23-01-2024, 03:01 AM
[personajeinvalido=742]
Fallé en mi intento por vislumbrar algo más entre aquella amalgama de luz, a la que ahora se le unía un espeso humo que comenzaba a salir a través del enorme hueco de la puerta. Bajé la mirada al suelo donde pude apreciar como este se esparcía, arremolinándose en mis tobillos. Un poco más adelante, Vengeance había sido cubierto por completo. Sorprendida, alcé la cabeza para devolver la vista a la silueta a la vez que una música inundaba mis oídos con una melodía llena de energía y ritmo. Estaba atónita, alzando las cejas con sorpresa cuando una voz en grito llamó mi atención. Con unas rimas algo divertidas, comenzó a cantar lo que parecía ser su presentación, como si se tratase de una celebridad musical. La verdad era que tenía ritmo ese tal “King”, tanto que comencé a balancearme sonriente siguiendo el ritmo a la vez que los dos enmascarados aplaudían y vitoreaban con emoción. Finalmente, estos gritaron con fuerza su nombre, “El gran Tucrow”.
Me sonaba de algo aquel nombre, pero no recordaba de qué. “¿Será alguien famoso? ¿Un cantante?”, me pregunté. Sin embargo, no me encajaba que alguien así estuviese en un lugar como aquel, custodiado por la marina. Karl acompañó aquel desfile de egocentrismo enalteciendo todavía más al susodicho, aunque errando en su nombre como siempre. Todavía emocionada, busqué su figura de nuevo pero había desaparecido. En su lugar, pude ver como seis marines llevaban distintos instrumentos para la luz que nos había cegado y uno de ellos llevaba unas extrañas conchas en su cinturón. Me fijé en que de una de ellas salía un rastro de humo, que supuse que era lo que habían utilizado para el humo. Pero mi atención estaba en el hombre que se hacía llamar King.
Giré sobre mí misma, inspeccionando meticulosamente nuestro alrededor en busca de aquel hombre, pero su presencia estaba ausente en todas partes. La proximidad de su potente voz captó mi atención y me volví para observarle, pero, para mi desconcierto, él no se encontraba allí. Me llevé una mano a la cadera, arrugando el entrecejo confusa por aquello cuando escuché que decía algo sobre un peinado resonando desde algún punto elevado, cercano a Daisen. No había nadie. Una última vez, giré al escuchar su potente voz desde otra dirección, junto a Karl, pero tampoco lo encontré. Comenzaba a sentirme frustrada justo cuando un extraño sonido surgió de la dirección a donde estába mirando antes, entre la puerta y nosotros. Allí, finalmente le vi.
Era un hombre apuesto y alto, de pelo azulado, llevaba el torso desnudo al igual que los enmascarados, pero con su gran altura imponía muchísimo más. Incluso bajo techo, llevaba puestas unas puntiagudas gafas de sol y por detrás de él colgaba una hermosa capa roja. Tenía una apariencia destacable, de aquellas que no olvidas fácilmente, me resultaba todavía más familiar ahora que podía verlo bien, pero seguía sin conectar con qué lo relacionaba. La realidad era que me encontraba sorprendida y ligeramente cautivada por el aura magnética que emanaba de él; claramente, no se trataba de un cualquiera. Me limité a repasar su físico con la mirada, de abajo hacia arriba, haciendo una pausa en sus abdominales marcados y en aquellos tatuajes que llevaba en los brazos. Al llegar a su rostro, descubrí una expresión parecida a la que yo debía tener en ese instante, con la boca entreabierta.
Con algo de timidez, me llevé una mano al recogido, acomodándolo para asegurarme de que estaba bien. Pero me pilló desprevenida por completo cuando, sin ningún tipo de tapujo, se inclinó ante mí colocando su cara casi rozando mis hermosos y voluptuosos pechos. La sorpresa fue tal que, de un involuntario tirón, solté la goma de mi pelo, haciendo que cayese en cascada alborotado sobre mis hombros.
Sentí el rubor ardiendo en mis mejillas cuando además, añadió un comentario sobre ellos y se alzó las gafas, mostrando unos bonitos ojos azules que observaban atentamente mis dos bellezas. Noté su aliento en el pecho al estar tan cerca y mi corazón latiendo con fuerza, potenciando el efecto en mi sonrojado rostro. Sumó un comentario más sobre ello al anterior y se incorporó, sonriendo con unos dientes perlados y recolocándose las gafas.
—Yo… Emm… —murmuré en voz baja con la mirada todavía fija en él.
