19-08-2023, 02:01 PM
Aquellos tipos nos miraban, yo maldecía encontrar siempre gente que buscase problemas, por suerte estaban Legan y Terence, que parece ser que les gusta eso de combatir, al contrario que a mí. El cornudo lo hizo el mismo día que nos conocimos, el trajeado no hacía mucho, aunque no había sido un combate físico, parecía que le iba más las disputas verbales, lo cual no estaba seguro de si sería de utilidad contra esa gente. Fuera como fuese me quedé preparado para lo peor, trataría de evitarlo, como siempre, no me gusta en quien me convierto cuando me pongo a pelear, pero tampoco iba a permitir que nos zurrasen así por que si.
Sentí un profundo e intenso alivio cuando observé que aquellos tipos se daban la vuelta y volvían a entrar a su navío, o al que presuntamente podría ser el navío. Se adentraron al interior del mismo y pude comenzar a respirar más tranquilamente, sin confiarme del todo, podrían haber simplemente entrado para coger algo e ir a por nosotros, pero no parecía que volvieran a salir. Si algo he aprendido, es a nunca dar la espalda al enemigo, aunque no tenga pinta de serlo. Las peores bestias van camufladas bajo una fachada inofensiva, no se por qué, tras pensar esas palabras miré de reojo a mis compañeros, indudablemente eran así, Legan siempre bajo un aspecto afable y simpático, pero resulta ser un temible luchador, no quería ni recordar lo que había ocurrido en aquella isla. Y Terence bueno, todos guardamos secretos, y desde mi punto de vista ya ha demostrado bastante esta persona, le gusta los conflictos verbales, y no tiene miramientos a la hora de hacerlos, si no se tratase de una persona diestra en combate, estaba seguro que no sería tan osado, de lo contrario no habría sobrevivido mucho con ese fuerte carácter.
Pasaban los segundos, pero de allí no salía absolutamente nadie, parecía que podíamos respirar tranquilos, en ese aspecto. No obstante, el cuernos de la compañía parecía algo decepcionado, al parecer quería desquitarse, y no le podía juzgar por ello, había tenido que interceder por mí no hacía mucho con aquella gyojin, y el espectáculo del pijo con el marine también le habría dejado la cabeza algo alterada casi con seguridad. Siendo como era él, estaba seguro de que era bien justificado. Pero la calma no tardó en esfumarse como el humo al viento. Unos gritos se escuchaban algo próximos, una voz de mujer rogando y llamando a su hijo.
Los ojos se me abrieron como platos. Se notaba la desesperación en su voz, era obvio que algo le había pasado a su hijo. No pude evitar volverme absorto en mis pensamientos, esa voz, ese tono de desesperación, el clamar por hallar a alguien tan cercano a ella, la imagen de mi propia madre vino a mi mente. Aquél día, yo me había quedado dormido en una colina, rodeado de animales, había estado jugando con ellos hasta que caí rendido junto a un animal similar a un felino pero con un pelaje más típico de una oveja, era tan blando y cómodo que, antes de darme cuenta, estaba en el mundo de los sueños, del cual tan solo desperté al rato largo, la luz de la luna bañaba la colina donde había caído presa del cansancio, una suave brisa mecía mis cabellos y el frescor de la noche resultaba tan agradable que mi mente tardó en reaccionar a la voz, la voz desesperada de una madre que llamaba a su hijo sin saber dónde diablos se había metido.
Volví al presente, volví en mí, esos recuerdos resultaban dolorosos, y tal vez en esta ocasión esa desaparición no se deba tan solo a un despiste por parte de un muchacho. Las ciudades son peligrosas, y más en los alrededores. Sin pensarlo un instante más salí corriendo a la vez que Legan emprendía la marcha también. Pasamos al lado de aquél navío donde habían entrado esos tipos con pinta de pocos amigos, uno estaba asomado, presuntamente buscando el origen de los gritos, esquivamos unas cajas grandes que había, unos barriles, Legan esquivo gente, yo les hice esquivarnos. Terence seguramente nos seguiría, así que tendría el camino libre. Llegamos a donde estaba la señora, una mujer no muy entrada en edad, con largos cabellos cobrizos y un temblor en todo su cuerpo que alcanzaba casi hasta a ser anormal. Estaba con la mirada perdida, los brazos algo extendidos, como intentando abarcar una gran zona y poder llegar antes a su hijo. Estaba completamente desesperada.
Legan le preguntó donde estaba su hijo, la mujer de pronto no reaccionó, seguía musitando y murmurando su nombre, de vez en cuando lo gritaba, miré a Legan, esa mujer parecía ida, desesperada, algo me decía que no era la pregunta correcta, tal vez solo eran falsas suposiciones mías, tal vez tan solo era mi desesperación de no volver a querer contemplar de nuevo nada similar a lo que me ocurrió a mí en el pasado. No quería que una madre tuviera que volver a sentir el abandono de su hijo, pero no entendía por qué eso me resultaba tan importante como para no haberlo pensado ni un instante antes de reaccionar a la llamada de la mujer.
Me arrodillé ante ella, me quedé mirándole a los ojos, intentando conectar con ella, igual me equivocaba, y esperaba que así fuera. Tal vez el niño tan solo se había caído al mar y la madre estaba en shock, tal vez ella no sabía nada y simplemente el chaval estaba jugando al escondite detrás de algún barril. Tal vez alguien se lo había llevado, y no se por qué, la imagen de aquellos tipos entrando en el barco comenzaba a cobrar sentido. No quieren llamar la atención, se esconden y esperan al hombre que está cometiendo el secuestro del niño, o de quien sea, ellos cogen su barco nuevo, le recogen y se marchan de la isla. Esperaba que no, tal vez tan solo veía demonios por todas partes, pero veía posible que aquellos fuesen esclavistas.
