenes, Waj...
     Un relámpago. Al segundo, un trueno. 
     Nosotros, en el ojo de la tormenta.


RESUMEN

KARMAS

ARMA

BÉLICO
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RE: [Aventura Grupal T2]El incidente de Ciudad Murkhold - por Maeve Knox - 19-01-2024, 03:47 PM

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