Estaba sin palabras, no sabía qué decir ni que pensar respecto a aquello. Me mordí el labio inferior, conteniendo un torrente de emociones. No estaba segura si se debía a su estatura, su encanto o a la enigmática presencia que desprendía, pero mi pulso estaba acelerado y mis músculos tensos.
No fue sino la aguda voz del vicealcalde la que interrumpió el cortocircuito que había ocasionado todo aquello en mi cerebro. Al escuchar lo que dijo a continuación, salí de aquel estado de trance mental. El singular y peliazul hombre era el Almirante Aoyagi.
Parpadeé repetidas veces, incrédula ante aquello. Pero sabía que era verdad, pues ahora recordaba el periódico en el que se hablaba de él y aparecía una foto. Aquello me hizo ver la situación de una manera distinta. “El almirante Aoyagi me acaba de mirar las tetas. Ni siquiera alguien con una posición como la suya puede resistirse a mis encantos. Soy increíble.”, me dije a mí misma. En mi rostro asomo una sonrisa levemente pícara. Si conseguía camelarme a aquel hombre seguro que me ayudaría a escalar rápidamente en la Marina. Y además era joven, rico, famoso, atractivo y enorme… Era: un objetivo perfecto.
Joe hizo el saludo militar, el cual imité por respeto, y después continuó presentándose a sí mismo y a la división.
—Ikirami Kuroichi. Es un placer, Almirante Tucrow. —añadí tras el comandante, pasándome los dedos por el pelo para echarlo a un lado suavemente.
Entonces Karl, en lugar de saludar o presentarse, alzó los brazos al cielo en un movimiento de bailoteo restándole importancia al asunto que nos llevaba a allí y suplicando por un poco de fiesta. No me pareció mal la idea de una fiesta con él, incluso me apetecía, pero aquel no era para nada un lugar para ello.
Atravesé un brazo por debajo del pecho sosteniendo el otro codo, y con la mano que quedaba libre me toqué la cara, desplazando el dedo índice por el labio inferior en actitud meditativa, entrecerrando ligeramente los ojos. Aquel movimiento, sutil pero meditado, hacía que mis hermosas bellezas resaltaran todavía más bajo aquella camisa desabotonada que las contenía.
Fallé en mi intento por vislumbrar algo más entre aquella amalgama de luz, a la que ahora se le unía un espeso humo que comenzaba a salir a través del enorme hueco de la puerta. Bajé la mirada al suelo donde pude apreciar como este se esparcía, arremolinándose en mis tobillos. Un poco más adelante, Vengeance había sido cubierto por completo. Sorprendida, alcé la cabeza para devolver la vista a la silueta a la vez que una música inundaba mis oídos con una melodía llena de energía y ritmo. Estaba atónita, alzando las cejas con sorpresa cuando una voz en grito llamó mi atención. Con unas rimas algo divertidas, comenzó a cantar lo que parecía ser su presentación, como si se tratase de una celebridad musical. La verdad era que tenía ritmo ese tal “King”, tanto que comencé a balancearme sonriente siguiendo el ritmo a la vez que los dos enmascarados aplaudían y vitoreaban con emoción. Finalmente, estos gritaron con fuerza su nombre, “El gran Tucrow”.
Me sonaba de algo aquel nombre, pero no recordaba de qué. “¿Será alguien famoso? ¿Un cantante?”, me pregunté. Sin embargo, no me encajaba que alguien así estuviese en un lugar como aquel, custodiado por la marina. Karl acompañó aquel desfile de egocentrismo enalteciendo todavía más al susodicho, aunque errando en su nombre como siempre. Todavía emocionada, busqué su figura de nuevo pero había desaparecido. En su lugar, pude ver como seis marines llevaban distintos instrumentos para la luz que nos había cegado y uno de ellos llevaba unas extrañas conchas en su cinturón. Me fijé en que de una de ellas salía un rastro de humo, que supuse que era lo que habían utilizado para el humo. Pero mi atención estaba en el hombre que se hacía llamar King.
Giré sobre mí misma, inspeccionando meticulosamente nuestro alrededor en busca de aquel hombre, pero su presencia estaba ausente en todas partes. La proximidad de su potente voz captó mi atención y me volví para observarle, pero, para mi desconcierto, él no se encontraba allí. Me llevé una mano a la cadera, arrugando el entrecejo confusa por aquello cuando escuché que decía algo sobre un peinado resonando desde algún punto elevado, cercano a Daisen. No había nadie. Una última vez, giré al escuchar su potente voz desde otra dirección, junto a Karl, pero tampoco lo encontré. Comenzaba a sentirme frustrada justo cuando un extraño sonido surgió de la dirección a donde estába mirando antes, entre la puerta y nosotros. Allí, finalmente le vi.
