21-01-2024, 02:01 PM
(Última modificación: 22-01-2024, 12:32 AM por Kisuke Kageyama.)
Taberna en Ballywood Beach, Día 57, otoño, año 11.
20:00 de la tarde.
_____________________________________________________________________________________________________Kisuke apoyó la jarra de cerveza en la barra de la taberna después de un largo trago.El día había sido muy largo; se había levantado a las cinco de la mañana para ir a pescar. Desayunó algo rápido y se embarcó hacia el este de la isla donde había visto el día anterior un banco de sardinas bastante grande. Estuvo pescando hasta las 12 del mediodía y había capturado unos diez kilos de aquellos animales.
"Por lo menos la pesca se dio bien"
Después de llevarlos a los comerciantes de Ballywood Beach, había ido a su casa donde almorzó tranquilamente. Y tras una ligera siesta de media horita, se encaminó a su improvisado campo de entrenamiento, junto al manzano que le había visto crecer. Allí empezó su rutina de ejercicios para poner su cuerpo a tono, y, tras eso, tomo el shinai que había adquirido unos meses atrás para sus entrenamientos, y empezó con sus ejercicios de técnica con la espada de bambú.
Cada vez que se ejercitaba en esas lides, adquiría tal grado de concentración que se olvidaba de todo lo demás, pero, sin pretenderlo, reventó el shinai con el tocón en el que practicaba. Su cara apenas reflejó una mueca de molestia, se quedó mirando la empuñadura de la espada de bambú y la arrojó hacia un lado, mientras se encaminaba hacia el manzano donde se sentó, a sus pies y, sacando un cigarrillo, lo prendió disfrutando de la brisa marina a la sombra del manzano.
"Vaya mierda, estoy hasta los cojones de entrenar solo. Necesito avanzar, debo irme de aquí."
Llevaba tiempo con aquella idea en la cabeza, no en vano, su ambición era ser el espadachín más fuerte, como había deseado su padre, aunque nunca se lo dijese en persona, pero no estaba del todo seguro si estaba listo para enfrentar al mundo; por lo que leía en los periódicos, las cosas estaban agitadas en el Grand Line y había multitud de escaramuzas donde había muertos de manera habitual.
"Si me topase con alguno de los tipos que salen en el periódico, me romperían el culo."
Pero él era perfectamente consciente de que no podía permanecer allí si quería seguir mejorando, tenía que ponerse en marcha. Así que apagando su colilla en la arena a los pies del árbol, se levantó y se encaminó a la taberna del pueblo.
Y en ese punto estaba, bebiéndose una jarra de cerveza enorme, mientras pensaba en que haría a continuación. Al día siguiente hacía treinta años, así que no podía dormirse en los laureles, si no entraría en barrena y acabaría por agostarse en aquella isla. Le apenaba dejar su hogar, sin ninguna duda, seguía echando muchísimo de menos a sus padres, pero la vida seguía y quería que su padre, estuviera donde estuviese, en el más allá o donde fuese, estuviera orgulloso de él.
"Bueno aunque me daría un buen collejón por mis modales, kuhahahahaha."
A pesar de que se reía por dentro ante ese pensamiento, su rostro apenas mostró una ligera curvatura en la comisura de los labios, hacía mucho que no sonreía. No le gustaba mostrar sus sentimientos en público, sabía de buena mano que la gente de manera general, tendía a sacar provecho de las emociones ajenas, ya fuese con buena o con mala intención, aunque fuera cual fuese el caso, a él eso le importaba una mierda; no confiaba en la gente manipuladora, y al fin y al cabo esa era una forma de manipulación.
-¡¡Hey, cara-acelga!!-dijo interpelando al camarero, que tenía cara de hastío.-Ponme otra jarra y prepárame un chuletón poco hecho.
El camarero frunció el ceño, pero le hizo caso, y le sirvió otra jarra mientras le decía:
-Kisuke, aunque nos conozcamos desde hace tiempo, no me llames así, cabrón, que al final ese hábito tuyo te traerá problemas.
Kisuke le miró con cara de póker.
-Me suda los huevos, si vienen problemas los enfrentaré con mi espada. Te apuesto 1000 Berries a que el primer problema que tenga lo haré picadillo... kuhahahaha-respondió riéndose fuertemente.
El camarero le miró con una sonrisa pícara.
-Vaya, para estar tan seguro, poco apuestas.
Kuraku lo miró con una sonrisa siniestra.
-Seré ludópata, pero no gilipollas... kuahahahaha.
El camarero suspiró encogiéndose de hombros y se dirigió a la cocina a pedir la carne que había pedido Kisuke. Aunque había dicho eso, en verdad, le preocupaba no estar listo si se presentaban esos problemas. Pero si quería evolucionar y seguir el camino que se había marcado, tenía que moverse y empezar a tomar acción. No tenía muy claro lo que quería hacer, pero si tenía claro que había cosas turbias y extrañas en el sistema mundial, por lo que había leído, quizá pudiese ser ese un buen motivo para seguir su camino, el cambiar las cosas y que el mundo fuese un lugar mejor.
"Las revoluciones están a la orden del día, la gente se está cansando de que el orden establecido les mangonee."
En la taberna no había mucha gente, lo cual no era una buena noticia para su amigo el camarero, pero en ese momento llegó su chuletón y su atención se centró en el enorme filete y se dispuso a comer, ya tenía bastante hambre. Cuando le pusieron delante de él el enorme trozo de carne, se dio cuenta de que, en breve, iba a llegar su cumpleaños, lo cual le bajo el ánimo, era un día triste para él porque le recordaba a su padre y aquella nota que encontró en la caja donde estaba guardada Yamigiri. Suspiró desanimado, había que empezar a moverse.
Karmas
Leyenda
