27-01-2024, 01:51 PM
Aquel hombre se desplomó delante de mí, dejando a plena vista la sala de vigilancia. Pasando por su lado, solo me separaba una simple puerta de madera del lugar que sería el cerebro de la seguridad en el hotel. -Veamos qué se cuece por aquí – murmuré mientras me volvía visible, guardaba el rifle y le echaba un vistazo rápido a la habitación. Era bastante pequeña, con tan solo una mesa, una silla y un montón de chatarra, pero que no hubiera un gran botón rojo que pusiera “desconexión de cámaras” tal y como me había imaginado, trastocaba mis planes. Encima del escritorio, también encontré un plano con las puertas de seguridad y los conductos de ventilación, o sea, mi billete de salida de este espantoso lugar. ¿La suerte me volvía a sonreír? Podía ser. Pero antes de cantar victoria, había que apagar las cámaras.
En ese momento, la voz nerviosa de Kosax sonó por el caracol, cómo no, para meternos prisa. Incluso parecía que estaba ahí, jadeando como un perro esperando su hueso. Y ¿cómo se le ocurría llamarme colegiala? Para su información, yo había sido instruida por la escuela de la vida. Estaba deseando terminar este trabajo. Me acerqué confusa a esos cachivaches como aquel que ve por primera vez una avutarda, tratando de desentrañar con la mirada su complejo funcionamiento sin éxito. - ¿Qué demonios es todo esto? No entiendo nada. Empecé a desesperarme y con razón, ya que era la primera vez en mis veinte primaveras que veía de cerca una tecnología tan avanzada como esa. Y lo más importante, ¿a quién se le ocurriría dejarme a cargo de algo así? Mis manos temblorosas se colocaron encima de aquella maquinaria desconocida para mí. ¿Debería tocar botones al azar? - Vamos, Jolyne, piensa. Son solo un puñado de cachivaches, ¿qué puede ser tan complicado?
Me negaba a pedir ayuda y que pensaran que solo era una pobre chica de campo. Tenía que valerme por mí misma como hacía en mi granja, y ahora, estaba sola contra la máquina. –Os creéis más listas que las personas, ¿eh? ¡Pues no me da la gana! Por mí os podéis ir al demonio – mascullé mientras alargaba mi cola y las golpeaba continuamente, rematando con un tiro. -Servirá, supongo – pensé mientras sacaba mi Den Den Mushi para informar. -¿Hola? ¿Se oye? Ya están apagadas – dije mientras volvía a ojear el plano de nuevo decidiendo mi huida. Me acercaría al conducto de ventilación más cercano y, deshaciendo mi forma híbrida, me dispondría a entrar.
RESUMEN
ESTADISTICAS