-Quién tiene a su hijo. -Le dije directamente a la mujer, la cual parecía imposible que fuera a calmarse. Desconocía si ella tenía la información que necesitábamos, pero había que intentarlo. Y si recultaba ser aquellos tipos, debíamos ser rápidos
Sentí un profundo e intenso alivio cuando observé que aquellos tipos se daban la vuelta y volvían a entrar a su navío, o al que presuntamente podría ser el navío. Se adentraron al interior del mismo y pude comenzar a respirar más tranquilamente, sin confiarme del todo, podrían haber simplemente entrado para coger algo e ir a por nosotros, pero no parecía que volvieran a salir. Si algo he aprendido, es a nunca dar la espalda al enemigo, aunque no tenga pinta de serlo. Las peores bestias van camufladas bajo una fachada inofensiva, no se por qué, tras pensar esas palabras miré de reojo a mis compañeros, indudablemente eran así, Legan siempre bajo un aspecto afable y simpático, pero resulta ser un temible luchador, no quería ni recordar lo que había ocurrido en aquella isla. Y Terence bueno, todos guardamos secretos, y desde mi punto de vista ya ha demostrado bastante esta persona, le gusta los conflictos verbales, y no tiene miramientos a la hora de hacerlos, si no se tratase de una persona diestra en combate, estaba seguro que no sería tan osado, de lo contrario no habría sobrevivido mucho con ese fuerte carácter.
Pasaban los segundos, pero de allí no salía absolutamente nadie, parecía que podíamos respirar tranquilos, en ese aspecto. No obstante, el cuernos de la compañía parecía algo decepcionado, al parecer quería desquitarse, y no le podía juzgar por ello, había tenido que interceder por mí no hacía mucho con aquella gyojin, y el espectáculo del pijo con el marine también le habría dejado la cabeza algo alterada casi con seguridad. Siendo como era él, estaba seguro de que era bien justificado. Pero la calma no tardó en esfumarse como el humo al viento. Unos gritos se escuchaban algo próximos, una voz de mujer rogando y llamando a su hijo.
Los ojos se me abrieron como platos. Se notaba la desesperación en su voz, era obvio que algo le había pasado a su hijo. No pude evitar volverme absorto en mis pensamientos, esa voz, ese tono de desesperación, el clamar por hallar a alguien tan cercano a ella, la imagen de mi propia madre vino a mi mente. Aquél día, yo me había quedado dormido en una colina, rodeado de animales, había estado jugando con ellos hasta que caí rendido junto a un animal similar a un felino pero con un pelaje más típico de una oveja, era tan blando y cómodo que, antes de darme cuenta, estaba en el mundo de los sueños, del cual tan solo desperté al rato largo, la luz de la luna bañaba la colina donde había caído presa del cansancio, una suave brisa mecía mis cabellos y el frescor de la noche resultaba tan agradable que mi mente tardó en reaccionar a la voz, la voz desesperada de una madre que llamaba a su hijo sin saber dónde diablos se había metido.
Volví al presente, volví en mí, esos recuerdos resultaban dolorosos, y tal vez en esta ocasión esa desaparición no se deba tan solo a un despiste por parte de un muchacho. Las ciudades son peligrosas, y más en los alrededores. Sin pensarlo un instante más salí corriendo a la vez que Legan emprendía la marcha también. Pasamos al lado de aquél navío donde habían entrado esos tipos con pinta de pocos amigos, uno estaba asomado, presuntamente buscando el origen de los gritos, esquivamos unas cajas grandes que había, unos barriles, Legan esquivo gente, yo les hice esquivarnos. Terence seguramente nos seguiría, así que tendría el camino libre. Llegamos a donde estaba la señora, una mujer no muy entrada en edad, con largos cabellos cobrizos y un temblor en todo su cuerpo que alcanzaba casi hasta a ser anormal. Estaba con la mirada perdida, los brazos algo extendidos, como intentando abarcar una gran zona y poder llegar antes a su hijo. Estaba completamente desesperada.
Legan le preguntó donde estaba su hijo, la mujer de pronto no reaccionó, seguía musitando y murmurando su nombre, de vez en cuando lo gritaba, miré a Legan, esa mujer parecía ida, desesperada, algo me decía que no era la pregunta correcta, tal vez solo eran falsas suposiciones mías, tal vez tan solo era mi desesperación de no volver a querer contemplar de nuevo nada similar a lo que me ocurrió a mí en el pasado. No quería que una madre tuviera que volver a sentir el abandono de su hijo, pero no entendía por qué eso me resultaba tan importante como para no haberlo pensado ni un instante antes de reaccionar a la llamada de la mujer.
Me arrodillé ante ella, me quedé mirándole a los ojos, intentando conectar con ella, igual me equivocaba, y esperaba que así fuera. Tal vez el niño tan solo se había caído al mar y la madre estaba en shock, tal vez ella no sabía nada y simplemente el chaval estaba jugando al escondite detrás de algún barril. Tal vez alguien se lo había llevado, y no se por qué, la imagen de aquellos tipos entrando en el barco comenzaba a cobrar sentido. No quieren llamar la atención, se esconden y esperan al hombre que está cometiendo el secuestro del niño, o de quien sea, ellos cogen su barco nuevo, le recogen y se marchan de la isla. Esperaba que no, tal vez tan solo veía demonios por todas partes, pero veía posible que aquellos fuesen esclavistas.
-Quién tiene a su hijo. -Le dije directamente a la mujer, la cual parecía imposible que fuera a calmarse. Desconocía si ella tenía la información que necesitábamos, pero había que intentarlo. Y si recultaba ser aquellos tipos, debíamos ser rápidos