Era un hombre apuesto y alto, de pelo azulado, llevaba el torso desnudo al igual que los enmascarados, pero con su gran altura imponía muchísimo más. Incluso bajo techo, llevaba puestas unas puntiagudas gafas de sol y por detrás de él colgaba una hermosa capa roja. Tenía una apariencia destacable, de aquellas que no olvidas fácilmente, me resultaba todavía más familiar ahora que podía verlo bien, pero seguía sin conectar con qué lo relacionaba. La realidad era que me encontraba sorprendida y ligeramente cautivada por el aura magnética que emanaba de él; claramente, no se trataba de un cualquiera. Me limité a repasar su físico con la mirada, de abajo hacia arriba, haciendo una pausa en sus abdominales marcados y en aquellos tatuajes que llevaba en los brazos. Al llegar a su rostro, descubrí una expresión parecida a la que yo debía tener en ese instante, con la boca entreabierta.
Con algo de timidez, me llevé una mano al recogido, acomodándolo para asegurarme de que estaba bien. Pero me pilló desprevenida por completo cuando, sin ningún tipo de tapujo, se inclinó ante mí colocando su cara casi rozando mis hermosos y voluptuosos pechos. La sorpresa fue tal que, de un involuntario tirón, solté la goma de mi pelo, haciendo que cayese en cascada alborotado sobre mis hombros.
La cara que se me queda
Sentí el rubor ardiendo en mis mejillas cuando además, añadió un comentario sobre ellos y se alzó las gafas, mostrando unos bonitos ojos azules que observaban atentamente mis dos bellezas. Noté su aliento en el pecho al estar tan cerca y mi corazón latiendo con fuerza, potenciando el efecto en mi sonrojado rostro. Sumó un comentario más sobre ello al anterior y se incorporó, sonriendo con unos dientes perlados y recolocándose las gafas.
—Yo… Emm… —murmuré en voz baja con la mirada todavía fija en él.
Estaba sin palabras, no sabía qué decir ni que pensar respecto a aquello. Me mordí el labio inferior, conteniendo un torrente de emociones. No estaba segura si se debía a su estatura, su encanto o a la enigmática presencia que desprendía, pero mi pulso estaba acelerado y mis músculos tensos.
No fue sino la aguda voz del vicealcalde la que interrumpió el cortocircuito que había ocasionado todo aquello en mi cerebro. Al escuchar lo que dijo a continuación, salí de aquel estado de trance mental. El singular y peliazul hombre era el Almirante Aoyagi.
Parpadeé repetidas veces, incrédula ante aquello. Pero sabía que era verdad, pues ahora recordaba el periódico en el que se hablaba de él y aparecía una foto. Aquello me hizo ver la situación de una manera distinta. “El almirante Aoyagi me acaba de mirar las tetas. Ni siquiera alguien con una posición como la suya puede resistirse a mis encantos. Soy increíble.”, me dije a mí misma. En mi rostro asomo una sonrisa levemente pícara. Si conseguía camelarme a aquel hombre seguro que me ayudaría a escalar rápidamente en la Marina. Y además era joven, rico, famoso, atractivo y enorme… Era: un objetivo perfecto.
Joe hizo el saludo militar, el cual imité por respeto, y después continuó presentándose a sí mismo y a la división.
—Ikirami Kuroichi. Es un placer, Almirante Tucrow. —añadí tras el comandante, pasándome los dedos por el pelo para echarlo a un lado suavemente.
Entonces Karl, en lugar de saludar o presentarse, alzó los brazos al cielo en un movimiento de bailoteo restándole importancia al asunto que nos llevaba a allí y suplicando por un poco de fiesta. No me pareció mal la idea de una fiesta con él, incluso me apetecía, pero aquel no era para nada un lugar para ello.
Atravesé un brazo por debajo del pecho sosteniendo el otro codo, y con la mano que quedaba libre me toqué la cara, desplazando el dedo índice por el labio inferior en actitud meditativa, entrecerrando ligeramente los ojos. Aquel movimiento, sutil pero meditado, hacía que mis hermosas bellezas resaltaran todavía más bajo aquella camisa desabotonada que las contenía.
Aclaraciones

![[Imagen: ESTA_SI_ESTA_NO_ESTA_SI_ESTA_NO2.png]](https://cdn.discordapp.com/attachments/1082352859032584283/1199152180037419038/ESTA_SI_ESTA_NO_ESTA_SI_ESTA_NO2.png)