24-01-2024, 07:21 PM
(Última modificación: 24-01-2024, 08:01 PM por Chloe Dendro.
Razón: Error en el nombre de la isla
)
Anochecer del día 72 - Otoño - Año 11
Pueblo Cobo, Isla Korossasu. West Blue.
Tras algo más de un mes desde que la lunarian frustró los planes de unos piratas que estaban aliados con la guardia local de la isla las cosas escalaron, los dos piratas que sobrevivieron volvieron con su tripulación para contar lo que había sucedido en el Pueblo Yasu a sus compañeros. La banda estuvo unos días preparándose y elaborando un plan para vengar a su capitán, juntaron todos los berries que pudieron y contrataron a un mercenario para que se ocupase de la asesina, y cuando todo estuvo listo para que aquel despreciable grupo pudiera hacerse con la morena cabeza de la lunarian partieron hacia la isla Korossasu de nuevo, esperando encontrarla de nuevo allí. Fue una sorpresa para el grupo que ya no estuviera en la isla para cuando llegaron, pero ya habían desembarcado, ¿Qué podían hacer? La respuesta era evidente, saquearían el pueblo ahora que su protectora alada no estaba presente.
La gente de Cobo no pudo hacer nada ante la horda de piratas que salió del bosque a la vez que el sol se ocultaba en el horizonte. A algunos los pillaron volviendo a casa tras un día de recolección de madera, a otros recogiendo sus puestos para marcharse a descansar después de una jornada de ventas, pero a todos les pasaron por encima y en cuestión de pocos minutos se hicieron con el control del pueblo, amenazando con comenzar una matanza si no colaboraban y les daban cualquier cosa de valor que tuviera; ya fuera dinero, joyas o incluso objetos valiosos que pudieran vender en otras islas, cualquier cosa les servía. Habían llegado a la isla con el único objetivo de arrasar con todo, pero mejor que rebuscar entre los escombros era que la gente les diera lo que pedían antes de matarlos de todos modos, y si alguno de los presentes decidía hacerse el héroe el mercenario que los acompañaba tenía orden de no tener piedad.
El futuro, al igual que el cielo, se tornaba cada vez más oscuro para los habitantes de la humilde isla, que entre llantos y sollozos se veían obligados a entregar todo lo que tenían, que no era mucho, a una banda de malnacidos sin escrúpulos, unos verdaderos abusones que no podrían hacer nada sin el respaldo de aquél mercenario que les daba tanta seguridad.
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